27 jul. 2013

Mi tercer padre


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

El día que me propusieron escribir esta columna decidí dos cosas. Primero, rendirle tributo con su nombre a una de las canciones que más he oído en mi vida: “Construção”, de Chico Buarque. Segundo, escribirla siempre en tercera persona. Prefería hablar de experiencias colectivas y eso me ayudaría mucho.
Hoy quiero romper esa regla que me impuse a mí mismo. Hablaré en primera persona de mi tercer padre. República Dominicana me ha hecho muchos regalos en estos 13 años. Aquí por fin entendí qué significa la palabra libertad. También logré que mi hija creciera sin que nadie le dijera cómo tenía que pensar.
No sé cómo cuantificar todo lo que he logrado en esta media isla. Pero sí puedo asegurarles que nada o casi nada hubiera sido posible sin todo lo que él me ha dado. Su apoyo, sus consejos, sus regaños, sus abrazos y su cariño han sido un impulso indispensable para poder derrotar la melancolía del exilio.
Mi primer padre se llamaba Serafín. Fue guerrillero (combatió junto a Camilo Cienfuegos, de ahí mi nombre), pescador submarino, bailador de cha cha chá, lector de diarios de guerra y novio de una lista de cubanas que, 20 años después de su muerte, sigue creciendo.
Mi segundo padre se llamaba Aurelio. Me llevaron a vivir con él a los cinco años, el día en que mis padres lo dividieron todo. Fue ferroviario, campesino, ateo, lector de grandes novelas y el único novio que tuvo en su vida mi abuela Atlántida. Nadie influyó más en mí que él.
Mi tercer padre se llama Freddy. Ha sido tantas cosas que no puedo describirlas. Cuando en Casa de las Américas me dijeron que asistiría a la Feria del Libro de Santo Domingo, alguien me advirtió que lo primero que tenía que hacer cuando llegara era preguntar por Freddy Ginebra.
Una vez que lo tuve delante y traté de presentarme, me dijo que ya conocía a demasiada gente de mi país, que en su corazón no había espacio ni para uno más. Esa misma noche me presentó como “el más chiquito de sus hijos cubanos”. En el aeropuerto, al final del último abrazo, me hizo una pregunta.
—¿No te gustaría vivir en mi media isla?
Unos meses después, cuando por fin logré que dejaran salir a mi madre de Cuba, Freddy me abrió las puertas de su reino. Todavía, más de una década después, me resisto a vivir en la República Dominicana real. Sigo prefiriendo el país de Freddy, donde la peor de las noticias se da con una sonrisa.
Hablo de un lugar donde la gente se abraza y se quiere sin ninguna razón aparente. Por mal que vayan las cosas, siempre hay un motivo para celebrar. El éxito más pequeño se festeja por todo lo alto y, como en la tribu africana de Isak Dinesen, la vida solo se vive en el presente.
A Freddy Ginebra le debo tantas cosas que la vergüenza no me permite enumerarlas. Ha estado ahí siempre, en los momentos más felices y en los más desagradables. Nada ni nadie ha impedido que yo hunda mi cabeza en su pecho enorme cada vez que necesito el abrazo de un padre.
Hace poco más de dos años logró traerme un hermano. Cuando estoy con Freddy y Alejandro Aguilar, disfruto algo que nunca antes había tenido. Soy hijo único, desconocía esa parte de los lazos filiales. Luego fue el principal testigo del hallazgo de Diana, donde también encontré un cuarto padre, don Jorge Sarlabous, tan cubano como el primero y el segundo.
Estilos me hizo el enorme regalo de poder compartir esta página con mi padre dominicano. Cada vez que escribo algo, lo hago para que él me lea. A veces no me contengo y digo cosas que sé que no le gustarán. Corro ese riesgo porque luego encontrará la manera más cariñosa de decírmelo.
“Yo no lo diría, pero sé que tú no podrías dejar de decirlo”, fue su más reciente jalón de orejas. Gracias, Freduco, por no pedirme que me calle, pero, sobre todo, por enseñarme a vivir todos los días del mundo como si siempre fuera sábado.

9 comentarios:

Isabel Read de González dijo...

Buenos días!
Acostumbrara leer la revista "Estilos" sólo cuando aparecía el artículo de Freddy Ginebra, y empezando a leerla de atrás para adelante. Hace poco la leo todos los sábados, desde que usted también escribe.
Un sábado Freddy, al siguiente Camilo, me hacen partícipe de sus sentimientos, sus experiencias, y me obligan a fijarme en esas cosas cotidianas y maravillosas que a veces paso por alto por culpa de una vida muy apurada.
Gracias! Los quiero mucho...

Mayra López dijo...

Felicidades por ese articulo dedicado a Freddy. Uno no hubiese querido que al leerlo tuviera un final!! Soy una cubana que resido aqui hace 27 años con tres hijos dominicanos que comen "frijoles negros" , "vaca frita" y asisten a misa el 8 de Sept a celebrar el dia de nuestra Virgen "Cachita". ... Porque aun lejos de nuestra tierra las raices no dejan de crecer. Lo felicito de corazon por su articulo. Mi esposo conoce a Freddy y si algun dia desean comerse unos ricos frijoles pues con gusto lo hacemos en mi casa! Un abrazo de cubana a cubano.

José Mármol dijo...

La gratitud es un don escaso en este mundo. Felicidades por tu reconocimiento a Freddy Ginebra en Estilos.

Amir Valle dijo...

Querido Camilo:
este escrito, aún más, habla del gran hombre que eres, especialmente cuando vivimos en un mundo donde la gente quiere mostrarse como si naciera y creciera sola, como las malas yerbas.
Es un hermoso y merecido homenaje al que sumo mi abrazo, para ti y para ese grande que es Freddy Ginebra. Me bastó conocerlo en Santo Domingo justo en esa Feria en la que tú y yo coincidimos, y luego en dos encuentros en Cuba, para saber que este jodido mundo necesitaría más seres humanos como Freddy.

Belkis Cuza Malé dijo...

Muy hermoso y sincero. Vale.
Bendiciones,

Gustavo Luis Moré dijo...

Lo lei esta mañana, MUY bello texto, fascinante homenaje a semejante cronopio.

Ito Nin dijo...

Magnífico escrito!! Hermosa historia familiar desde sus raíces!! Que sigan las vivencias!! ...y a contarlas!! Abrazos ♫

Ainelid Taveras dijo...

Ternura y .grandeza de espíritu.

Mario Rivadulla dijo...

Muy hermoso, Camilo. Un abrazo grande,