11 jul. 2013

El último ómnibus Menéndez


Estaba tan destartalado como el autobús perdido de John Steinbeck. Solo que no viajaba entre Rebel Corners y San Juan de la Cruz, en California; sino entre Cienfuegos y San Fernando de Camarones, un desaparecido municipio de la antigua provincia de Las Villas.
De niño, yo padecía de la garganta y, cada dos o tres semanas, mi abuela Atlántida tenía que salir corriendo conmigo para el Policlínico. Nos levantábamos a las cinco de la mañana para poder alcanzar un turno. A lo lejos se oían los rugidos de la guagua.
—¿Otra vez ese niño tiene fiebre? —Preguntaba con desconcierto Yuyo Serralvo, que trabajaba en el Ingenio Hormiguero por el día, era sereno por las noches y en sus pocos ratos libres fungía como delegado del Poder Popular—. ¡Van a tener que llevárselo para La Habana!
El interior de la guagua siempre olía terrible. La mezcla del humo del motor y el del tabaco del chofer obligaba a mi abuela a entreabrir la ventanilla. El frío cortante de la madrugada me hacía temblar, pero era la única manera de evitar que vomitara.
—Si hubieras conocido a esta guagua cuando era un Ómnibus Menéndez —me decía entonces mi abuela—. Estaban limpiecitas y olían riquísimo.
Estuvo cubriendo la ruta de San Fernando hasta finales de la década del setenta. Llegó a estar tan despintada, que sus antiguos carteles resurgieron. “Cienfuegos = Habana”, volvió a decir en el sitio donde habían puesto “Ministerio de Transporte”. Un día pasó a remolque, enganchada de una grúa como si fuera un pez atrapado por un anzuelo.
No volvimos a verla. Una pequeña guagua Girón V fue puesta en su lugar. Aunque mi abuela la recordaba límpida y olorosa, por mi infancia siempre pasó tan destartalada como el autobús perdido de John Steinbeck. Sus rugidos empujaban al amanecer cada vez que yo me enfermaba de la garganta.

5 comentarios:

Lucero dijo...

Esto es un poema en prosa y quien no recuerda la viejas Canberras. Hermoso recuerdo, Camilo, gracias por tu sensibilidad.

Anónimo dijo...

(...) y ahora solo queda un "camello" que cubre el trayecto entre San Fernando de Camarones y el Paradero, es mejor caminar que montarse en ese horror, el polvo entra y se confunde con la luz, no es nada bonito, es triste. Dos o tres máquinas hacen el recorrido, la gente en la esquina del bar del Paradero esperan "que algo pase" un pueblo tan bonito ha quedado en el olvido. A donde irán a parar cada uno de los pequeños pueblos de la isla.

Anónimo dijo...

Coño Camilo:
Me acuerdo de esa guagua,me acuerdo cuando mi abuelo y yo montabamos en ella para ir de Hormiguero a Palmira. Madre mia,cuantos recuerdos me trae a la mente, aquellos años. Siempre venia doblando la esquina y se parqueaba en el Katiuska de Palmira a recoger pasajeros, olia a todo. Falcon

Carlos Alberto Montaner dijo...

Esas notas nostálgicas te quedan cojonudas. Un abrazo,

Anónimo dijo...

UNA JOYITA, COMPADRE.