7 jun. 2013

El más grande sueño hotelero de Héctor Concari


Hay varias maneras de presentar a Héctor Concari. Una, es geográfica: se trata de un uruguayo que vivió muchos años en Venezuela, antes de mudarse a Santo Domingo. La otra, literaria: ha tenido que escribir las novelas y los cuentos que no encontró en sus libreros ni en las pantallas de los cines.
Pero si nos ceñimos a lo estrictamente laboral, hablo del country manager de la cadena Hilton en República Dominicana. Un tipo que disfruta muchísimo su oficio desde que empezó a entender los hoteles como un escenario y a los huéspedes como actores de una película interminable, que todos los días cambia de guión.
Conocí a Concari por Alejandro Aguilar, quien me presentó ante los Búfalos, una “secta secreta” que se reúne cada 15 días para compartir libros, ideas y destilados. En nuestro último encuentro, que estuvo signado por Julio Cortázar y el jazz, hizo una declaración. Cuando ya habíamos avanzado más allá del segundo whisky a las rocas, Héctor confesó cuál era su más grande sueño hotelero.
—Sueño con ser el manager del Habana Hilton —dijo poniendo una cara parecida a la de Harry el Sucio—. Un viernes en la tarde, después de terminar la jornada, me iría al bar del hotel. Pediría un trago del mejor ron cubano y encendería un habano. Luego, llamaría al meitre para hacerle una única pregunta: ¿A qué hora empiezan a tocar Chucho, Arturo y Paquito?
Anoche hice que Héctor contara su sueño varias veces. En cada nueva versión, él le ponía más dramatismo a la historia. Como si de verdad estuviéramos en el Habana Hilton y, con la luz a medio tono, esperáramos que Chucho, Arturo y Paquito comenzaran a tocar.
Al final de su sueño pensé en uno mío. Me imaginé subiendo por la Rampa, en dirección a un cartel lumínico que ya no necesitaba la palabra Libre, porque sería una redundancia. Iba con mucha prisa, pues Héctor Concari y el resto de los Búfalos me esperaban en el bar del hotel. Anochecía. La Habana se veía más esperanzada que nunca.

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