11 abr. 2013

Cuando los gordos hacen huelga de hambre


En Clandestinos (Fernando Pérez, 1988), una de las películas cubanas que prefiero, hay un momento que me gusta mucho. Es casi al principio. Decenas de jóvenes revolucionarios, que permanecen presos en una cárcel de la dictadura de Fulgencio, deciden declararse en huelga de hambre.
Uno de ellos, que es gordo y fue interpretado por Amado del Pino, se está dando una ducha cuando se toma la decisión. Con la cabeza aún enjabonada, mira a la cámara y levanta su dedo índice: “Oye, no, huelga de hambre no, mejor suicidio”, dice.
Luego, cuando los que fueron seleccionados para hacer la huelga son trasladados con sus colchonetas para otro pabellón, el gordo trata de colarse. El líder del grupo (Luis Alberto García) lo persuade y le dice que no podrá resistir: “Mira, tengo esto pa’ aguantar —responde el Gordo y le enseña su enorme barriga—; tengo más que tú”.
Un corte mete al espectador en la noche oscura de la galera. Todos están acostados y hambrientos. El Gordo trata de bromear con sus compañeros y acaba pronunciando uno de los parlamentos más deliciosos de la historia del cine cubano:
—Pino, Pinito, ¿qué tú haces ahora, mi hermano, si se aparece la vieja por ahí con un platico o dos… es más, con un cubo de potaje? —Dice saboreándose— Un potajito con huesito, rico. Mamita, tírame un cubo de potaje, pa’ que alcance pa’ todos. Pa’ embarrarnos, así, la boquita. ¿Ustedes no se embarran cuando comen? ¡Ah, el que no se embarra no goza!
—Gordo, cállate, por tu madre —le dice un compañero.
—¡Qué rico es embarrarse, compadre! —Sigue el Gordo—. Yo desde chiquito me embarro hasta la frente. Yo si que soy un comelón, comelón y como y sigo comiendo.
—¡Gordo, no jodas más, coño!
—¡Yo jodo y como! —Insiste— ¡Aquí al principio yo soñaba con mujeres, pero ahora sueño con tamales…!
Primero le tiran un zapato. Luego, el líder del grupo va y amenaza con matarlo si sigue hablando de comida. A Ángel Santiesteban le encanta esa escena. Delante de mí, en aquellas interminables noches de licores y habanas, la recreó infinidad de veces.
Entonces, a ninguno de los dos nos pasaba por la cabeza que un día, en las mazmorras de  la dictadura de Fidel y Raúl, él también se declararía en huelga de hambre. Esta noche Angelito, con toda seguridad, va a recordar la escena del cubo de frijoles.

5 comentarios:

Lilo Vilaplana dijo...

Que hermoso artículo, pero cuanto dolor al leerlo. Al imaginarme al amigo Ángel, al artista Santiesteban en esta situación, por el hambre de poder, de una dictadura asesina y obsoleta. Que dolor de patria. Uno de los mejores escritores de nuestra generación esta en huelga de hambre encerrado en una mazmorra de los Castro por pensar distinto. Le he enviado este artículo a mi amigo Amadito del Pino. Los protagonistas de tu articulo son dos amigos que quiero mucho y están involucrados en la huelga, Amadito en la ficción y Angel Santiesteban en la dura realidad.

Escombros Hablaneros dijo...

Mi hermano se me han aguado los ojos con tu artículo. Tengo lindos recuerdos de los dos, con Amado y Elena Burke me tomé la última botella de ron, días antes de salir definitivamente de Cuba, y con Angelito, recuerdo las noches de tertulias en Guanabacoa. Por cosas como estas que están con Santisteban y con Zurbano, es que me siento cada día menos cubano.

Amado del Pino dijo...

A mi también me gustan los cuentos de Ángel. Y nunca negaré mi amistad con él. Más allá de cualquier otro asunto, discrepancia u opinión él lo sabe y yo también. Me alegra que Camilo V. recuerde estas escenas y que Angelito haya estado en "Cuatro Menos", una obra mía que gustó mucho en La Habana y a la que Camilo no llegó pero sé que mucho le habría agradado verla y conversar a partir de las ideas en juego. La crónica de AS sobre "Cuatro.." es seria y apasionada a la vez. En mis textos teatrales es precisamente donde doy casi todas mis opiniones..lo cual no quiere decir que esté negado al diálogo ahora como mi personaje a la huelga de hambre.

Uva de Aragón dijo...

Este post y el anterior son dos textos conmovedores. Gracias.

El Jose dijo...

Delicioso, triste y real! Mis respetos fogonero, tu tren si va para algun buen destino