2 feb. 2013

La libélula de Ana Rosario


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

El día que mi hija decidió tatuarse una libélula, la cabeza se me llenó de contradicciones. Aunque seguía admirando a los héroes tatuados de Joseph Conrad y la calavera en la mano de mi trovador favorito, no había podido deshacerme de los prejuicios.
Al final elegí el peor de los peros: le dije que tendría problemas en la escuela. En su defensa, citó muchas de las canciones que le hice oír desde niña. Afortunadamente, ya otros habían librado esa lucha en su colegio y se permitían melenas, tatuajes y barbas.
Hace unos días, a Lorenzo lo sacaron del aula porque el largo de su cabello iba más allá de lo “decente”, esa línea imaginaria que trazan a nuestro alrededor y de la que no debemos salirnos. Ese suceso, me recordó una mancha que tenía en mi expediente:
“El alumno tiene excelentes resultados académicos, pero siempre anda despeinado y nunca se abrocha el último botón de la camisa”, decía en letras rojas, encima de la firma del director y el sello de la escuela. Si hubieran señalado falta de personalidad habrían acertado, porque llevaba el cabello como Cat Stevens y las camisas como Silvio Rodríguez.
A Lorenzo le pasa algo parecido, él también tiene sus propios paradigmas, a los que quiere parecerse antes de acabar siendo él mismo. Pero no deja de ser un grave error impedir que trate de parecerse a John Mayer, porque acabará semejándose a mucha gente que no admira y en los que no cree.
Hace unos días me sentí agradecido de María Amalia León por una frase: “La sociedad actual nos distrae y acabamos persiguiendo valores que realmente no lo son. Esa confusión nos crea necesidades que en verdad no tenemos”. Los valores, la ética, las convicciones no se ven ni se presumen, tampoco se compran en una tienda o se exhiben en un restaurante.
En diciembre mi hija volvió al país de vacaciones. Hubo dos cosas que disfruté mucho de ella. La primera fue descubrir el ser multicultural que contribuí a formar. Ni es habanera, ni es dominicana, ni es madrileña; sino muchísimas cosas más. Esos tres lugares solo le prestaron un acento para que se exprese y sea lo que quiere ser.
La segunda fue el reencuentro con sus viejos amigos. Los había dejado de ver cuando todavía eran adolescentes. Han crecido muchísimo, en el tamaño y en las ideas. Ahora también cargan con las responsabilidades, los retos y las frustraciones de la sociedad en la que viven.
Curiosamente, los más maduros son los que eran más rebeldes. El primero que se hizo el tatuaje, la que decidió enfrentar con valentía su verdadera sexualidad, el de la barba profusa y el de los jeans deshechos tienen muchísimas inquietudes y están decididos a participar en el futuro de su país.
Es cierto que su apariencia no se acerca a eso que nos hicieron ver como la imagen de la “decencia”. Sus formas a veces no son políticamente correctas. Sus frases no siempre se podrían publicar. Pero sus intenciones son las mejores y lo que quieren para ellos parecen dispuestos a compartirlo.
Ya está visto que tipos impecablemente vestidos, con un discurso plagado de frases inteligentes y esperanzadoras, pueden robarse el futuro de un país entero. Quizás ya es hora de creer en los verdaderos valores y no en el valor de las apariencias.
A lo mejor ya es tiempo de que dejemos de presumir y comencemos a asumir. Cada vez se hace más tarde.

8 comentarios:

Osdaldo Rondón dijo...

Siempre abro tus correos-blog y los leo, y siempre me quedo con la misma necesidad de ver la foto de cabecera, esa que entre nosotros nunca se abre por razones mas que obvias. Me pregunto si no habrá medio tecnológico para que los desconectados podamos disfrutarlas junto al texto del blog, como es justo.
Nada, era solo esto.
Abrazos.

Alejandro F. Aguilar (http://twitter.com/ alejo582003) dijo...

Evidentemente mi comentario no subio. Parece que lo rechazaron por llevar pelo largo y sandalias sin medias! :-) Decia que como siempre, tu post estaba cojonudo! Que me hizo revivir aquellos tiempos de adolescencia y primera juventud que fueron tan duros en aquella Cuba; en los que debí sufrir que brigadas de civil me trasquilaran a la fuerza en plena calle, que un director de preuniversitario me rasgara las piernas de un jean por demasiado ajustado; y hasta que me enviaran a una escuela militar "para que te hagas un hombre nuevo como dice el Che". Pero tus palabras de hoy son esenciales. Seguramente esta sociedad daría un salto de lustros hacia su presente, ganando en levedad y madurez, se haría de una vez mas justa y eficiente sin esos lastres ridículos.

Amanda Yero Bravo dijo...

Que lindooooo...diossss sin palabrassssss

Monica Fermin dijo...

Excelente!

Eliu Almonte dijo...

que lindo texto, me acuerdo de Camilo cuando visito la isla por primera vez , al ser invitado al Festival de arte ALTERNATIVO CALIDO INVIERNO de Puerto Plata, cuando regreso fue para quedarse, me alegra que nuestro pais, lo haga pensar asi, con menos prejuicios, en hora buena, feliz domingo para ambos.

Anónimo dijo...

Eres un amor, tan lindooooo...

Leticia Cabrales Morales dijo...

me encanta, Camilo, y así es... Besos

Bernie Miranda dijo...

El escrito esta fantástico, el comentario que hice no salió. Los dos últimos renglones del último párrafo es una auto definición de tu mismo.
Saludos, los queremos muchísimo a los dos.