13 feb. 2013

Fidel y Balaguer


Los dos últimos caudillos del Caribe tenían muchas cosas en común, quizás por eso se profesaron una mutua y silenciosa admiración. Se dice, incluso, que ambos mantenían en sus respectivos gobiernos un personero que se ocupaba de establecer los contactos.
Joaquín Balaguer se definió a sí mismo como “un cortesano en la era de Trujillo”. Se las arregló para mantenerse vigente en la vida política de República Dominicana hasta su último aliento. Por tal de asegurar el poder, los dos partidos mayoritarios del país siempre tuvieron que ir hasta su casa de la Máximo Gómez para “amarrar la chiva”.
Fidel Castro se hizo cargo (y se cargó) la segunda mitad del siglo XX cubano. Su revolución tuvo varios disfraces (primero nacionalista, luego marxista y al final martiana), pero nunca fue otra cosa que un inviable disparate unipersonal que quebró todos y cada uno de los huesos de la nación.
En su primer viaje oficial a Santo Domingo, lo primero que hizo Fidel fue visitar a Balaguer en su casa. Llama la atención que, un hombre tan cuidadoso con los símbolos, estrechara la mano de Joaquín (así le llamó más de una vez) antes que la de Juan Bosch o la de Francisco Peña Gómez.
La últimas imágenes de ese naufragio en el que se ha convertido Fidel Castro, me recordaron mucho al Joaquín Balaguer que alcancé a conocer cuando llegué a República Dominicana. Aunque ya estaba ciego, usaba pañales y apenas podía levantarse, todo candidato a lo que sea y del partido que fuera se apresuraba a retratarse con él.
En la prensa se publicaron fotos realmente patéticas, donde Balaguer llevaba los pantalones casi a la altura del cuello, sin poder mirar a ninguna parte, conteniendo a duras penas el hilo de baba. Doblado hasta la altura de un pionero de 7 años, Fidel Castro no pudo disimular su avanzada senilidad ni siquiera en la transcripción taquigráfica del Consejo de Estado.
Fidel y Balaguer tenían una última cosa en común. A ninguno de los dos le interesó nunca asegurar una fortuna personal. Ambos llevaron un modo de vida austero, sobre todo si se compara con todos los recursos que manejaron durante tanto tiempo. Más que el dinero, les interesaba el poder en su estado más absoluto.
Nadie fue capaz de quitárselo nunca. Solo la naturaleza pudo con ellos.

3 comentarios:

Mario Rivadulla dijo...

Querido Camilo: Cuando hace bastante tiempo le comenté a amigos cubanos que nunca había conocido dos personajes más afines que Balaguer y Fidel pensaron que yo estaba desvariando. Lo cierto es que los unió el mismo cordón umbilical que tú señalas: la obsesión del poder. Por eso se llevaban tan bien.
En lo que no estoy de acuerdo es en la austeridad. Balaguer lo era hasta un grado de tacañería.
En cambio, a Fidel no le ha preocupado hacer fortuna porque la ha tenido toda en su mano y la ha
usufructuado. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Bordadito te quedó eso, Asere.

MARCIAL dijo...

TIQUITI!!!! EXCELENTE!!!!!!