29 jun. 2012

La casa de Alicia en un pueblo sin maravillas

 
En esa casa vivía mi tía Alicia Gallart. Está en la calle Oriente, en Manicaragua, un pueblo que fuer perdiendo cada una de sus maravillas. Alicia era sobrina de mi abuela Atlántida, pero sus hijas Alla, Mermo y Milvia son como hermanas para mi madre. Esa fue la razón por la que Dalgis y Milvis se convirtieron en primas primeras.
Ese portal vacío está lleno de recuerdos fijos, de esos que te vienen a la cabeza sin pedir permiso, el día menos pensado. Allí los adolescentes que fuimos encontramos el espacio ideal para tratar de explicarnos el mundo (en aquel entonces no tenía muro ni puerta).
Estaba tan desolado que no me atreví a entrar. Para poder hacerlo necesitaba la compañía de Dalgis, Osbel, Fernandito, Belkis y Gustavito. Si ellos, todo eso no es más que una preciosa casa en ruinas. Tampoco tenía sentido pasar si adentro no me esperaba Alicia, con su abrazo de lleno de palabras cariñosas, colonia y talco.
Hablo de la época en que un cubano acababa de llegar al cosmos. Lo poco que sabíamos del mundo exterior, lo decían las canciones que bailábamos en el Dancing Light Baikonur. Manicaragua era un pueblo perdido en una esquina de un sistema montañoso. Para nosotros, en cambio, era el centro del universo.
Cuando uno empieza a envejecer, logra muchas de las cosas con las que soñaba de adolescente. Pero entonces cae en cuenta de que no puede compartirlas con los que provocaron ese anhelo. Parado frente a esa casa, con el peso de su silencio encima, esa frustración se me hizo mucho, muchísimo más grande.

28 jun. 2012

Aclaración No. 2

La publicación en El Fogonero del post Créeme, Vicente Feliú, cuando te digo que son unos fascistas, ha provocado muchas reacciones. La inmensa mayoría de ellas son de asombro. A nadie en su sano juicio le cabe en la cabeza que un artista inste a un gobierno a censurar y reprimir. 
Aunque los comentarios en este blog no se moderan, una tal Tamara Bunker (¿les suena?) no ha parado de enviarme emails con insultos y amenazas. Siempre empieza conminándome a retirar el post y acaba por mencionar a mi madre, después de asegurar que Vicente Feliú es más hombre que yo.
Lo primero no sucederá jamás. No suelo suprimir ningún post y bajo amenazas, menos que menos. Respecto a mi madre, solo lamento que la tal Tamara (¿será prima de Yohandry?) no la conozca. Es una cubana preciosa que hace los mejores frijoles negros del mundo. La felicidad que le procuro está fuera del alcance de cualquier cobardía.
Por último, creo que Vicente Feliú, en lugar de empecinarse en ser más hombre que nadie, debería concentrarse en tratar de ser mejor trovador que alguien. En mi caso particular, estoy dispuesto a darle mucha ventaja. Tanta, que en un mes cumplo 45 años y aún no sé cómo se toca una guitarra.

José Luis Rodríguez

 
Se convirtió en el jefe de estación del Paradero de Camarones después que mi abuelo se jubiló. Es el padre de Alexis (uno de mis mejores amigos de la infancia. Fuimos inseparables por años). Todas esas canas le salieron un mismo día, cuando el oculista le dijo que ya no podía seguir trabajando en las operaciones ferroviarias.
Lloraba como un niño mientras recogía sus pertenencias: uno manojo de lápices afiladísimos, una poderosa linterna de seis pilas y una regla con el borde de acero (que había sido de su padre, un gallego que también perdió su puesto de jefe de estación en el Machadato, cuando dejaron cesantes a todos los extranjeros).
José Luis me enseñó a despachar bultos por el expreso, a conciliar el boletinero después que pasaba el mixto de Cumanayagua y a dar las vías con arco (lo cual tenía que hacer a escondidas de mi abuela Atlántida, porque los trenes pasaban a mucha velocidad y las locomotoras soviéticas eran muy altas).
Lo encontré en el mismo lugar que lo dejé, a unas pulgadas del televisor (sus problemas de la vista han empeorado), viendo alguna película, la que sea. Mientras hablábamos se oyó el pitazo de una locomotora. No me volvió a hacer caso hasta que cesó el ruido.
Desde su casa no se ve la línea, por eso tiene que intuir lo que pasa leyendo el sonido de los hierros. Aunque hace más de veinte años que se jubiló, la razón de su existencia sigue siendo el ferrocarril. Cuando no tiene un tren delante, lo recuerda o se lo imagina.
No es que quiera irse a ninguna parte, es que necesita decirle adiós a algo. 

27 jun. 2012

Nota informativa

 
En estos momentos trabajamos en la edición del libro La vuelta a Cuba, donde se recogen las crónicas del viaje de regreso a la Isla en septiembre de 2011. Algunos apuntes o fotos hechos entonces, han provocado nuevos textos. Como no quiero publicar nada que no esté en el blog, los estoy intercalando entre los nuevos post.
El mayor valor que tendrá el libro impreso será las ilustraciones del artista cubano Ángel Urrely. Su relectura de nuestro viaje ha generado una nueva (re)visión de lo que Diana Sarlabous y yo vimos y vivimos. El proceso creativo con Ángel me ha obligado a revalorizar cosas que antes había descartado.
En la introducción del libro se hace una advertencia que me gustaría repetir aquí. Durante los 16 días que permanecimos allí, no intentamos conocer ni entender la Cuba actual. Las experiencias que tuvimos sucedieron dentro de la ruta que nos habíamos trazado: los amigos más entrañables que quedan en La Habana y los familiares que aún viven en Las Villas y Oriente.
La vuelta a Cuba será el fruto de esos encuentros y de varios cotejos: nostalgia y presente, pasado y realidad, literatura y olvido.

26 jun. 2012

La cueva del Agua

 
Si se abre esa puerta y se sigue ese camino, se llega a la cueva del Agua. Está justo en el vientre de aquel farallón. Cada vez que ganábamos la emulación socialista en la escuela de El Nicho, nos llevaban hasta allí en fila india, de menor a mayor.
Reinaldo, el profesor de Educación Laboral, tenía un tocadiscos portátil y de pilas. Aquel artefacto soviético, con forma de neceser, provocaba la admiración de todos por su avanzada tecnología. Estábamos en 1978, el año del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.
Tres LPs (la Ritmo Oriental, el Conjunto Rumbavana y la Pequeña Compañía) y algunos discos de 45 rpm (Lolita, Mocedades y Las Grecas) sonaban una y otra vez entre estalactitas y estalagmitas.
El frío de la tarde del Escambray se multiplicaba por dos con el agua del manantial. Pero eso no lograban detenernos. Pálidos y temblorosos, nos lanzábamos de cabeza contra aquel pozo helado, mientras las voz de Ricardito pedía a gritos que prendieran el mechón.
Algunos campesinos decían que allí vivía un güije. Otros ni se acercaban por miedo a una madre de agua que, según ellos, ya se había tragado a más de uno. Nosotros, en cambio, permanecíamos allí hasta el oscurecer. Éramos pinos nuevos, gérmenes de marxistas con la incredulidad elevada a la enésima potencia.
No me atreví a abrir la puerta. Dice Sabina que no se debe volver a los lugares donde se fue feliz. No podría decir si eso que fuimos allí puede homologarse con la felicidad. Tampoco quiero averiguarlo. Por eso bajé el vidrio, saqué la mitad del cuerpo y apreté el obturador. 
Siempre miré a través de la cámara. Me negué a ver con mis propios ojos lo que no quiero recordar de otra manera. Como en el iPod no llevábamos ninguna de aquellas canciones, le dije a Diana que prefería el silencio. 

25 jun. 2012

¿Por qué Cuba le teme a Internet?

 
Todo empezó con un comentario de Vicente Feliú en Cubadebate, un órgano oficialista del régimen cubano que suscribe las más deleznables patrañas. A tono con eso, Feliú exigía en su comentario que se privara de todo acceso a Internet a los jóvenes que disientan de la dictadura.
En Madrid, en la redacción de Diario de Cuba, advirtieron el comentario de Vicente y publicaron una breve nota donde se recogían otras opiniones no menos rabiosas, todas de colaboradores “voluntarios” de Cubadebate. Al leer ese texto, desde Santo Domingo, me animé a escribir un post para El Fogonero.
Apenas unos minutos después de haberlo subido. Un comentario anónimo me instaba a retirar la foto con la que yo ilustraba mi texto, la cual había sacado de un sitio cubano que reproduce contenidos de cualquier fuente y sin el más mínimo pudor respecto a derechos de autor.
Eso me hizo suponer que la imagen del trovador disparando con una guitarra, como si fuera una ametralladora, era libre. No me gusta publicar nada en El Fogonero sin algo que lo ilustre. Para no verme envuelto de nuevo en un engorroso reclamo, le envié un mensaje a Alen Lauzán, a Santiago de Chile, a través de Twitter.
–Asere, ¿me puedes hacer una pequeña ilustración para mi nuevo post sobre Vicente Feliú? Es que el tipo me mandó a quitar su foto. ¡Sería genial! –Le puse.
–Te mandé un dibujo a Facebook!!! –respondió Lauzán apenas 23 minutos después.
El sábado en la mañana, en Belascoain y Neptuno, el blog que Alexis Romain hace desde New York, se reutilizaba la ilustración de Lauzán con la intención de llevar a cabo un experimento, “crear un trending topic usando el más improbable de los hashtags: “#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga…”
Alexis logró su objetivo con creces. Decenas de cubanos de todas partes, con libre acceso a Internet, comenzaron a colgar sus propios tweets y a marcar como favoritos o retuitear los de otros:
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que Cuba Libre no es solo un coctel; es más aún: un anhelo”.
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que las brigadas de respuesta rápida me espantan”.
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que el único cable de fibra óptica es el que se han comido los #cubanos por medio siglo”.
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que en cada cuadra alguien se quiere ir del país”.
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que en el mar de las Antillas anda un barco de papel. ¡Suerte, balseros!”
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que el Síndrome de La Habana es el Síndrome de Estocolmo con maraca y bongó”.
“#Cuba | #VicenteFeliú: Créeme cuando te diga que más vale pájaro en mano que moringa en boca del orate”.
Mientras eso sucedía en la cuenta de Alexis Romay en Twitter, en el post de El Fogonero en Facebook, alguien puso el link de una nueva nota en la que Cubadebate advertía del proceso de “derechización” que sufrían Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina. Como prueba, presentaban el concierto de los cantautores en Tel Aviv. Casi inmediatamente después, Alen Lauzán respondió con una nueva edición del periódico Guamá.
Ya se han producido nuevos contenidos en todos los “frentes” que aquí he mencionado. Cada vez más cubanos, desde muchas partes del mundo, se suman a todos los diálogos abiertos. Recuerden que el punto de partida fue un comentario fascistoide de Vicente Feliú, hecho al margen de un absolutismo.
Queda muy claro por qué el régimen cubano le teme tanto a Internet. En las redes sociales se oyen todas las voces y cada una de ella tiene el mismo peso. Tratar de controlar eso, es más difícil que atrapar una bala feroz en medio de un combate, a mano limpia.

Resumen de noticias

 
Cuando advertimos que el viaje estaba a punto de acabarse, también caímos en cuenta de que estábamos totalmente desinformados del mundo exterior. No nos habíamos conectado en Internet durante dos semanas. Las únicas noticias a las que habíamos tenido acceso estaban en el baúl del carro. Allí se habían acumulado varias ediciones del Granma.
Los diarios tenían el mismo desorden que un juego de cartas cuando se baraja lo suficiente antes de ser repartido sobre una mesa. Todos estos titulares fueron copiados allí mismo, para no tener que cargar con los periódicos. Algunos tenían apuntes hechos por Diana o por mí que se perdieron.
Solo recuerdo uno. Justo en la portada de la edición del sábado 17, el día que llegamos, escribí una frase de Jean Paul Sartre: “Vale más no perder una hora en 1960 que vivir en 1970”. La caligrafía cubría todo el trecho que hay entre la G del machón y el puño en alto de Raúl Castro.
Estos titulares, sin proponérselo, están en capacidad de responder la imperiosa advertencia del filósofo francés. 50 años después de haber sido escrita, deja un vacío existencial que también merece una primera plana. Tanto tiempo perdido es quizás el más trágico acto criminal que se haya cometido en Cuba.

17 de septiembre
“Llegará mañana a Cuba Presidente boliviano Evo Morales”
“Sesiona Pleno del Consejo Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba”
“Unesco: 793 millones de analfabetos en el mundo”
“Nuevos espacios para el cine africano y caribeño”

19 de septiembre
“Constata Raúl avances en los trabajos de construcción del puerto de Mariel”
“Entrevista a Evo Morales, hoy en la Mesa Redonda”
“Instan a incrementar siembra de granos en Valle de Caujerí”
“Indignados protestan en Wall Street”

20 de septiembre
“Recibe Raúl a Evo Morales”
“Piden acción ante nuevo castigo contra antiterrorista cubano”
“París: dura represión policial contra la marcha de indignados a Bruselas”
“Hoy, Mesa Redonda Internacional y entrevista a Danny Glover”

21 de septiembre
“Para que se conozca la verdad de René González Sehwerert y se haga justicia”
“UNICEF confirma que Cuba es el único país de América Latina sin desnutrición infantil”
“Obama propone tocar la cartera de los ricos”

22 de septiembre
“Hostilidad de EE.UU. afecta las telecomunicaciones en Cuba”
“Podemos ganar y vamos a hacerlo”
“Europa admite trato inhumano a inmigrantes”
“Universidad Central honra a Retamar”

23 de septiembre
“Regresó Chávez a Venezuela después de casi cinco horas de conversación con Fidel y Raúl”
“Expertos en finanzas denuncian persecución de la OFAC a Cuba”
“Esta noche guardia pioneril”
“Para el Mundial y los Panamericanos: El equipo Cuba ya está listo”

26 de septiembre
“Reflexiones del compañero Fidel: Chávez, Evo y Obama”
“Premio del Barrio para Complejo Escultórico Ernesto Guevara”
“Mesa Redonda: Hoy, la hora de Palestina”
“Más alumnos espirituanos en Enseñanza Técnica y Profesional”

28 de septiembre
“Editorial: Nueva injusticia de los Estados Unidos contra los Cinco Héroes”
“Mesa Redonda: Esta tarde, el mundo a mitad de semana”

29 de septiembre
“El pueblo de Cuba reclama se ponga fin a la injusticia”
“Reflexiones del compañero Fidel: La vergüenza supervisada de Obama”
“Publican normativas para la compraventa y donación de vehículos de motor”

30 de septiembre
“¿Por qué el Gobierno de Estados Unidos se niega a entregar las imágenes satelitales del 24 de febrero de 1996? ¿Por qué los medios de comunicación norteamericanos hacen silencio ante un hecho tan escandaloso”
“El Gobierno cubano reitera sus disposición e interés en avanzar hacia la normalización de relaciones con los Estados Unidos. Reiteró hoy la propuesta de iniciar un diálogo dirigido a la solución de los problemas bilaterales, incluidos los asuntos humanitarios, igual que la oferta de negociar acuerdos de cooperación contra el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de personas, los desastres naturales y la protección del medio ambiente, incluso frente a los derrames de petróleo como el ocurrido en la plataforma de la British Petroleum, en el Golfo de México”
“Discurso del canciller Bruno Rodríguez ante la Asamblea General de la ONU…”
“Sobre la compraventa y donación de vehículos de motor”
“Caravaggio en Cuba”

1 de octubre
“Otra escandalosa situación en el juicio contra los Cinco. La petición de emergencia presentada por la Fiscalía ante la Corte de Apelaciones de Atlanta”
“La universidad brinda una oportunidad para todos”
“Resurge en EE.UU. movimiento del Ku Klux Klan”

21 jun. 2012

Créeme, Vicente Feliú, cuando te digo que son unos fascistas*

Fui injusto con Vicente Feliú. Por mucho tiempo creí que había hecho una sola canción: “Créeme”. Oyendo a Ivette Cepeda recordé “1974. Canto No. 1”. Rectifico, ha hecho dos canciones. El resto de su tiempo lo ha invertido en recorrer la obra de Silvio de punta a punta, como un sabueso, buscando inéditos, rarezas, ripios… lo que sea. 
Muchas veces al día regreso a mi país o me vienen a la cabeza infinidad de cosas suyas que me hacen cubano. Nunca pienso en nada de Vicente Feliú. Solo doy con él cuando se atraviesa en una noticia, como aquella vez que salió como un perro a ladrar contra Pablo Milanés, para que no se oyera lo que el honesto trovador estaba diciendo. 
Hoy he vuelto a dar con Vicente en Diario de Cuba, donde se recoge un comentario suyo en Cubadebate. Allí, pide privar del acceso a Internet a todo el que disienta del régimen. "Habrá que hacer como cuando la guerra revolucionaria. Si los empleados del imperio serán los únicos que tengan los recursos de conexión, entonces habrá que quitárselos”, dice. 
Feliú se refiere al Festival Clic, que se celebra justamente hoy y es organizado por la Academia Blogger, de Generación Y, el proyecto Estado de Sats y EBE, quien auspicia en España un evento considerado el más importante de las redes sociales en idioma castellano. 
Otro lector, Rafael Santiago, fue aún más rabioso y se comportó como un machete en plena zafra: "Sin que me quede nada por dentro, yo los dejara que se reunieran en su evento (…) los cogiera a todos y los encausara, y no les dejaba ver más el sol hasta que ya no pudieran ni caminar", asegura. 
Después de esas palabras, no creo necesario argumentar nada más. Solo le pido a Vicente Feliú que me crea, cuando le digo que se han convertido en unos fascistas.

*Un anónimo, que presumo del entorno de Vicente Feliú (a lo mejor fue él mismo), me instó a retirar la foto que originalmente aparecía en este post (donde el inefable trovador convertía una guitarra en ametralladora). Gracias a esa amenaza, se me ocurrió acudir a Alen Lauzán. Pocos minutos después de haberle enviado mi solicitud por Twitter, llegó la ilustración. No sé cómo agradecerles (al anónimo y a Alen) el lujo que significa una obra original de uno de los más importantes artistas gráficos cubanos, autor del ya mítico periódico Guamá, en El Fogonero.

20 jun. 2012

Diana en el Jardín Martiano

 
Cada que vez que le contaba las historias de El Nicho, ella me miraba con unos ojos color azul incredulidad. Dudaba del desayuno de agua con azúcar caliente, de los aullidos de los perros jíbaros justo al final del albergue, del ruido de las piedras del río en lo más oscuro de la madrugada.
Aunque no podía evitar la cara de asco, tampoco me creía la historia del buey que dio un mal paso en el borde del abismo. Demoraron dos días en sacarlo del fondo de aquella furnia. Cuando su carne hervía en la cocina, el olor a podrido se coló en las aulas como una nube descarriada.
Creía que la tienda del pueblo de Charco Azul también era un invento mío, apenas un pretexto para bautizar a mi primer carro. Pero cuando estuvo delante de su portal en ruinas y le enseñé el muro donde nos sentábamos a comer tubos de pasta dental, tragó en seco y no volvió a decir que tenía hambre.
En 1980 esas persianas estaban tan deshechas como hoy. Por ellas se colaban los cuchillos que circulan en el aire del Escambray cuando llega el tiempo de frío. En ese piso de cemento que ahora está a la intemperie, dormí las noches más desprotegidas de mi vida.
Diana se fue delante, como si quisiera encontrarse con mi fantasma antes de que yo lo espantara. Volví a dar con ella en el Jardín Martiano. Tanto en junio como en enero, nadie cultiva allí rosas blancas. De las aulas salieron unos niños que debían tener el mismo tamaño que yo cuando estuve en su lugar.
La mañana no olía a buey podrido sino a mierda de caballo. En el papel de los perros jíbaros, encontramos un pequeño animal dócil y sediento. Diana no dijo una palabra durante todo el tiempo que recorrió la escuela de El Nicho. Intuyo que con su silencio quiso decir que por fin me creía.

17 jun. 2012

La nave de Sonia Silvestre

 
Anoche, cuando llegamos a Casa de Teatro para asistir a la segunda función de Carlos Varela, nos encontramos a Sonia Silvestre. Estaba sentada junto a Freddy Ginebra y ambos compartían algunas de las tantas y tantas historias que han vivido juntos, servidas a las rocas, con trovas cubanas de fondo.
La primera vez que Freddy me la presentó, yo le conté una de las frases preferidas de mi padre. Cuando alguna mujer, allá en Manicaragua, no le reía alguna gracia, él se encogía de hombros y repetía entre dientes: “Esta se cree que está más buena que Sonia Silvestre”.
Desde esa misma noche data la amistad y el cariño que nos tenemos. Sospecho que en parte le debo eso a Serafín y a la carcajada que provocó su ocurrencia en la Silvestre. Como llovía a cántaros y el concierto se retrasó, Alejandro, Popa, Natty, Diana y yo nos asilamos en el refugio de Freddy.
Justo allí, poco después que empezara la cuarta ronda de añejos a las rocas, Sonia nos confesó su amor por La Habana. Con acento y gestos de cubana, recordó algunos de los sucesos que la convirtieron en una habanera de Hato Mayor. Fue entonces que confesó su más grande deseo.
“A veces yo quisiera conseguir una nave que me lleve a conocer habanas pasadas. Quisiera meterme en El Vedado de principios de siglo, pasar por la calle Neptuno llena de tranvías y recorrer el mercado de Cuatro Caminos. Pocas cosas me gustarían más que entrar en el mercado de Cuatro Caminos cuando todo allí estaba intacto”, dijo con rara nostalgia.
En un momento del concierto, la cabeza de Sonia me cayó en el hombro. Aldo López Gavilán hacía el solo “Habáname” y ella lloraba sin consuelo. Entonces advertí que el artefacto del que hablaba también podía ser una canción. La abracé y le di un beso en la frente. Esa fue mi manera de decirle que me dejara subir a bordo.
Anoche, cuando salimos de Casa de Teatro, de la segunda función de Carlos Varela, Sonia Silvestre y yo volvimos de La Habana. Alejandro, Popa, Natty y Diana son testigos.

15 jun. 2012

Papá Hemingway

 
Ernest Hemingway ya no sale del Floridita. Mantiene su codo izquierdo anclado en un rincón de la barra. Sus hombros están brillosos. Todos los días, centenares de turistas se abrazan a él para hacerse una foto donde parezcan viejos conocidos. 
Como nosotros hicimos lo propio, nos preparamos un Papá Hemingway mientras repasamos las imágenes del viaje. El trago no nos supo igual. Creo haber copiado bien lo que nos dictó el barman. Seguí cada uno de los pasos al pie de la letra. Pero algo falló, no sabe como el original. 
Tampoco el Floridita y Hemingway son los verdaderos. Ambos fueron reconstruidos según el recuerdo de los demás. Dicen que el Floridita de los años 50 no eran tan concurrido. Todos los que lo conocieron de verdad, recuerdan a un Hemingway menos amable y asequible que la estatua de bronce. 
Como recompensa por nuestro fracaso, ofrezco la receta. En honor a la verdad se trata de un trago muy sencillo. Solo creo necesario hacer una advertencia más. Si se quiere saber a qué sabía La Habana de Ernest, deben preparar cantidades suficientes. 
Todo el que lo vio salir del Floridita, concuerda en que se tambaleaba como un bote en alta mar.

Ingredientes:
Ron carta blanca
Jugo de toronja
Hielo frappe
Jugo de limón
Marrasquino

Preparación:
Se mezclan todos los componentes en la batidora, durante 30 segundos y se vierte en una copa para agua.

Servir:
Se acompaña con pajillas ¾.

13 jun. 2012

Yo me empecé a morir mucho antes

 
Según Julio Cortázar, él se empezó a morir cuando cumplió los cincuenta años. En “Burla burlando ya van seis delante”, que aparece en Un tal Lucas (1979), el escritor asegura que a esa edad comenzaron a partir, sucesivamente, “los grandes magos, los chamanes de la juventud”.
La lista de los suyos incluye a Jean Cocteau, Luis Armstrong y Duke Ellington, entre otros. Al final del cuento recuerda que, mientras tosía en un hospital de La Habana, un amigo le llevó la noticia de la muerte de Charles Chaplin. Eso le hizo salir a la calle “un poco menos vivo”.
Yo me enteré de la muerte de Rafael Lay en la estación de Ranchuelo, mientras esperaba un tren de regreso a casa. Era el 13 de agosto de 1982. Apenas tenía 15 años y tuve que asimilarlo de un golpe. Si se morían los músicos de la orquesta Aragón (que era mi idea de lo eterno en formato de charanga), nada era para siempre.
Con las muertes de Julio Cortázar (1984), Jorge Luis Borges (1986), Miles Davis (1991), Emiliano Salvador (1992), Kurt Cobain (1994), Tomás Guitérrez Alea (1996), Gastón Baquero (1997), Stanley Kubrick (1999) y Cintio Vitier (2009), algo de mí también cayó.
La última vez que continué muriendo fue hace apenas ocho días, cuando Ray Bradbury se largó aún más allá del Cráter Dandelion. Como Cortázar, cada vez estoy un poco menos vivo. También llevo desventaja. Ya van mucho más de seis y aún no he llegado a los cincuenta.

12 jun. 2012

Teófilo Stevenson

 
Por sus apellidos, Stevenson Lawrence, parecería que se trataba de un poeta o un lord. Pero su nombre, Teófilo, era como un piñazo en la cara. Todos los héroes de mi infancia había librado sus peleas en épocas pasadas. Al único que vi combatir en un presente perfecto fue a Stevenson.
Como casi nadie alcanzaba a pegarle, su rostro permanecía impecable durante los combates. Los largos cordones de sus zapatillas marcaban, como el péndulo de un metrónomo, la música de los golpes. Así, combate tras combate, el mejor boxeador amateur de la historia llenó de medallas el pecho de nuestra infancia.
Celebró su primera pelea a los 14 años, en 1966, y la última a los 32, en 1988. Durante esos 22 años que se mantuvo en el ring, el Gigante del Central Delicias ganó 301 de los 321 combates en los que participó. Su reinado olímpico comenzó en los Juegos de Munich 1972 y se extendió hasta Moscú 1980.
Si Cuba hubiera participado en las Olimpiadas de Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, Stevenson no hubiera tenido contrincantes. Como tampoco los tuvo en los Campeonatos Mundiales de La Habana 1974, Belgrado 1978 y Reno 1986. Su gran superioridad en todos esos certámenes, jamás le impidió comportarse como un respetuoso caballero con sus adversarios.
No me gusta el boxeo, pero nunca me perdí una pelea de Stevenson. Con él, ese deporte se convertía en un arte en tres asaltos. Una vez lo encontré en una calle de La Habana. Aunque Ana Rosario era muy pequeña aún, no quise desaprovechar la oportunidad de presentárselo.
–Mira, nené, ese hombre era un ídolo de mi infancia –le dije.
–¿Y qué hacía? –Preguntó mi hija con cara de asombro.
–Salir en la televisión cuando izaban la bandera y ponían el himno –respondió Stevenson con una torpe sonrisa, antes de darle un beso.
Como él no quiso hablar de boxeo, yo tampoco lo hice. Le di la mano y las gracias. Es el campeón más grande que he saludado en mi vida. 

10 jun. 2012

La Tertulia de Alejandro Aguilar

 
Ha tenido más de un nombre y los que acuden a ella suelen llamarla de muchas otras maneras, pero al final no es más que la Tertulia de Alejandro Aguilar en Casa de Teatro. Comenzó el 7 de junio de 2011. Unos meses después que Alejandro y Marianela Boán aterrizaran en República Dominicana procedentes de Filadelfia.
Recuerdo la noche que me contaron sus planes. La compañía norteamericana de Marianela se presentaba en Santo Domingo. Mientras los bailarines ensayaban, Alejandro y yo nos pusimos al día con la ayuda de un Brugal Extra Viejo. “Necesito volver al Caribe”, me dijo con un raro tono de desesperación.
En ese momento yo padecía de soledad crónica y mi tono no fue menos desesperado. Una semana después fui al aeropuerto a buscar a Alejandro. Solo traía consigo un tubo con obras de artistas amigos, los libros indispensables, su música y un reloj que se mantenía en pie como un danzador, a través de un raro ejercicio de equilibrio.
El día que por fin pude ir a la Tertulia, cayó el aguacero más grande que recuerdo en Santo Domingo. Cuando entré, justo frente a la puerta, estaba Diana Sarlabous. Horas después se desató una extraña complicidad entre nosotros, días después nos hicimos novios y meses después nos casamos. Hasta eso le debo a Alejandro.
El día que me planteó la posibilidad de venir a vivir a Santo Domingo, yo le dije que lo único que me faltaba en esta ciudad era alguien de mi generación con quien poder hablar de literatura. Tanto cumplió su palabra, que se convirtió en el editor de ¿Por qué decimos adiós cuando pasan los trenes? No contento con eso, me regaló también un hermano mayor (¡y del mismo padre: Freddy Ginebra!).
Mañana todos irán a Casa de Teatro con el pretexto de celebrar el primer año de la Tertulia. Aunque yo también voy a brindar por eso (allí conocí, por ejemplo, al colectivo El Arañazo, uno puñado de poetas con los que he aprendido mucho), mis razones son mucho mayores. El tamaño del regalo que me hicieron Alejandro y Marianela al abandonar Filadelfia y refugiarse en Santo Domingo, nunca podré medirlo con exactitud.
La Tertulia de Alejandro Aguilar le ha cambiado la manera de entender y hacer la literatura a muchos. A mí me cambió la vida.

8 jun. 2012

Caótico Calamaro

 
Hay creadores que buscan en el caos su mejor fuente de inspiración. Sobran ejemplos de escritores, pintores y músicos que exprimen sus mortificaciones hasta dar con el arte. Como el oso que mete la garra entre las rocas del río para sacar algún pez exhausto, cada vez que Andrés remueve sus angustias pesca una canción.
En 1990, lo que parecía un encierro autodestructivo, acabó convirtiéndose en una obra maestra del rock en español. Pero en ese momento no existía SoundCloud, de manera que Honestidad brutal solo nos permitió acceder a 19 de las ciento y pico de canciones que fueron compuestas.
Diez años después, la discográfica no pudo contener a Calamaro y El salmón se convirtió en un disco quíntuple. Aún muchos van hasta allí, a pescar cosas increíbles y sorprendentemente desconocidas. Después de eso, se produjo un regreso a la “cordura”. No por gusto la señal que lo demarca en el pie de Neil Armstrong en la Luna.
En ese lapsus, que duró justo otra década, se produjeron discos muy buenos, pero en ninguno de ellos se le vio al pez nadar a sus anchas contra la corriente. Una advertencia en Twitter fue la señal de volvían los tiempos “peores”: “No se que hacer con la música, si regalarla, si editar un disco old school, si guardármela para tiempos mejores...”, dijo A$K (@Barksdale666).
Hasta el momento ha colgado 126 canciones inéditas en algo que él llama, por ahora, A$K Le Cloud Xperience. Como cada una de sus crisis se ha convertido en un irrefrenable proceso creativo, ha llegado el momento de sentarse a esperar un nuevo punto cardinal en la obra de Andrés.
Esa nube virtual no es más que el trayecto del salmón río arriba. Ojalá que ningún oso se lo coma en el camino y llegue sano y salvo al lugar del desove. Los que todos los días del mundo necesitamos al menos una canción suya para sacar adelante la hora más difícil, esperamos con paciencia por eso.

1 jun. 2012

Oda al querebebé

 
Al principio fue un eco, un raro graznido que le pasó por encima a la madrugada. Escribo delante de un matorral con ínfulas de bosque. Un pino, una mata de aguacates, una de limoncillos, otra de guanábanas y tres o cuatro arbustos que aún no identifico. En sus ramas merodea toda clase de aves.
Pericos, tórtolas, pájaros bobos, zumbadores, carpinteros, ciguas palmeras, cuatro ojos y gorriones. Una vez que amanece, entre todas se confabulan para no concederle ni un minuto de silencio al día. Pero cuando llega la noche desaparecen y la oscuridad absorbe las frondas. Justo ahí comienza el reino y los misterios del querebebé.
Encontrarlo en el cielo sin luz me tomó días. Luego, gracias a Ángela Lora, supe su nombre. Rastreando enciclopedias y libros de ornitología he logrado saber bastante de su vuelo errante, de su silueta parecida a la de un halcón –en inglés su nombre es nighthawk– y de su enorme boca en forma de embudo.
Durante mucho tiempo existió la falsa creencia de que el querebebé le robaba la leche a las cabras y debido a ello se le persiguió sin piedad. Por fortuna ya todas las aves ‘chupacabras’ han sido absueltas y pueden volar en paz, libres ya de toda culpa.
Según uno de los textos a los que acudí, el vuelo del querebebé sobre los pueblos y ciudades es cada vez más frecuente; eso quiere decir que la especie se recupera de aquella terrible época en por poco se le extermina. En la noche de Santo Domingo siempre se le oye, donde quiera que se esté.
Soy un hombre de campo. No acabo de acostumbrarme a las ciudades. Ando como un intruso por el asfalto, como un inadaptado, alguien que no sabe comportarse en público. Sigo prefiriendo las veredas a los caminos y los faroles a las luces de neón. Siempre he anhelado volver a las cercanías del potrero de mi abuelo.
Pero en lo que esa quimera se hace realidad –si es que algún día dejará de ser no más que una quimera–, sólo el querebebé me conforta, sólo él aparta espacios y simula para mí la indispensable soledad que requiere la escritura.
No creo en musas, ni en soplos o querubes y mucho menos en eso que aún se llama inspiración. Creo en la terquedad y en la constancia frente a la hoja en blanco. Pero siempre hay que reconocer la ayuda de alguien en ese momento crítico de ‘dar a luz’ un párrafo. Si he de tener algún tipo de gratitud, entonces menciono a ese oscuro pájaro que de día se esfuma entre lo menos asequible.
Sin el querebebé no podría soñar que sueño, sin él la nostalgia y los anhelos no tendrían la forma de las palabras. Jamás llegaré a tocarlo, es probable que ni siquiera logre verlo de cerca. Pero no importa, porque sólo su vuelo me concierne.
Gracias a él y a su canto errante, la noche de Santo Domingo es para mí eso que un gran poeta de mi país llamó “el sitio en que tan bien se está”.