16 may. 2012

Cuando Carlos Fuentes volviera a La Habana

 
Hace unos diez años le hice una entrevista a Carlos Fuentes. Su exagerada amabilidad llegó a confundirme. Nunca me hizo sentir culpable por hacerle perder el tiempo. Menos aún por obligarle a repetir algunas de las cosas que había dicho ya, incontables veces, sobre Instinto de Inéz (la presentación de esa novela fue la razón del encuentro).
Un percance con el cassette de la grabadora (¡aún eran de cassettes!), tampoco logró impacientarlo. Aproveché esos minutos para comentarle mi primera lectura de Aura, que fue también mi primera lectura de Carlos Fuentes. Le confesé que mi ejemplar (era de la Colección Honda de Casa de la Américas) había sido devastado por las polillas y le faltaban frases enteras.
–Quizás esos insectos hicieron un buen trabajo de edición –me dijo antes de una carcajada súbita y breve.
Carlos Fuentes me llamaba por mi nombre y me hablaba como si fuéramos viejos conocidos. Lo hacía con tal naturalidad, que por un momento pasé por alto sus modales de diplomático y llegué a creerme la cercanía que él había establecido. Él me decía Camilo y yo le decía Carlos. Nos tuteábamos.
Mi lista de temas a tratar era muy reducida, como su tiempo para la entrevista. La realidad mexicana y su nueva novela debían ocupar casi todas las respuestas. Pero aproveché un momento en que él mencionó a Cuba y le hice tres preguntas sobre mi país:

Durante los años sesenta usted se identificó en extremo con la revolución cubana, incluso fue miembro del consejo de redacción de la revista Casa de las Américas, al cual renunció después del Caso Padilla. ¿Ha vuelto a reunirse con los amigos que dejó allí?
Nunca más volví a Cuba después de los ataques que me lanzó Roberto Fernández Retamar, esos injustos insultos me hicieron imposible volver a visitar la isla. He tenido muchos contactos con cubanos de Miami, pero no del exilio retrogrado y duro, sino de la gente que está buscando alguna forma de conciliación para que en Cuba haya una transición poscastrista democrática y pacífica. Pero a los de adentro no los he vuelto a ver, digamos que no hemos coincidido.

He oído un lejano rumor de que Gabriel García Márquez le tiene casi convencido para que vuelva a Cuba antes de que Fidel muera. ¿Es cierto?
No, no es cierto. No me interesa regresar. Tengo demasiadas desavenencias y allí está la presencia de gente que me ha calumniado, que me ha atacado sin base alguna, sin ninguna razón, de manera de que no tengo el deseo de estrechar ciertas manos en Cuba.

Cuando vuelva a La Habana, sea cuando sea, ¿qué es lo primero que hará?
Lo primero que haré al llegar a La Habana es visitar una casa que para mí es un lugar sagrado, sí, cuando llegue a La Habana lo primero que haré es ir a la casa de José Lezama Lima.

Cuando supe que había muerto, lo primero en que pensé fue en su viaje de regreso a La Habana, en lo que haría al llegar. La imposibilidad de que eso ocurra me produjo más desasosiego que todos los libros que dejó a medias. Espero que él me perdone ese acto de egoísmo… Supongo que sí. Al fin y al cabo él me decía Camilo y yo le decía Carlos. Nos tuteábamos.

4 comentarios:

Blanca Acosta dijo...

!Gracias! Algun dia te cuento cuando converse con Octavio Paz en una conferencia en Guadal;ajara de traduccion literaria (el lo era, y teorico de la traduccion literia), su muerte fue para mi lo que para ti fue la de Carlos Fuentes. Yo tambien empece por Aura.

Veronica Cervera dijo...

Una vez coincidimos en el aeropuerto del DF a la hora de tomar un vuelo y me presenté sóla, porque pensé que no podía perder la oportunidad. Conversamos un rato y me dio la misma impresión, Fuentes era tan amable que me parecía estar con un viejo conocido.

Diana S. dijo...

En el 2010 tuve la oportunidad de participar en una conferencia suya en la Feria del Libro. Al terminar conseguí que me dedicara su cuento "Aura". No olvidaré su sencillez, luego de firmar el libro me miró directamente a los ojos. Extraordinario.

Juan Carlos Recio dijo...

muy bueno, hombre sencillo.