9 abr. 2012

Los buitres

 
Fue un día extenso, ocurrieron demasiadas cosas.
Pusimos el reloj para las cinco y media.
Aunque el GPS insistía en que tomáramos otras rutas,
elegimos seguir por toda la Calle 8
hasta vernos flanqueados por los canales.
Sobre Miami caía una llovizna incesante.
Una anciana, aún medio dormida,
se llevó una luz roja y estuvo a punto de chocarnos.
Justo en ese momento pusiste algo de música.
Pero la quitaste de inmediato.
Preferimos el silencio de la ciudad,
aquella penumbra inalterable
que nos enseñaba el camino hacia los Everglades.

Cuando regresamos ya era de noche.
En el trayecto habíamos repetido varias veces
la canción que quitaste al principio.
Las luces de Coral Gables nos parecieron insuficientes.
Nada lograba aclarar aquella oscuridad
que traíamos dentro.
Ni siquiera la Luna Llena le agregaba luz al domingo.

Se haría tedioso describir todo lo que hicimos,
pero tengo la sospecha
de que al final solo recordaremos
la escena del aligátor moribundo.
Un miccosukee permanecía inmóvil,
cruzado de brazos,
mientras los buitres se abalanzaban.
Aún se movía.
Acababa de ser atropellado por una camioneta.
Redujimos la velocidad.
Te pedí que sacaras la cámara.
Nos quedamos unos segundos mirando fijo,
los suficientes para resumir
un día extenso, en el que ocurrieron demasiadas cosas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellisimo, como el Facundo espirutd de su autor.
Exquisito, como el busto que recuerdo.
Refinado, semejante a sus mas ocultas costumbres.
Acabado, tal cual su eterno propósito.
Grande, como el niño que siempre llevara dentro.
Admirable porque un día entendió que jamas podría
ser Habanero.
Te queremos como el primer día.
Para ti lo mejor Camily.

Anónimo dijo...

Camilito, te falta ánimo en tus escritos. Sigue mejor con la poesía, que aqui no tienes nada que buscar. A.T.