13 dic. 2011

Un inexplicable deseo*


A Sigfredo Ariel

La Habana era una ciudad para sentirse macho.
La madrugada de La Rampa
y las hileras de árboles que se encendían
con el impulso de las bicicletas,
le empavesaban el cuerpo
con agua de colonia.
Entonces era relativamente fácil
convencer a una de aquellas muchachas
que abrían las piernas
como si pelaran naranjas o tendieran sábanas al sol.

La Habana era una ciudad para andar suelto
y compartir las novias con los amigos,
después de pedirle a un tercero
que las dejara desnudas
en un parque, en un portal, en una funeraria
o en el andén sin luz
de alguna estación abandonada.

La Habana era una ciudad sofocada en alcohol
de la que aún no se había marchado nadie.
Ninguno de nosotros sabía a ciencia cierta
cómo gravitaban los atardeceres en Long Beach,
las tormentas de arena en Puerto del Rosario
o esa lluvia finísima que hiere los ojos en Dublín.

La Habana era una ciudad para sentirse macho,
aunque algunas noches,
sin importar la Luna que fuera,
un inexplicable deseo le haciera cambiar de idea.
En honor a la verdad
ocurría en contadas ocasiones,
pero siempre de la misma manera:
Se zafaba el cinto y daba la espalda
después de besar como una mujer
el final de una frase muy sórdida.
Entonces,
con mucha paciencia,
se relajaba para evitar el dolor,
como si pelara naranjas o tendiera sábanas al sol.

*Este poema está inspirado en otro poema (mucho mejor que el mío) que Sigfredo Ariel publicó en  el número 4 de la revista Amnios. Esa es la razón de la dedicatoria.

5 comentarios:

Daniel (un santaclareño en Tenerife) dijo...

Camilo una de las cosas que mas me gusta de tu blog es la forma en la que ilustras los post, verdaderamente tienes un gusto exquisito. Bien podrias dedicarte a disenar publicaciones si no fuera porque creo que no harias nada mejor que escribir. Lindo homenaje a Sigfredo Ariel, uno de los más grandes poetas cubanos. Gracias por tu sensibilidad.

Anónimo dijo...

ME HAS HECHO LLORAR CABRÓN.

Anónimo dijo...

QUE UNO DE LOS MACHITOS DE LA GACETA DE CUBA DONDE HABIA QUE SER FANATICO DE LA PELOTA Y ESCRIBIR COMO UN HOMBRE HAGA UN POEMA ASI QUIERE DECIR QUE DIOS EXISTE ¡¡¡¡ALABAO!!!!

Alejandro F. Aguilar (http://twitter.com/ alejo582003) dijo...

Nos encantó a los tres, incluyendo a la mima. No tiene desperdicio.
Aunque no sea lo más importante en el poema, creo que es increíble tu manera de delimitar la época:
"La Habana era una ciudad sofocada en alcohol
de la que aún no se había marchado nadie.
Ninguno de nosotros sabía a ciencia cierta
cómo gravitaban los atardeceres en Long Beach,
las tormentas de arena en Puerto del Rosario
o esa lluvia finísima que hiere los ojos en Dublín."
Perdona que me detenga en eso. Sabes que el tema sigue ardiendo aquí adentro, que no lo saldé en "Cuento y epílogo...", que no lo saladará nada, hasta un día... Como siempre, tremendo, Camilo; tremendo!

Anónimo dijo...

Bello poema, tu blog ya es un patrimonio de Cuba y mas aun del Paradero de Camarones, ese otro pais que te inventaste para poder ser camilo venegas.