18 nov. 2011

Santuario

Los cubanos han perdido casi todas sus esperanzas. La desilusión, el desgano, la abulia, el desinterés y el “¿pa’ qué?” van con ellos a todas partes. Tarde por tarde se sientan juntos a esperar la noche en los portales. Los hombres sin camisa. Las mujeres, en raídas batas de casa.
Si una certidumbre les queda, si alguna convicción ha logrado ser de verdad inquebrantable en ellos, es la fe en la Virgen de la Caridad del Cobre. Católicos y santeros, cristianos y agnósticos, espiritistas y ateos comparten la misma devoción. Solo ella logra un verdadero consenso.
Algunos prefieren llamarla Ochún y otros Cachita, como si se tratara de un familiar y no de una santa. Unos profesan su fervor de manera evidente, otros lo hacen en secreto. Pero nadie, absolutamente nadie, reniega de ese territorio donde por fin lo cubano es indivisible y carece de bandos.
El Cobre ya dejó de ser aquel pueblo apartado que recibía a los peregrinos con el silencio mineral de las montañas. Ahora son los vendedores de artesanías y ofrendas quienes dan la bienvenida. Las más extrañas argucias mercadológicas son puestas en práctica para que uno compre algo.
Ramos de girasoles, estampitas, piedras de cobre, virgencitas metidas dentro de un tubo de luz fría, réplicas en tamaño real, enormes esculturas en madera y velas de todo tipo y color (excepto blancas. Nadie sabe decir por qué han prohibido de una manera rotunda las velas blancas).
Los cubanos han perdido casi todas sus esperanzas, pero en El Cobre aún pervive uno de los últimos reductos de eso que llaman el espíritu de la Nación. Allí está, en su estado más natural e intangible, lo que nadie ha podido seguir encarnando a través de nombramientos y gestas.

4 comentarios:

Lilo Vilaplana dijo...

Leyendo el primer parrafo me transporte a mi isla, esa es la Cuba que deje hace casi 15 años y es la Cuba que se mantiene estancada en el tiempo. Lo de las velas blancas prohibidas, debe ser por el temor que le tienen a esas dignas mujeres que marchan de blanco reclamando sus derechos. El blanco les da pavor.

Madelin Madrigal Borges dijo...

Magnifico, Camilo, una vez mas me has transportado a nuestro pais :)

Anónimo dijo...

QUE UN ATEO SEA CAPAZ DE ESCRIBIR ESTO ES UN MILAGRO. ¿NO LO VES?

LUCERO dijo...

Del tiro le encendí una vela a Cachita, con eso te lo digo todo. Gracias por esa honestidad que eres capaz de brindar a través de tus palabras.