11 oct. 2011

Siete puertas

Los viajes de regreso al Paradero de Camarones, esa es una de las cosas que más disfruté siempre. Cuando volvía en el tren de Cumanayagua, mientras el conductor se bajaba a darle manigueta al teléfono para pedir vía y poder salir a la línea principal, yo miraba a la casa a través del potrero y los árboles del patio.
El ramal se acababa en el otro extremo del triángulo. Aún desde esa distancia se veían con mucha claridad los enormes ventanales, el interior de la sala, la saleta y el comedor. Las luces de los bombillos de 100 watts hacían que ese momento, en que ya no era de día pero tampoco de noche, se viera como en las películas.
Cuando el tren retrocedía para hacer andén, yo sacaba la cabeza por la ventanilla en busca de mi abuelo Aurelio y mi abuela Atlántida. Ellos siempre me esperaban en la puerta de la calle para abrazarme los dos a la vez. Han pasado casi treinta años, pero para mí esa sigue siendo todavía la idea de un regreso a casa. Cada vez que voy camino a los míos, ninguna otra imagen que me viene a la cabeza.
La estación de ferrocarril del Paradero de Camarones tiene siete puertas. Dos en el salón de espera, tres en el cuarto de expreso y dos en la casa de familia. Las siete estaban cerradas. El silencio que encontré allí fue infranqueable incluso para los fantasmas de Aurelio y Atlántida.
Por eso no me quedó más remedio que ir hasta la  punta del andén y, cuando estuve seguro de que nadie me veía, empezar a llorar. Lloré como un niño y, de alguna manera, volví a serlo. Solo que esta vez no había ni una sola bombilla de 100 watts encendida. Nada haría que pareciera una película.

8 comentarios:

Gino dijo...

Tambien yo poeta, tambien yo.
Creo que desde que vi la imagen del candado.

Rafael F. Pevida dijo...

Camilo leer Siete Puertas me ha dejado sin palabras... Solo atino a decirte gracias por compartirlo. Un abrazo.

Williams Calero Calero dijo...

Querido Camilo: espero con emocion tu entrada a la ciudad de Santa Clara, mi ciudad.Un brazo desde Santiago de Chile.

Niurka Calero dijo...

Me dejas sin palabras.

Anónimo dijo...

Del camilo que conozco no esperaba menos. Aun quedan las matas de mamoncillo y aguacate en el patio? Pudistes finalmente entrar? Animo, que se, que volveras a tomarte esa copa de vino que prometistes.
besos
JR

Mario Crespo dijo...

Magnífico Camilo. Creo que está surgiendo el guión de una película road movie-regreso. Uffff. Estoy emocionado, pues me cuentas cosas que yo he vivido.

Miguel Grillo Morales dijo...

Con cerrojo y con candado, así han quedado los recuerdos y las ilusiones de tantos de nosotros. Así se me quedo la garganta después de leerte socio. Nada comparable con acariciar las ruinas de nuestros tesoros infantiles. Estas primeras semanas te pesaran como una locomotora. A partir de este viaje serás un hombre diferente Camilo.

Wichy García Fuentes dijo...

Como las siete puertas de Tebas, luego de que los hermanos Eteocles y Polinices se mataran entre sí. Y no hay una Antígona para que luche por enterrar los restos de aquellos niños que fuimos.