17 oct. 2011

Pie de foto VI

Cuando Carla, la joven amante de Marcelo Mastroniani llega al Hostal del Ferrocarril, pide horrorizada que la lleven a un lavabo: “Los trenes son terribles, me dejan las manos negras”, dice mirando a la cámara, alumbrada por el halo melancólico que prima en casi todas las escenas de 8 ½.
En el Paradero de Camarones son muy pocos los que recuerdan esa película de Federico Fellini, pero todos parecen personajes suyos cuando se bajan de los trenes. Mientras avanzan por la carreterita (los 200 metros de grava y hierbas que separa al andén del pueblo), se lavan las manos en el aire y maldicen la grasa y el olor de los trenes.
Todos los que aparecemos en esa foto estuvimos en esa situación infinidad de veces. Hubo una época en que ese camino se llenaba de viajeros al menos ocho veces al día. No hubo nunca uno que no se lavara las manos en el aire al pasar por él. Luego, cuando iban al cine Justo, no entendían que Fellini hablaba también de ellos.
Aunque solo vieran a un tren llegando a una película incomprensible, la estación del maestro Federico era muy parecida a la nuestra. Un sitio donde los viajeros llegaban de ninguna parte, llenos de grasa y con un olor que no había quién lo aguantara.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sería bueno que los Hermanitos Pompón se laven las manos de tanta sangre vana. Antes de que se mueran y los descarados les levanten estatuas de yeso. (Lemis)