12 oct. 2011

Pie de foto III

No recuerdo haber tocado en esa puerta nunca. Hasta donde me alcanza la memoria, siempre la encontré abierta. Entraba por ahí como si hubiera llegado a mi propia casa. Dentro siempre me esperaba Gaby, el mejor compañero que encontré en mi pueblo para salir de cacería y compartir las presas.
Cuando uno de los dos conseguía una novia en un pueblo vecino, le buscaba una al otro para hacer los viajes juntos en una misma bicicleta. Sé que en el fondo no le gustaba Silvio y se aburría muchísimo con Serrat, pero delante de mí disimulaba y llegaba hasta tararearlos.
Gaby se reía de cualquier cosa, hasta de él mismo. Recuerdo que un día un camión lo atropelló y lo lanzó por los aires a una altura increíble. Cuando cayó, molido y con una vértebra rota, soltó una carcajada para decir que era el primer cosmonauta del Paradero de Camarones.
Esta vez la puerta estaba cerrada. Después de tocar muchas veces salió Estrella, la madre de Gaby, mi maestra de quinto grado. En un sillón, viendo los muñequitos, había una niña preciosa.
—Ella es la hija de tu hermano Gaby —me dijo.
No hablamos nada más de él. Siempre van a sobrar los motivos para recordarlo vivo, pero en ese momento la única manera de hacerlo era no mencionarlo. Eso fue lo que hicimos. El abrazo que nos dimos dijo todo lo que había que decir.

3 comentarios:

Belkis dijo...

Lindo encuentro.
Gracias y bendiciones.

Gino dijo...

Están los que esperan el regreso y los que agotada la paciencia deciden marchar.
Un abrazo.
Gino.

Anónimo dijo...

SOLO UN COMENTARIO, DESDE DONDE QUIERA QUE ESTE GABY ABRAZO TU REGRESO.