12 oct. 2011

Pie de foto II

Ya le habían dicho que yo estaba en el pueblo. Pero no se atrevió a salir a buscarme. Se quedó en casa de Mochila (el improvisador, el verdadero poeta) hasta que yo empecé a vocearle. Me abrió los brazos de lejos y salió caminando hacia mí sin apuro, tratando de retrasar lo más que pudiera el encuentro.
Escribí hace un tiempo sobre quién era Gustavo el Chambón y todo lo que significaba para mí. Participamos juntos en incontables batallas con tirachapas. Jugamos partidos decisivos en el viejo terreno de pelota, aquel que estaba en medio de un cañaveral, camino de La Flora.
Descubrimos el alcohol a la misma edad y nos emborrachamos en todos los carnavales a la redonda: Cumanayagua, Potrerillo, Cruces, San Fernando de Camarones, Palmira… Gracias a su corpulencia y a su fuerza bruta, era una especie de talismán que llevábamos por todas partes para que a nadie se le ocurriera meterse con nosotros.
El Chambón es un guajiro rudo, veterano de Angola, un fajador incansable en cada pelea cotidiana. Por eso no me atreví a decirle que ahora prefiero el ron añejo y a las rocas, con un chorrito de agua Perrier. Volvimos a beber como siempre, a pico de botella, debajo de un sol que rajaba las piedras.
Aun así quiero que conste que, cuando nos abrazamos, él empezó a llorar primero.

10 comentarios:

Odette dijo...

Volví a sonreír

ZoePé dijo...

Me vas a hacer llorar a mi, que vengo siguiendo estas entregas como si fuera una novela por capítulos; si si, de esas que le dicen culebrones.
Na! No es peyorativo, eh? Es una suerte leerte, en estos días, sobre esa aventura del regreso.
Gracias.
Saludos.

Jorge S dijo...

Gracias, Camilo!

Evelyn Betancourt dijo...

He leído todo, todo lo que has escrito sobre tu viaje a Cuba. Increíble en cuantas cosas coincido contigo: sentimientos encontrados, nostalgia infinita, cambios notables y sorpresa ante lo que se nos presenta. Al final, alegría de volver a la tierra que queremos y que a veces no podemos reconocer.
Regresé hace menos de una semana de La Habana, todavía estoy tratando de asimilarla...
Un abrazo y espero algún día conocer El paradero de camarones.
Un abrazo,

Maykel dijo...

Tremendo viaje, Camilo. Solo te falto pasar por Sagua la Grande.
Un abrazo.

Gino dijo...

Siempre el reencuentro con los amigos es mágico ¿Verdad Camilo?

Osmani Baullosa Acosta dijo...

Lo tuyo es hacer llorar a las masas, ¡¡¡coñó!!! Vaya, desde Cinema Paradiso no escuchaba una crónica de vuelta al pueblo tan conmovedora. Gracais por compartirlo.

Rafael F. Pevida dijo...

¡Sencillo y conmovedor! Realmente algo muy especial, ¡Gracias por compartirlo!

Anónimo dijo...

Empingao!!!! asi de simple

Ileana dijo...

Grandeza. Mucha grandeza humana en estas crónicas.