2 sept. 2011

Un café fuerte como réquiem por El Nuevo Herald

Hace un tiempo tuve una larga discusión con tres amigos. Fui a raíz de la renuncia de Antonio José Ponte y Pablo Díaz Espí del Consejo de Redacción de la revista Encuentro de la Cultura Cubana. Mis amigos defendían a capa y espada la permanencia de esa histórica publicación. Yo, en cambio, creía que su ciclo había terminado y que en ese momento lo más importante era promover diálogos entre cubanos a través de Internet.
El tiempo me dio la razón. En la actualidad, Diario de Cuba (que fue creada por Ponte y Díaz al abandonara Encuentro…) es una de las páginas más visitadas sobre nuestro país dentro y fuera de la Isla. Comunicadores, artistas, escritores, intelectuales, economistas, científicos y cubanos residentes en cualquier esquina del mundo, confluyen y dialogan en tiempo real en Diario de Cuba, sin necesidad de una imprenta, subscripciones o envíos por correo.
Algo semejante ha sucedido con El Nuevo Herald. Hace unos días advertí que ya no estaba en mi ritual de las mañanas. En cuanto me levanto, antes de que Lérida me haga el primer café con leche (son dos, en un lapsus de 30 minutos), suelo hacer una rutina informativa que incluye El País, El Mundo, ESPN Deportes, Diario de Cuba, Granma, Cubadebate, la prensa dominicana y un puñado de blogs que sigo.
Antes, sobre todo por el tema de Cuba, en esa lista figuraba El Nuevo Herald. Pero resulta que de un tiempo a esta parte la información que publican allí es cada vez menos relevante y, casi siempre, ha aparecido antes en otros medios. Café Fuerte, un foro que gestiona el periodista cubano Wilfredo Cancio Isla con un reducido grupo de colaboradores, desplazó al periódico de la Florida en mi lista de Favoritos.
Es curioso, mientras el volumen de información de Café Fuerte crece, Miami Herald Media no para de despedir empleados o de ponerlos en licencia sin suelo. Eso no se debe a la crisis económica sino al final de una era. Ya está probado que un blog personal, escrito en las condiciones más precarias e inimaginables, puede llegar a tener una audiencia mucho mayor que un medio con una nómina de decenas de periodistas.
Nada va a detener los cambios que se están produciendo y los que no se atrevan a cambiar, tendrán que hacerse un lado y dejarle su espacio a los que sí lo han hecho. Mientras tanto, podemos servirnos un café bien fuerte como réquiem por El Nuevo Herald.

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