25 jun. 2011

La marea*

Debía en la tarjeta de crédito una suma que ya no podía honrar. Hace una semana el Banco le comunicó que, debido al impredecible comportamiento del mercado, su tasa de interés aumentaría en un 5.8%. Suficiente como para que no pudiera darle alcance a todos esos ceros indetenibles.
Logró un extra crédito. Alquiló una habitación con vistas al océano en un apartotel rodeado de palmeras temblorosas. Sabía que no tenía valor para suicidarse. En vano había intentado varios métodos, desde la horca hasta el fuego. Pero siempre se detenía en el momento decisivo.
Por eso lo dejó todo en manos de la marea. Descorchó una botella de vino. El paisaje de Penedés que tenía dibujado la etiqueta le pareció más hermoso que la inmensa playa que había delante de él.
—Soy una víctima de la inconformidad —dijo en voz alta, por encima del ruido de las olas.
Esperó que los somníferos se diluyeran en la última copa. Ni siquiera el fuerte sol que le daba de lleno en los ojos impidió que se rindiera. Al día siguiente, todo aquel tramo de costa amaneció vacío. La marea había borrado hasta la más mínima huella.
Dos meses después de su huida, una máquina aún deja mensajes en su contestadora.
—Necesitamos que se comunique con nosotros urgentemente —reitera el aparato—. Su tarjeta de crédito ha sido cancelada y  nos veremos obligados a enviarla a nuestro departamento legal.
Su tono es imperturbable, sin matices, como la resonancia de la marea en el apartotel rodeado de palmeras temblorosas.

*Publicado originalmente en la sección De leer de Diario de Cuba, donde también han aparecido los cuentos El viaje y Venado al chocolate.

2 comentarios:

salva33125 dijo...

Muy buen cuento corto, me lo llevo....

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

certero y que esa marea se aleje de tus orillas, compay.
un abrazo,
JC Recio