30 de jun. de 2010

Antroporuinas

Antes de dar mi primer viaje fuera de Cuba, yo reconocía el mundo exterior por el olor de las maletas. El equipaje de los recién llegados siempre tenía una fragancia imposible de hallar dentro de Cuba. No era algo sofisticado, se trataba más bien del sencillísimo aroma de la limpieza. Pero eso lo descubrí cuando por fin estuve del otro lado. En el verano de 1993, desde Madrid, le envié a mi hija Ana Rosario (con Kiki Álvarez, el cineasta) el más preciado de los regalos: un jabón de lavar para sus pañales.

Una vez fuera, todo se trocó. Desde entonces Cuba es el hedor húmedo de las maletas que llegan. Una amiga tiene una palabra para definirlo: empercudido. “Chico, ¿tú no te has fijado que todo lo que llega de Cuba está empercudido?”, dice con pena, antes de contar sus últimas vicisitudes en la isla. Un escultor amigo se ha tenido que inventar una palabra, convencido de que ninguna de las existentes alcanza: “Allá lo que hay es un ‘repepingue’ general”, sentencia.

Nadie como Antonio José Ponte, en su novela La fiesta vigilada, ha descrito y definido las ruinas de la sociedad cubana actual. “la vida en cada barrio es un naufragio colectivo”, resume Ponte. A menudo recibo emails con fotografías de las cosas que desaparecieron en Cuba, desde el agua de colonia Fiesta hasta la caja de talco con mota. La antropología cubana es ahora una antroporuina. Los seres felices y de dientes blanquísimos que Raúl Martínez soñó, al final se convirtieron en los fantasmas sombríos y sucios que Antonia Eiriz predijo.

29 de jun. de 2010

Dos poemas en Parteaguas

La revista Parteaguas, del Instituto Cultural de Aguascalientes, en México, publicó en su número más reciente dos poemas míos. “La ceiba inclinada” está basado es un hecho real. En la casa de Felo López, el vecino más cercano que teníamos en la estación de ferrocarril de Camarones, hay una inmensa ceiba inclinada. Mi abuelo siempre recordaba que hubo un momento, cuando la planta era apenas una postura, en que ese mayúsculo problema tuvo solución. “Banda municipal” se debe al súbito hallazgo, en una glorieta del exilio, de un danzón cubano.

LA CEIBA INCLINADA

Felo López y Benigno no pudieron impedir

que el inmenso árbol se inclinara

sobre la casa, el pozo y el tiempo de frío.

Cada vez que vuelven los nortes

ellos miran hacia la cúpula inamovible.

Felo López y Benigno saben

que no hay rabos de nube ni ciclones

que puedan derribar a ese gigante

lleno de espinas y pájaros extintos;

pero la inclinación les produce dudas,

algo les dice que no se confíen,

que de un momento a otro

su mundo puede ser arrancado de raíz.

BANDA MUNICIPAL

En el medio del parque desolado,

en la mitad del día sin ruido,

en el centro del pueblo vacío.

La banda municipal toca

lo que ya nadie recuerda,

ese mundo que se termina

en el hoyo negro

de una tuba,

en el estruendo abisal

de todos los tambores juntos.

Tomy, una alimaña inmune al Dedeté

En la Cuba de los ochenta hizo época un semanario humorístico con nombre de mortífero insecticida. El Dedeté circulaba todas las semanas con una colección de caricaturas, agudas y lúcidas, que aún hoy envidiarían las mejores diarios del orbe. Manuel, Ajubel, Carlucho, Torres, Ardión y Tomy eran los artífices de aquel tabloide que muchos esperábamos al pie de los estanquillos.

Cuando aquel Dedeté desapareció (víctima del fin de los subsidios soviéticos) sus realizadores continuaron ejerciendo su talento por cuenta propia. Ajubel es hoy un reconocido ilustrador que colabora con las más importantes publicaciones de Europa. Carlucho trabaja con éxito en Estados Unidos. Manuel y Torres son ahora dos reconocidos ceramistas que modelan al humor y lo convierten en una obra mucho más duradera.

De todos los que gestaban el Dedeté, el menos talentoso era Tomy. Esa puede ser la razón por la que no se tomara el riesgo de depender únicamente de su imaginación. Actualmente, el caricaturista se ha hecho cargo de una plaza vacante que nadie quería: la de testaferro de la sátira oficial. Sus caricaturas, llenas del humor malo, de ese que es sinónimo de pus y de purulencia, suscribe con sus pujos todos los desmanes de la dictadura.

No hace tanto ridiculizó a Pablo Milanés, acusándolo de traidor y pequeñoburgués. Hoy, Tommy se adelanta a la campaña que el Gobierno prepara en caso de que Guillermo Fariñas sucumba en su empecinada huelga de hambre. Aunque fue parte de aquel inolvidable colectivo, Tomy tendrá que ser recordado como una alimaña inmune al Dedeté (y ahora me refiero al implacable insecticida).

26 de jun. de 2010

Conozco un caso que me da más pena

Mi hermano Rodrigo Kuang (que es el heterónimo de un entrañable poeta cubano que a su vez dice tener otros nombres) contó una triste historia en su blog Habana Memorias. La madre de una querida amiga suya, tuvo que abandonar su amistad en Facebook por temor a represalias. La señora, que apenas se llama M. (ya les advertí de la pasión de Kuang por subvertir identidades), temía perder lo poco que tiene.

Rodrigo aclara que entre ambos existe un cariño de madre a hijo, pero algunos contenidos de su blog (los que denuncian los desmanes del fidelismo), perjudican a M., quien trabaja en La Habana para un importante funcionario del régimen. Aunque Facebook es una red social en la que solo comparten amigos, los enemigos están al acecho, vigilantes de todo lo que sucede allí. Por eso M. prefiere precaver a tener que lamentar.

Conozco un caso que me da más pena. H.K., una muchacha de Texas, se peleó con todos los que participamos en una conversación sobre la hipocresía y la doble moral de Silvio Rodríguez. El incidente se produjo cuando el ex diputado criticó al Estado de Arizona por sus discriminaciones. Todos, por supuesto, nos preguntábamos por qué Silvio no denunciaba antes las leyes migratorias cubanas, que son mucho más injustas que las de Arizona y en perjuicio de sus compatriotas.

H.K. torció camino y nos perdió a todos. El punto final a la conversación se lo puso una habanera que ahora vive en Estocolmo: “Vaya con suerte quien se cree astuto, porque ha logrado acumular objetos. Pobre mortal, que desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto”.

24 de jun. de 2010

Un recuerdo cagado por las moscas

En el verano de 1989 se celebró en el mundo entero el bicentenario de la Revolución Francesa. Empujado por la apoteosis, me obsesioné con la fecha. Leía todo lo que caía en mis manos sobre aquellos personajes que cambiaron al mundo. Llegué, incluso, a montar algunas escenas de Marat/Sade, la obra de Peter Weiss, en uno de mis ejercicios de dirección en la Escuela de Arte de Cubanacán.

Una edición monográfica que el Correo de la Unesco hizo para la ocasión, desapareció en horas de los estanquillos de La Habana. Por eso le mandé un telegrama a mi padre para que tratara de conseguírmela en Manicaragua. Cuando la tuvo en sus manos, quedamos en que me lo llevara a Camarones, durante los días que pasaría allí de vacaciones.

En cuanto llegó en su Dodge 1500, nos fuimos para la “esquina” a celebrar el rencuentro. Pero sólo había algunas botellas de Havana Club 7 años, arrumbadas encima del viejo refrigerador del Bar Arelita. No nos quedó otro remedio que pagar los siete pesos que valía aquel lujo. La etiqueta estaba comida por las cucarachas y llena de cagadas de moscas.

Hace unos días un amigo me dio a probar un Havana Club 7 años. Por un momento pensé que aquel trago me llevaría de regreso al verano de 1989. Pero el líquido crudo y aguardentoso solo sacó de mí una rara mueca. De mutuo acuerdo, decidimos refugiamos en una botella de Cubaney que me había regalado Pedro Ramón López.

Cada vez que intento volver a Cuba, acabó saliendo más de ella. A esa conclusión llegué en la bañadera, cuando me di cuenta de que estaba en la misma posición en que permanecía Marat cuando Carlota Corday le dio la mortal puñalada.

21 de jun. de 2010

Felicidades, Colombia

Colombia supo distinguir la palabra democracia en medio del vendaval electoral y votó por su futuro. La arrolladora victoria de Juan Manuel Santos no solo es una vindicación del legado de Álvaro Uribe, es también una decisión de vencer al terrorismo de las FARC y de ponerle freno a la mala influencia que el régimen de Hugo Chávez genera en la región.

El papel que jugó Juan Manuel Santos en los últimos ocho años, fue clave para que Colombia dejara de ser aquel país secuestrado por las narco guerrillas y comenzara a construir su seguridad democrática. El hombre que en 22 minutos logró uno de las acciones más espectaculares en la historia de la inteligencia militar (el rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las FARC), ahora dispone de cuatro años para mantener a salvo a su país.

La decisión de Colombia de elegir al delfín de Álvaro Uribe y no a un matemático con debilidades lingüísticas a la hora de pronunciarse sobre la amenaza de Chávez, es clave en el viraje que se está produciendo actualmente en América Latina. Todo parece indicar que ya el continente advirtió que el “sueño” del “socialismo del siglo XXI” no era más que una demagógica pesadilla.

Felicidades, Colombia. El resto de los pueblos de América Latina deberían mirarse bien en tu espejo y aprender a distinguir su futuro como tú lo has hecho.

18 de jun. de 2010

El azar también va a la barbería

Desde hace tiempo quería escribir sobre las barberías, ese lugar donde uno va a conversar y, de paso, se pela. Mi columna “Sábado al fin”, en el periódico Hoy, me pareció el espacio ideal y por eso le pedí a Jacqueline Ventura, la editora del diario, que enviara un fotógrafo a Galerías Naco.
Conocí ese lugar hace diez años, a los pocos días de haber llegado de La Habana. Freddy Ginebra fue quien me presentó al Chino, su barbero, y desde entonces acudo a él una vez al mes. El sitio es muy pequeño y está escondido entre una tienda de revistas y otra de productos de los campos dominicanos, pero tiene el encanto de las viejas barberías, ese que dan los sillones clásicos y los espejos contiguos. Fue entonces que ocurrió el milagro, apareció la aguja en el pajar, se logró una oportunidad entre un millón, la lección increíble para un hombre de poca fe. Cuando el fotógrafo llegó a la barbería, allí estaba Freddy, con los ojos cerrados, entregado a la conversación entre espejos, colonias baratas y tijeras. Insisto, soy un descreído, por eso prefiero pensar que el azar también va a la barbería.

15 de jun. de 2010

Los tiempos difíciles de Baglietto

A finales de los años ochenta llegó a La Habana un segundo aire argentino. Ya no traía bandoneones ni tangos, sino películas inolvidables y un rock que por primera vez sonaba a rock a pesar de oírse en español. Las películas solo las pasaban en diciembre, mientras duraba el Festival de Cine, pero las canciones seguían circulando de mano en mano, a bordo de unos cassettes que se convirtieron en objetos de culto.
Charly García, Luis Alberto Spineta, Fito Páez, León Gieco y Juan Carlos Baglietto eran los nombres más reconocibles de aquel oleaje que nos quitó de encima la abulia del realismo socialista. Hubo un disco en especial, Tiempo difíciles, de Juan Carlos Baglietto, que al menos a mí me cambió la vida. Me recuerdo rebobinándolo con un lápiz, oyéndolo una y otra vez.
Hoy lo he vuelto a oír y está intacto. Nada ha envejecido, ni siquiera los temas atados a las circunstancias o los sonidos que dependían de la moda. Charly, Spinetta, Fito y Gieco han seguido sonando, pero la obra de Baglietto ha empezado a olvidarse y es una verdadera pena. La desaparición en vida de artistas como él, justifica todo ese espacio que ha ganado la banalidad, la bobería.

14 de jun. de 2010

Nada que agradecer

Hombres como Ariel Sigler Amaya son los que llenan de pánico a Fidel Castro. ¿Qué hacer con un campesino humilde que, de tanto perder, perdió hasta el miedo? ¿Qué hacer con un hombre parapléjico que, cuando es por fin liberado de su injusta condena, lo primero que dice es que no tiene nada que agradecer?

Algún familiar sostuvo un retrato del Ariel que se fue al presidio, hace 7 años, justo al lado del Ariel que una ambulancia acababa de entregarles. Antes era un campesino rollizo y noble. Ahora es un hombre atado a una silla de ruedas, pero indomable.

Monseñor Dominique Mamberti, el canciller del Vaticano, no oculta su júbilo por la liberación de un preso político enfermo y el traslado de otros 12 a cárceles cercanas a sus residencias (tanta es la cobardía de la dictadura, que confina a sus adversarios lo más lejos posible de los suyos).

Es obvio que la cúpula católica en Cuba sigue en el limbo, mientras el régimen, disfrazado de querubín, mueve fichas a la vista de la Unión Europea. Por eso allá, en la ciudad que posee la Isla en el centro, Guillermo Fariñas se mostró inflexible: “La liberación de Ariel es esperanzadora, pero aún faltan muchos”.

Ojalá que los intelectuales cubanos que aún insisten en apoyar los desmanes de la dictadura, algún día vayan al pueblecito de Pedro Betancourt y le pidan disculpas a Ariel, por haber dicho lo que a ellos les correspondía, por haber recibido los golpes suyos, los para ellos, en su espinazo.

11 de jun. de 2010

El Mundial ‘78

En 1978 me enteré de que cuando en Cuba hacía calor, en Argentina había mucho frío. Era del tipo de explicaciones que le encantaban al maestro Gustavo. Esfera en mano, y usando sus largos brazos para describir la órbita del planeta, hablaba sin parar de hemisferios, inviernos australes y veranos boreales.

Recuerdo que no hubo manera de que Tito el Bobo entendiera que los argentinos no se caían del mundo a pesar de tener que “vivir bocabajo”. Todas esas conversaciones surgieron en el aula por el Mundial de Fútbol, cuyas reglas también nos explicó el maestro para que pudiéramos entender los partidos que pasaban por el canal 2.

Luego, en casa, yo le hacía un resumen muy impreciso de aquello a mi abuelo, que se sentaba conmigo de frente al Krim 218 (nuestro televisor ruso), mientras 21 hombres vestidos de gris y uno de negro impecable perseguían a una pelota de cuero. Ya se me olvidaron casi todos los detalles, apenas retengo una lluvia de papeles cayendo sobre la hierba y los dos goles de Mario Kempes en la final.

Ahora, cada vez que oigo a Andrés Calamaro cantando “Crímenes perfectos”, recuerdo aquel verano en que a mí también “me tocó crecer/ viendo a mi alrededor/ paranoia y dolor”. Era el Mundial ’78. Ya hace 32 años que entiendo el fútbol.

10 de jun. de 2010

Azúcar para crecer

En la Cuba republicana había una máxima: “Sin azúcar no hay país”. Era cierto. En 2010, después de décadas de incapacidad y caos, el gobierno revolucionario por fin logró lo que parecía imposible, la peor zafra en 100 años. Eso, técnicamente, devolvió la nación a una miseria de post guerra, semejante a la que vivió en la primera década del siglo pasado.

44 centrales, moliendo por más de 110 días, no fueron capaces ni siquiera de alcanzar 1,3 millones de toneladas de azúcar, que era el modesto plan que se habían propuesto. “La actual zafra puede calificarse de pésima en producción y eficiencia. Desde 1905 el país no registraba una campaña tan pobre”, sentenció el periódico Granma.

La familia Fanjul, de exitosa tradición azucarera en Cuba, se marchó al exilio cuando Fidel Castro ordenó expropiar todos los ingenios. Actualmente poseen el Central Romana, en República Dominicana. Según cifras publicadas en la prensa hoy, en 193 días de zafra, ese ingenio molió 3,3 millones de toneladas de caña y produjo 418,439 toneladas de azúcar.

En la Cuba revolucionaria había una máxima: “¡Azúcar para crecer!”. Era cierto. Solo que los cubanos que pueden dar fe de ello, están en el exilio.

9 de jun. de 2010

¡Volvió Juan Luis!

En noviembre harán diez años que vivo en República Dominicana. Cuando llegué a este país mis conocimientos sobre él eran los indispensables. Pero traía una carta debajo de la manga: todas las veces que había oído a Juan Luis Guerra. Gracias a eso pude sortear obstáculos que al principio parecían insalvables, descifrar los códigos más enrevesados y entender el valor de la “jarina”, eso que deja de ser sed sin tener que ser lluvia.

No se me olvida el día en que, camino de Montecristi, descubrí el cartel de “¡Bienvenidos a Villa Vázquez!”. En ese momento hubiera querido que fuera en el Paradero de Camarones donde oyeran mi canto. Pocas veces un creador ha logrado con solvencia, en palabras y melodías, las claves de una identidad.

Lo admito. Los dos últimos discos de Juan Luis Guerra me distanciaron de él. A lo mejor es que yo no los entendí o que no comulgué con lo que el artista quería decir. Pero lo cierto es que me tuve que aferrar a sus obras anteriores para seguir contando con él. Por carreteras y oficinas, en los momentos de mayor júbilo y en los más difíciles, aquel Juan Luis no dejó de ayudarme a convivir con los suyos, a enamorarme de su país.

Acabo de oír Al son de Guerra. Todavía no puedo decir qué es lo que más me gusta, aunque ya tengo claro qué es lo único que me disgusta. Dejo a los críticos la crítica. Yo me voy con mi felicidad a otra parte. Ya sé que por estos días estaré oyendo el disco una y otra vez. Sospecho que no me alcanzará el tiempo para celebrar la noticia. ¡Volvió Juan Luis!

8 de jun. de 2010

Los ferroviarios de Cruces

Cuando yo era niño aún los ferroviarios cubanos conservaban intacto un orgullo radical por su oficio. Incluso los guardagujas y lo retranqueros exhibían con jactancia el uniforme caqui y la llave de bronce colgada del cinto. Pero, al menos en Las Villas, había una estirpe aún superior, algo así como los elegidos para el arte del carril, y esos eran los ferroviarios de Cruces.

Siempre que mi abuela me llevaba al policlínico, aún cuando estaba consciente de que nada me libraría de una inyección de gammaglobulina, yo iba feliz en busca de mi recompensa: oír las discusiones de los ferroviarios en el andén, mientras esperábamos el tren de regreso a Camarones.

Dos generaciones de jubilados y otras tres que aún estaban en servicio, se peleaban por sus conocimientos del Reglamento de Operaciones y por demostrar cuál fue la mejor época, el mejor itinerario, la mejor locomotora, el mejor maquinista, el mejor conductor, el tren más largo, la vía más larga, la operación más difícil y el peor accidente.

Con impaciencia yo esperaba por mi momento preferido, que era cuando reconocían que mi abuelo Aurelio era el mejor jefe de estación y mi tío Aldo el As de Oro de los despachadores. Si alguno de ellos me descubría en medio de aquel círculo de voces, me hacía la única pregunta que nunca tuve el valor de responder: “¿Y tú, Camilito, qué vas a ser cuando seas grande?”.

La mayoría tenía nombre y apellido: Marino Vega, los hermanos Pablo y Carlos Peña, Elpidio Ávalos, Luis Veitía, los hermanos Manuel, Raúl y Desiderio Castillo, Octavio Oropesa, Luis Losada, Omar González, Roberto Gastón, Hugo Vázquez, Juancito Álvarez, René Fernández, Jorge Rodríguez y Rosendo Stuart. Otros solo apellido: Ferrer, Gomate, Hucha, Viera, Hernández y el gordo León. Uno apenas un nombrete: Dibujo...

Muchos de ellos ya están muertos y los sobrevivientes se marcharon del ferrocarril. El paisaje de ruinas en que se convirtió todo acabó por desmoralizarlos. El andén de Cruces ahora es un lugar desolado. Aun así, estoy seguro de que si se pone mucha atención, algunas de aquellas voces deben escucharse. Cuando una estirpe se convierte en fantasmas, cualquier cosa puede suceder.

7 de jun. de 2010

Carne rusa

Reconstruir los sabores de mi infancia, esa es una de las obsesiones que eché en la maleta cuando me fui de Cuba. Por eso la primera vez que entré a un supermercado, fui directo a buscar una malta y una lata de leche condensada. Por años me he dedicado a reconstruir situaciones y reencontrarme con seres queridos a través de los recuerdos de mi paladar.

El olor de un panquecito recién salido del horno, me deja en la parada que hacía la Leyland en Manacas, cuando iba a La Habana con mi padre. Los helados de mantecado me elevan hasta el balcón de mi tía Sixta, en el barrio de Buenavista… Poco a poco he ido hallando cada uno de aquellos sabores, pero hay tres de ellos que me ha sido imposible encontrar: el de las pizzas de la terminal de ómnibus de Santa Clara, las butifarras y la carne rusa.

Sigo creyendo que el misterio de aquellas pizzas radicaba en el queso, por ninguna mozzarela, ni italiana, ni americana, ni dominicana logra asemejársele. Con las butifarras me pasa lo mismo, las he probado de todos los orígenes y de todos los tipos, pero no saben ni parecido a aquellas que colgaban del vagón-cocina de la cuadrilla de reparadores de puentes que pasaba una vez al año por Camarones.

Pero el sabor que más extraño es el de la carne rusa. Con apenas ajo y limón mi abuela resolvía aquel tufo siberiano que la hoja de laurel no había logrado apaciguar. Aunque en las escuelas, cuando las bandejas, los jarros y los uniformes olían a carne rusa, la experiencia también tenía su encanto. A veces me pregunto si en Rusia aún se produce ese manjar. Al menos para mí, esa es una de los logros de la Unión Soviética que merecía perdurar. El Camilo niño me lo recuerda todos los días.

Ella también escribe

No recuerdo el año exacto, pero fue durante ese largo final que tuvo en Cuba la década de los ochenta. Tampoco recuerdo el motivo, solo sé que las luces de la sala estaban apagadas y Roberto Fernández Retamar pidió que las encendieran porque entre el público estaba su querido amigo Fayad Jamis.
Descubrimos al poeta en uno de los extremos, con una venda en el cuello y abrazado a una muchacha que lo sostenía en pie. “Ella también escribe”, dijo alguien a mi lado. “Pero está buenísima”, aclaró otro. Dos o tres semanas después leí en la prensa la muerte de Fayad. Había oído muchísimas veces la palabra “viuda”, pero era la primera vez que la pronunciaba: “¿Cómo está ella?”, pregunté.
Un año después, me invitaron a un encuentro de escritores que se celebró en la playa de Rancho Luna. Coincidimos en el hotel con una tormenta tropical. Los aguaceros y las rachas de viento convirtieron las áreas comunes en una zona de desastre. Por eso la mayor parte del tiempo permanecimos en las habitaciones, sin poder salir a nada.
Yo compartía la mía con Alfredo Zaldívar y justo al lado de nosotros estaba la de Wendy Guerra y Margarita García Alonso. A Wendy la había conocido años atrás, una tarde que me invitó a una crema de queso en el Wakamba. A Margarita la había visto una sola vez, aquella noche en que encendieron las luces de Casa de las Américas y apareció abrazada al poeta.
Hace unos meses que nos volvimos a encontrar y, aunque ella sigue en Le Havre y yo en Santo Domingo, de vez en cuando nos encerramos en una habitación de Facebook para seguir conversando y esperar a que pasen nuevas tormentas. En un intercambio de esos, llegó un poema mío a uno de sus blogs.
Mi texto regresa al mismo lugar de siempre, con la esperanza de rencontrar algo que no supe esperar. Su bitácora, en cambio, sigue hacia delante, convocando a todos los que estén dispuestos a librar sus sueños. Sí, ella también escribe y pinta y dice lo que piensa, como si no quisiera que nada más se muera a su alrededor.

5 de jun. de 2010

Nota informativa de El Fogonero

Desde hace semanas, la cuenta de Blogger de El Fogonero está siendo atacada. Por más que cambio la contraseña, logran adivinarla y borran comentarios, desaparecen post y hacen ya no sé cuántos chapuceros sabotajes. Con paciencia china (algo extremadamente difícil para un cubano) he logrado restaurar la mayoría de los daños. Algunos textos, aunque esté mal que lo diga, han quedado mejores.

Lo último que hicieron los "intrusos", fue borrar el grupo de direcciones de email al que le enviaba cada nuevo post. Si sigo acudiendo al viejo recurso del emailing (ya desestimado por el nuevo marketing), es porque muchos de los destinatarios no tienen libre acceso a Internet. De memoria o gracias a correos amigos, he podido reconstruir la lista. Si alguien se ha quedado fuera y quiere seguir recibiendo El Fogonero, solo tiene que advertirlo.

El Fogonero es mi catarsis cubana. En él se resumen las cosas que provoca en mí el país que dejé atrás el 30 de noviembre de 2000. Más que un ejercicio de nostalgia, es una calistenia de futuro. Vuelva o no, al menos dije lo que quería para mí y para mis compatriotas. En cuanto a los atacantes, ojalá que entiendan que, hagan lo que hagan, no lo van a impedir. Yo por lo menos no voy a dejar que me cansen ni que me callen.

Las ruinas intensas de Silvio Rodríguez

Después de la fotografía de Korda, la obra de Silvio Rodríguez es la expresión más universal de la revolución cubana. Sea donde sea, como un “eternizador de dioses del ocaso”, el trovador logra que funcionen los resortes de la nostalgia y que miles hagan el coro.

En el Carnegie Hall de Nueva York, más de 2,800 espectadores corearon sus canciones y aplaudieron con euforia. Cada vez más, el fenómeno de Silvio recuerda a Buenavista Social Club. Ambos son referentes de un lugar que ya no existe. Aquellos, de la Cuba anterior a 1959; éste, de la que se impuso después.

Todos los sones de Compay Segundo nos devolvían a cosas que ya habían desaparecido, desde los trenes cañeros hasta la alegría de los cubanos. Todas las trovas de Silvio nos remiten a cosas que ya son “ruinas intensas” o están a punto de desaparecer.

Mientras duró el concierto, en la fachada del Carnegie Hall se proyectó la obra “Némesis”, donde el artista cubano Geandy Pavón le ha enseñado al mundo el rostro de Orlando Zapata Tamayo. Solo así la realidad pudo darle alcance al artista que cantaba adentro, ese “testaferro del traidor de los aplausos”.

3 de jun. de 2010

Un nuevo pelotón para Oliver

Oliver Stone se ha convertido en el peor enemigo de sí mismo. La insistencia con la que ahora dice ingenuidades y boberías, pone en duda sus películas inteligentes y agudas. ¿Será que se las hicieron, que había una mano moviéndolo a través de hilos? ¿Estaremos ante una especie de Forrest Gump que se dedicó al cine en lugar de ponerse a correr?

Aún así, una de sus más recientes iniciativas es aprovechable. El inefable Oliver le acaba de sugerir a Evo Morales y Hugo Chávez que recurran más a Internet para difundir sus mensajes y contrarrestar la visión que tiene sobre ellos la prensa de Estados Unidos. La idea es excelente, tanto, que se pudiera extender a todo el pueblo de Cuba, que en estos momentos sufre, según el Gobierno de la Isla, una “guerra cibernética”.

Stone, que es tan cercano a Fidel Castro, que ha llegado a montarse en su Mercedez Benz y jugar con sus pistolas mientras el dictador juega con él, debería sugerirle a su viejo amigo que le permita al pueblo cubano tener libre acceso a internet para que se lance a la red de redes a decir lo que piensa.

Quién sabe si ese nuevo pelotón hace que Oliver reenfoque y vea quiénes son los buenos y la malos en una película que él sigue sin entender.

1 de jun. de 2010

Candil de los palestinos, oscuridad de los cubanos

El Gobierno cubano nunca ha perdido tiempo a la hora de emitir una declaración en defensa de los palestinos. El Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) ha defendido con ahínco y sin descanso el derecho de ese pueblo a volver a su patria sin condiciones.

Llama poderosamente la atención que ese mismo organismo, a través de leyes nunca escritas, subterfugios y triquiñuelas, es el que se ocupa de impedir que los cubanos residentes en el exterior puedan regresar a su patria con absoluta libertad.

Hoy hemos amanecido con un nuevo pronunciamiento del MINREX. Esta vez califica de “criminal” el ataque que el ejército de Israel llevó a cabo en alta mar, contra una flotilla de barcos que pretendía romper el bloqueo sobre la Franja de Gaza. En el asalto murieron 9 activistas y decenas resultaron heridos.

El 13 de julio de 1994, también en alta mar, el ejército cubano atacó a una embarcación con 72 personas a bordo (entre ellas 30 mujeres y 23 niños). El objetivo era impedir que abandonaran la Isla. Lo lograron. Pero el saldo de la operación fue de 41 muertos (10 de ellos niños). Si el ataque de Israel a la flotilla de activistas es un acto “criminal”, ¿qué apelativo merece el hundimiento del remolcador 13 de Marzo?

Una de mis tías más queridas era demasiado servicial con vecinos y amigos, tanto, que a veces era capaz de hacer por ellos lo que no hacía por los suyos. Cada vez que incurría en esa falta, mi abuela le recordaba un refrán. Al régimen de Fidel Castro le pasa lo mismo. Candil de los palestinos, oscuridad de los cubanos.