12 dic. 2010

Venado al chocolate

(Cuento publicado en Diario de Cuba)
Cada vez que sentía el rugido ensordecedor de la camioneta dorada se ponía tenso. Era su mejor cliente, el que dejaba propinas inimaginables, pero aquella risa fingida y la silueta de los tatuajes del otro lado de las camisas de seda le electrizaba los brazos y reducían sus habilidades al mínimo.
Siempre llega con una mujer diferente. A veces eran más de una. Muchachas silenciosas y torpemente vestidas que no sabían comportarse en aquel entorno. Aunque ellas pedían otra cosa, él las obligaba a beber champagne. Agazapado como un felino esperaba el momento del descorche. Cuando ellas gritaban asustadas, él chocaba el puño izquierdo con la palma de la mano derecha.
Justamente hoy le trajeron un venado. El animal había sido víctima de una bala perdida en las lomas peladas. Era muy joven, sus astas apenas comenzaban a crecer y su piel estaba impecable, sin las cicatrices que el monte deja en los más adultos.
—¿Qué comemos hoy, Richard? —preguntó el dueño de la camioneta dorada mientras introducía uno de sus índices en el escote de una de sus tres acompañantes.
—Venado, señor Harley —dijo rápido, como si no quisiera olvidar lo que estaba diciendo­—, venado al chocolate.
Cometió el error en cuanto comenzó a picar la carne, pero no se detuvo. Primero se puso muy pálido y luego comenzó a sudar de una manera inexplicable incluso dentro de una cocina. A partir de ese momento todos sus gestos se tornaron mucho más lentos y eso le hizo parecer menos torpe.
Debía haber macerado la carne durante 48 horas con vino, puerro, zanahoria, apio, laurel, cebolla y pimienta. Aún no se explica por qué dijo venado al chocolate cuando Harley preguntó. Fue una frase demasiado rápida, que no le dejó espacio para retractarse. Mientras ataba el solomo, se le ocurrió añadirle lo otro.
Le quitó la piel con demasiado cuidado. En ese momento palideció aún más, pero logró reponerse y roció todo con aceite de oliva para asarlo durante 10 minutos. Aprovechó ese tiempo para limpiarse un poco y lavarse la cara con agua helada. Allá afuera, el señor Harley disparaba con sus pistolas en dirección a las lomas peladas. Los gritos de las muchachas siempre eran interrumpidos por unas carcajadas groseras.
—¿Cómo va ese venado, Richard?
—De maravilla señor, de maravilla.
Cuando la carne estuvo dorada, escurrió las verduras y las echó sobre el venado, luego volvió a rociar un poco de aceite de oliva y cerró el horno. Ahora tenía 35 minutos. Fue al botiquín y sacó un whisky de malta. No había tiempo para rituales. Destapó la botella y se la empinó, sin tratar de buscar otro sabor que no fuera el del alcohol ardiente.
Por el olor, la  carne ya estaba. Añadió la nata, el cacao y dos cucharadas de mermelada de arándanos. Cortó la pieza en rodajas y la roció con la salsa caliente. Por último, le puso ciruelas y piñones salteados con mantequilla. Con el resto de la mermelada de arándanos, rellenó unas tartaletas.
—Aquí está, señor Harley.
—¡Qué maravilla! —dijo Harley mientras apretaba a dos de las chicas contra su cuerpo— ¿Ven, muchachas, lo importante que es saber en qué maldito lugar de este país está el maricón que mejor cocina?
Por primera vez, los tatuajes del otro lado de las camisas de seda no lograron electrizarlo. Como siempre, la cuenta del señor Harley llegó a una cifra astronómica y, encima de eso, dejó una propina inimaginable. Pero esta vez Richard le había hecho pagar aún más por ponerlo tan tenso y le hizo comer el dedo que se cortó de un tajo, cuando separaba las piezas del venado.
—Buen viaje, señor —dijo desde la puerta del restaurante, sin sacarse las manos de los bolsillos, mientras Harley metía las suyas en el escote y las entrepiernas de la muchacha que se había sentado a su lado. El rugido ensordecedor de la camioneta dorada se fue alejando hasta que se borró en el silencio de las lomas peladas.

2 comentarios:

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

tremendo regalo guajiro. Pasé por el centro de Camarones, tengo que revisar si las fotos que tiré, apresuradas, porque se me iba el avión, te cuadran, veré. Un abrazo, y Feliz Navidad.
Juan C Recio

Gerardo Fernández Fe dijo...

EXCELENTE CUENTO!!!!!
TENSO, PRECISO, SIN ALTISONANCIAS, DE LOS QUE PONEN LOS PELOS DE PUNTA...
ME RECORDO MUCHO A CARVER (Y QUE CONSTE QUE PARA MÍ ESTO NO ES UN DEFECTO), A ALGO DE FLANNERY O´CONNOR: RELATOS BREVES Y PUNTUALES, DE LOS QUE NO NECESITAN UNA PALABRA MÁS.
ESO DEMUESTRA QUE NO HACEN FALTA 5 CUARTILLAS PARA, COMO CREO DECÍA CARVER, PROVOCAR UN ERIZAMIENTO EN LA COLUMNA VERTEBRAL DEL LECTOR.
Y ESO ME HA OCURRIDO
TE FELICITO
ABRAZO
GERARDO