28 dic. 2010

A propósito de Wikileaks y de cómo van los tiempos

Desde hace dos semanas, por muchísimas razones, no he tenido tiempo para ocuparme de El Fogonero. Por eso me alegró tanto que Chago me hiciera llegar esta colaboración desde Madrid. Con este texto celebramos el Día de los Inocentes, esos seres que, como ha demostrado Julian Assange, cada vez tienen menos cabida en este mundo.

Por L. Santiago Méndez Alpízar (Chago)
Luego está su affair, el de Julian Assange, con las chicas en Suecia: todo parece indicar, ya esto lo he dicho, ellas querían de la mitad, hacia delante, nada más.
Cayó el trueno de Wikileaks y prendió el penacho de la "alta política" en un momento de por sí propicio para incendio. A tener en cuenta, comienzo de siglo, final de ciclos de predicciones, crisis de sistemas tanto sociales como económicos, y una sobrepoblación fuera de los límites de la pobreza: más pobres todavía.
De pronto, cae el telón y nos damos cuenta de que tanto Joe Biden como el embajador norteamericano, Eduardo Aguirre, son lo mismo. Que las supuestas diferencias entre George Bush y Barak Hussein Obama, son más bien coyunturales, cuando no, de tipo fisionómico.
Y no te creas, son verdades un poco duras para digestiones sensibles. Pues aunque siempre se ha mantenido una desconfianza sobre cómo se manejan, o por lo menos, se tejen las diferentes crisis bélicas, y por qué. Es enteramente incomparable entrarle a los minuciosos reportes-correos, informes, vídeos -ya existen guías y todo para acceder, clasificado los tienen los diarios- que bien, se publicaron a medias, o se escondieron traperamente. Sobre todo, por aquello de haber sido en nuestro nombre que se produjeron los hechos. Para nuestra seguridad se invadió, se mató, arrasó...A veces y según consta, a personas ajenas que no eran el enemigo, nunca lo fueron.
Estamos viviendo las guerras por cable, pero no teníamos los diálogos de los ejecutores, por lo menos hasta que Wikileals abrió un espacio, una pequeña grieta en esta descomunal farsa a la que ya, tan adiestrados como vamos, ni siquiera se le ha brindado la importancia que tiene. Una rajita, traviesa fuga por donde afloran los pulsos y desperdicios, pero también las esperanzas de algunos implicados, afectados directos por la barbarie, que siempre tiene varios rostros. Porque hay hechos donde importó más esconder la verdad, por dura que fuera, y con absoluta conciencia, que aceptarla, compartirla.
Y porque la prensa hace rato perdió espacio, y ahora puede resultar un cohete, trampolín: pedazo de cosa refractante, bocina. Desnortada y sin exclusivas, el batacazo de los blogs, más todas las iniciativas personales y colectivas en la Web, pusieron en fuera de juego al imperio de la noticia. Tanto, que no hay diario que se lea, que no tenga alojado unos cuantos buenos blogger.
El sentido de libertad que exige un ejercicio como defender la libre circulación y descargas on line, es absolutamente igual que el de defender la libertad, existencia de Wikileaks.
Para llegar al control generalizado siempre se dan los pequeños pasos previos, recortes. Una vez existen las herramientas que se autofabrica y utiliza el poder, esos pequeños recortes serán la garantía de una normalidad amputada, rota. Pues, quizá, sea Internet el último resquicio, casi, libre que le quede al individuo. Y eso es imperdonable para aquellos enfermos de miedo, domados por las garantías castrenses, que son irreversiblemente, las que mantienen cualquier otra iniciativa que se realice en el estado democrático en que pataleamos.
Si se llega a tocar con la varita mágica de la legalidad, el libre ejercicio de publicar en la Web; si se regula cuál sí, que no, y premian a los vampíricos organismos que subsisten de los derechos autorales. O, a escasos autores en su mayoría, por no decir, casi todos, ya de vueltas, entonces no faltará absolutamente nada para que tengamos nuestros ordenadores, ya de fábrica, dispuestos para saber qué es lo que podemos, ver, leer, descargar, cuando tengamos dinero...
La defensa de Wikileaks, por otra parte, no es la defensa de Julian Assange, que tampoco es terrorista. O, por lo menos, lo que le conocemos -ahora vienen sus memorias- es mucho menos peligroso que aquellos que así lo tachan.
Singularmente, todavía las personas supuestamente comprometidas, no han pronunciado disculpas, ni siquiera en aquellos casos donde la crueldad desvelada, el evidente ensañamiento pusiera en peligro una razón compartida por muchos estados. Ni siquiera cuando la verdad exige demasiada humildad, y tenemos la irrefutable prueba del terrible error. Ni siquiera después de Wikileaks aquellos comprometidos con el exterminio de civiles, desprestigiar personas, crear inestabilidades generalizadas en terceros países, han sido capaces de dar/nos una explicación coherente, unas-insisto- disculpas para aquellos que las necesiten, merecen. ¡Tal es la soberbia!
Habría que explicarse por qué, pero temo que lo sabemos. Incluidos los que con palabras no lleguen a describirlo: lo sufren, padecen, viven: o se aprovechan.

(Haga clic aquí para leer la primera parte de este texto)

1 comentario:

Chago dijo...

Mi brother Camilo; cuando usted pueda favor de cambiarme el texto por el definitivo: mira que esto es un borrador, no esta completo.

Y mis reiteradas felicitaciones, agradecimiento.