29 nov. 2010

Cuando a Varadero llegué

En los últimos 50 años, la arquitectura cubana se ha sumergido en la misma decadencia que el resto de la sociedad. Según Mario Coyula, el gran valor patrimonial de La Habana era la consistencia de la masa construida. Dejando afuera el “parque temático” de Eusebio Leal, la capital de la Isla hoy se asemeja más al paisaje que queda después de una batalla.
A poco más de 100 kilómetros de allí, en Varadero, podría gestarse un nuevo crimen contra el patrimonio arquitectónico cubano. En la península, en cambio, no serán el salitre o el tiempo los que cargarán con la culpa de la desaparición del Hotel Internacional, sino la depredadora ambición capitalista de una cúpula castrense.
El capítulo cubano del Comité Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, por sus siglas en inglés) ya ha dado la voz de alerta sobre los planes del régimen para demoler el Hotel Internacional de Varadero y las Cabañas del Sol. Eso significaría la destrucción de “parte del patrimonio moderno cubano y caribeño”, aseguran.
El Hotel Embajador de Santo Domingo es una copia fiel del Hotel Internacional. Hace unos días, durante el Festival Internacional de Cine Global, recorrí sus espacios y no pude evitar el recuerdo de un lejano día de noviembre, cuando a Varadero llegué. Si por fin los militares cubanos se salen con la suya, habrá que seguir recordando al Internacional desde las alfombras del Embajador.
Eso es algo que el hotel dominicano sabe hacer muy bien. Ya una vez se “disfrazó" de Hotel Nacional para que Francis Ford Coppola rodará algunas escenas habaneras de la segunda parte de El Padrino. En los hoteles, como en la vida real, Cuba se ha convertido en una suma de pasados que encubre la ausencia de presente y futuro.

4 comentarios:

Blanca Acosta dijo...

dios mio, camilo, no lo quiero ni pensar. de ninna me maravillaba el hotel, ya entonces reconocia su belleza. de grande, cuando todavia las cabannas del sol eran en pesos cubanos, cada vez que hacia una traduccion me llevaba a mis hijos a ellas. a pesar de venir de una familia de clase media alta no me dejaba de maravillar su belleza, y lo adelantado que estaba el disenno arquitectonico de cuba en los 50; bueno, nada mas hay que ver el nuevo vedado y el biltmore.
en cubanet escribi que si todos los actos de exportacion del terror de castro se sumaban, el era peor que bin laden. ahora nuestros budas van a ser derruidos.
?que hicimos para merecer esto?

Miguel Grillo Morales dijo...

No solo el Padrino, también secuencias de The Lost City de Andy García fueron rodadas en El Embajador, mi hotel favorito. Ese emblemático lugar y yo nacimos juntos, claro el en Santo Domingo yo en Matanzas. Algo me dice que no se saldrán con la suya y el Internacional será preservado. Gracias a la Internet la impunidad tiene coto. Varios blogs resaltan la información hoy. Espero no equivocarme. Rodeado de paños bridas y monturas, se me escabulle el olor a sudor equino, aun no rebaso Caguama y el fuerte olor a salitre me inunda los pulmones. Gracias por evocar la esa llegada a Varadero Camilo, apenas alcanzo a desearnos, que la próxima sea pronto.
Un abrazo
Grillo

Adrián Quintero Marrero dijo...

IMposibilitado de comentar en la sección de las estaciones, te envío este texto desde Sagua la Grande:

MI VIEJA ESTACIÓN

Hoy subí a la planta alta de la vieja estación. Aprovechando que una verja me invitaba, remonté los peldaños de granito. Arriba hallé lo que me vaticinaban: ruinas. Maravillosas ruinas. Con majestad se resiste a la desidia el entramado de la cubierta. Hay un hueco enorme en el piso, justo encima del andén y la maquinaria del reloj solo marca un tiempo pretérito. Pero la vieja estación, con su galería en los altos, no quiere sucumbir a la desmemoria.

¿Qué trenes estará evocando? Quizá el de los vagones con literas que partía antes de la medianoche para la capital. O a lo mejor, el de los coches motores Bood, una maravilla “Made in USA” puesta a competir con los ómnibus que se enseñoreaban por el Circuito Norte rumbo a La Habana.

Tal vez la terminal prefiera remontarse a la época de las silbantes máquinas de vapor: la de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Samuel Hazard. A los años con destinos en Cienfuegos, Caibarién o Cumanayagua; Santa Clara, casi nunca.

¿Recordará el viaje de Gabriela? ¿Qué notas estaría ideando Caturla antes de seguir viaje para cumplir con sus obligaciones de juez en el pueblo vecino? ¿Le habrá susurrado algo Lorca aquella madrugada tras la despedida “oficial”? Ya sabemos cuán poco amante de lo “oficial” era el poeta. ¿Cuántos secretos guardaran estos muros? ¡Cuánto sabrán de encuentros y adioses, de pasiones y alaridos…y hasta de sangre!

La inauguraron en el año mil 882, al final de la calle Gloria, burlando a los urbanistas que defendían el trazado recto de las calzadas sagüeras. Para la “Empresa” no debía haber más pueblo que el situado frente a sus balcones. Al fondo, solo los talleres. En el siglo veinte fue objeto de una muy bien planificada ampliación para acoger las oficinas de la Cuban Central, con la estatua del Conde Moré –probablemente el primer capitalista de toda la comarca- saludando al visitante. El monumento, emplazado actualmente en la casona donde vivió Moré, fue sustituido por otro que recuerdas las acciones de la Huelga Revolucionaria del 9 de abril de 1958.

Mañach pudo concederle una elegía a la estación. Bien se fijó en el casi perfecto paralelismo de las rutas que definen a Sagua la Grande: el río y la vía férrea. Hubiera dicho el autor de “Indagación del choteo” que no es paradero de provincia este edificio. No es la casita de tejas francesas que los “Unidos” se hicieron construir en la mitad occidental de Cuba. Es la ESTACIÓN.

Hoy he vuelto, he escrutado sus rincones. Prefiero los que me vedaron en la niñez; las puertas cerradas, los ventanillos que nunca expendieron boletines, el timbre sobre uno de los vanos...Siempre me pareció pequeño el salón de espera. Prefiero el andén custodiado por estructuras de hierro finamente forjado…para aguardar futuros trenes.

En mi mente hay muchos trenes aguardando la orden de vía, siempre con la vieja estación como centro de despacho. Quizá por eso se resista a la desaparición. Comprenderá que Sagua no puede ser Sagua sin ella…ni yo tampoco.

Pablo Perez dijo...

Que hermoso es este destino, sin duda uno de los mejores de este bello pais. Saludos!

Pablo - Hoteles en Dominicana