8 jun. 2010

Los ferroviarios de Cruces

Cuando yo era niño aún los ferroviarios cubanos conservaban intacto un orgullo radical por su oficio. Incluso los guardagujas y lo retranqueros exhibían con jactancia el uniforme caqui y la llave de bronce colgada del cinto. Pero, al menos en Las Villas, había una estirpe aún superior, algo así como los elegidos para el arte del carril, y esos eran los ferroviarios de Cruces.

Siempre que mi abuela me llevaba al policlínico, aún cuando estaba consciente de que nada me libraría de una inyección de gammaglobulina, yo iba feliz en busca de mi recompensa: oír las discusiones de los ferroviarios en el andén, mientras esperábamos el tren de regreso a Camarones.

Dos generaciones de jubilados y otras tres que aún estaban en servicio, se peleaban por sus conocimientos del Reglamento de Operaciones y por demostrar cuál fue la mejor época, el mejor itinerario, la mejor locomotora, el mejor maquinista, el mejor conductor, el tren más largo, la vía más larga, la operación más difícil y el peor accidente.

Con impaciencia yo esperaba por mi momento preferido, que era cuando reconocían que mi abuelo Aurelio era el mejor jefe de estación y mi tío Aldo el As de Oro de los despachadores. Si alguno de ellos me descubría en medio de aquel círculo de voces, me hacía la única pregunta que nunca tuve el valor de responder: “¿Y tú, Camilito, qué vas a ser cuando seas grande?”.

La mayoría tenía nombre y apellido: Marino Vega, los hermanos Pablo y Carlos Peña, Elpidio Ávalos, Luis Veitía, los hermanos Manuel, Raúl y Desiderio Castillo, Octavio Oropesa, Luis Losada, Omar González, Roberto Gastón, Hugo Vázquez, Juancito Álvarez, René Fernández, Jorge Rodríguez y Rosendo Stuart. Otros solo apellido: Ferrer, Gomate, Hucha, Viera, Hernández y el gordo León. Uno apenas un nombrete: Dibujo...

Muchos de ellos ya están muertos y los sobrevivientes se marcharon del ferrocarril. El paisaje de ruinas en que se convirtió todo acabó por desmoralizarlos. El andén de Cruces ahora es un lugar desolado. Aun así, estoy seguro de que si se pone mucha atención, algunas de aquellas voces deben escucharse. Cuando una estirpe se convierte en fantasmas, cualquier cosa puede suceder.

11 comentarios:

J. E. Aneiros dijo...

Siempre recuerdo el olor de las traviesas de madera calentadas por el sol.

Cuando era un muchacho siempre esperaba ansioso las vacaciones cuando nos ibamos a Sitiecito en el tren de Cienfuegos-Sagua la Grande!

Te juro que puedo recordar ahora mismo el olor que venía de la locomotora y el viento entrando por las ventanillas abiertas; todavía los coches eran antiguos y muy cómodos, los grandes asientos se podían girar y eran reclinables.

Gracias Camilo por evocar los buenos momentos!

Eduardo Mesa dijo...

Camilo me imagino que ya la hayas visto, de no ser asi te lo recomiendo. Es una pelicula que tiene mucho que ver con trenes: The Station Agent.
Saludos

Alejandro F. Aguilar, (www.alejandroaguilar.com) dijo...

Camilo: Otra vez me lanzaste hacia las memorias de mi infancia. Hijo de ferroviario, tambien recuerdo esos olores que evoca Aneiros, de cuando el viejo me llevaba al Patio de Talleres de Camaguey. Ni que decir de la tradicion de poner el reloj en hora seguna la llegada o partida de los trenes... y de los berrinches que montaba el viejo cuando iba a visitarlos desde la Habana, usando cualquier medio que no fuera el tren... Estoy seguro que mi viejo conoció a tu abuelo y a todos esos que mencionas. El también murió hace unos 15 anhos, y entre sus dolores y frustraciones se llevo el de la ruina del ferrocarril... Gracias una vez mas por esos posts tuyos que reverberan sobre la tierra húmeda de nuestra infancia...

J. E. Aneiros dijo...

Gracias Eduardo por la sugerencia de la película, hay hasta un cubano-americano en el asunto!

Acabo de buscarla en Netflix pero lamentablemente no la tienen en "streaming", me resignaré a esperar dos días a que llegue, ya la puse en la cola.

Gracias por compartir.

The Station Agent
2003 R 89 minutes
When his only friend dies, a young dwarf named Finbar McBride (Peter Dinklage) relocates to an abandoned train station in rural New Jersey, intent on living the life of a hermit. But his solitude is interrupted by his colorful neighbors. Finbar's new crop of friends includes a struggling artist (Patricia Clarkson) coping with the recent death of her young son and a talkative Cuban hot dog vendor (Bobby Cannavale).

Salvador V. Guerra dijo...

estoy seguro de las voces rondando el paradero....por aquello vallejiano de las casas y su habitantes

Klaritza Morales Calvo dijo...

Cómo no Camilo, hasta yo recuerdo tanto a Cruces, Camarones, Ojo de Agua...Yo soy de Cumanayagua y ahora mismo siento el mismo olor...y veo la casa del jefe de estación aledaña a la misma...Era todo un honor ser hijo de ferroviario y hasta se le respetaba más por eso, la última familia que ejerció esa profesión en mi pueblo, precisamente eran de Potrerillo...Ya en Cumanayagua ni vías quedan, las levantaron para hacer un rodeo...Que tampoco quedó, solo el recuerdo y la casa y estación convertidos en Terminal de ómnibus, despoblada de ellos también...ya volveremos a escuchar las locomotoras!!!, mientras tanto deleitémonos con el olor a ferrocarril que aún llena nuestras memorias...

Alina, Miami dijo...

Ay, Camilo, qué nostalgia. Cuántos recuerdos de mi pueblo me trae ese andén. Tu blog es una maravilla, deberías publicar un libro con todas las cosas de Cuba. Un abrazo y felicidades. Me alegra que el Paradero de camarones diera un escritor como tú, quién lo iba a decir en ese pueblicito. Un abrazo y sigue así que tienes una trayectoria envidiable para muchos jóvenes en el exilio.

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

LOS ELEGIDOS PARA LA ESTACION
DE CRUCES.

En la reinvención de los sueños
un niño de nombre Camilo
aún sigue de pie
entre las intimas voces
y aquellos trenes
que jamás pertenecen al olvido.
Para él los itinerarios
guardan esas líneas
como rutas que se pierden
hacia horizontes también inventados
de todos los regresos posibles.

Un tranvía llamado deseo
lleva también
una llave de bronce
para que la memoria fluya
colgada al cinto con jactancia.
Y una realidad menos absurda
donde los operarios tengan
uniformes tan blancos
como sus palabras ardientes;
en esas discusiones de los viajes
de ida y regreso hasta el polvo.

En el mediodía del sueño
las locomotoras pudieran asomarse
y los guardagujas se alistan
a esos temas grandiosos
para que un niño años después
pueda inmortalizarlos.

Como una foto en blanco y negro
todos los despachadores de Cruces
son nuestros Ases de oro
que guardan alguna relación con este inventario.

Juan Carlos Recio
NY/ Junio 8 del 2010

Frank Calzon dijo...

Amigo Camilo,
Permitame llamarlo amigo. Desde hace tiempo he pensado escribirle para felicitarlo por lo que escribe. Es por cubanos com ousted, que no se cansan a pesar de todas las maquinaciones y los crimenes del regimen que los cubanos merecen ser libres.
Hoy me he tomado un par de horas para reler varias de sus crónicas.

J. E. Aneiros dijo...

El sitio que les comparto lo encontré a través de un enlace en el sitio del Centro para una Cuba Libre. Las fotos de Cuba son bellas pero les advierto que tristes. Al principio pensé que solo eran fotos de La Habana pero entonces encontré una de Cienfuegos, la ciudad donde nací y viví la mayor parte de mi vida. Si hay alguien de Cienfuegos que lee este blog lo reto a que la encuentre (por supuesto Camilo espero que puedas encontrarla).

http://roylleraphotographers.com/2008/11/15/glimpse-of-cuba-photography-of-the-cuban-spirit/

Yamil Cuellar dijo...

Camilo, excelente lo que has escrito. me has llevado a un momento muy emotivo. De niño corría a ver pasar el tren a pocos metros de la estación de Cruces. Uno de los únicos momentos que compartí con mi padre fue sentado junto a él frente a la línea del ferrocarril, él con una perga de cerveza y yo mirando mientras pasaba el tren. Desde que me fui de Cuba extrañé mucho el sonido del tren pasar, ahora por suerte lo tengo a unas cuadras y cada cierto tiempo me devuelve un sentimiento familiar. Agradecido de leerte, un abrazo.