11 mar. 2010

Los ojos cerrados de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano fue a Sevilla y no perdió su silla en un seminario sobre el feminicidio, pero por enésima vez cerró los ojos frente a los desmanes de la dictadura de Fidel Castro. Los axiomas de Galeano son como la comida congelada, todos saben a lo mismo y acaban decepcionando. La más reciente de sus frases, hecha para emparejar a las mujeres con los hombres, acaba definiendo su lucidez política, que también es "mitad basura y mitad maravilla".

Nunca me he explicado cómo un hombre que es capaz de enhebrar ideas lúcidas, puede llegar a rozar la estupidez cuando se refiere, por ejemplo, al régimen que por cinco décadas ha hundido a Cuba en la indigencia social y moral. Aunque no le queda otro remedio que admitir su respeto “por alguien capaz de hacer huelga de hambre y morir por lo que cree” (sería el colmo que él también se prestara para desacreditar a Orlando Zapata Tamayo), Galeano de inmediato pone un punto y seguido y comienza a excusar a la dictadura.

“Contra Cuba se aplica una lupa inmensa que magnifica todo lo que allí ocurre cada vez que eso que ocurre conviene a los intereses de los enemigos de la justicia social”, dice. Como sé que Galeano conoce de sobra la realidad cubana, me pregunto qué entiende por justicia social. Luego, cae en la burda caricatura y recita de memoria el mismo estribillo de siempre: “Cuba sigue siendo un país ejemplar en su capacidad de solidaridad y en su dignidad nacional”.

Ya hacia al final de la conversación, el periodista de EFE le pregunta si Obama se habrá leído el ejemplar de Las venas abiertas de América Latina que le regaló Hugo Chávez. “No creo que el poder deje mucho tiempo para leer”, respondió. Entonces Galeano puede dar por sentado que Fidel y Hugo tampoco le han leído… Y eso se nota, ¿no?

7 comentarios:

Iván Pérez Carrión dijo...

Sobre todo Chávez. Ese no lee ni el letrero "Caballeros". Y si lo lee, puede crearle confusiones.
Y lo de Galeano es como dicen ahora "patético". Siempre me molestó un poco su aire de Diva. Y los años ya lo acercan a la Gloria Swanson de la película de Billy Wilder "Sunset Bulevard", pero con mucho menos glamur.

Armando González dijo...

muy bueno y totalmente de acuerdo con sus argumentos...!!!

Luis González Ruisánchez dijo...

Muy bueno. Ya sabes que Galeano me enerva.

Anónimo dijo...

Buenísimo : Galeano, Saramago, García Márquez etc. Solo ven donde quieren ver.

ANA CAÑIZARES dijo...

ES INCREIBLE!!! PARA CAMILO Y TODOS LOS EXILIADOS CUBANOS, POR MAS FAMOSO QUE SEA UN ESCRITOR ( SARAMAGO, GARCIA MARQUEZ, GALEANO,ETC. ) O CUALQUIER OTRO SER HUMANO, CARECERA DE LUZ E IMPORTANCIA SI ESE ESCRITOR O PERSONA HA MOSTRADO CIERTO ACERCAMIENTO A LA REVOLUCION CUBANA O NO HA DADO MUESTRAS DE SER UN CRITICO IMPLACABLE CONTRA DICHA REVOLUCION Y LOS CASTRO. CONVENCIDO ESTOY QUE ESTE COMENTARIO NO SERA PUBLICADO, POR CUANTO CAMILO NO ES MUY DADO A PUBLICAR OPINIONES ADVERSAS A SUS CRITERIOS, PERO TENIA QUE EMITIRLO.

Rodrigo Kuang dijo...

Ana Cañizares (digamos que es una Ana efectivamente, aunque dice "convencido estoy"), lo triste de personas como usted, es que no se satisfacen nunca con la objetividad. En ningún momento Camilo ha dicho que Galeano carezca de luz o importancia, y nadie diría semejante disparate de Saramago, García Márquez o cualquier otro complaciente con el régimen. Aquí se habla de posturas personales, y se juzga - con el derecho que da la libre opinión que no gozamos en Cuba - a una figura pública que, haciendo uso de su popularidad, contribuye a distorsionar la realidad de nuestra isla, al menos a pasar un velo de complacencia sobre el caos. Camilo pudo haberlo hecho con Lula o con Miguel Bosé, pero como su especialidad es la literatura, es normal que hable de Galeano.
No hay que ser "crítico implacable" de la dictadura para que un escritor famoso se libre de una crítica como esta, conque no hable cascarita es suficiente.

Mandy dijo...

Galeano es un hipócrita. Pero ser un hipócrita de izquierdas no es tan mal visto como ser un hombre consecuente de derechas, ese es la mierfda de mundo hipócrita en que vivimos.