28 ene. 2010

Salinger no pudo seguir siendo el guardián de Salinger

El 28 de enero de 2010 será uno de los tantos días del siglo XXI que han matado cosas del siglo XX. A partir de hoy, ningún otro escritor logrará entrar en la posteridad escondiéndose de sus lectores y negándose a escribir ni media palabra.

De ahora en adelante será imposible hacerse célebre sin asomarse todos los días a Twitter o dar las buenas noches en Facebook. Para mantenerse vigente, habrá que estar diciendo cosas relevantes a toda hora, algo que Jerome David Salinger detestaba de una manera rabiosa.

Antes de convertirse en un mito en 1951, cuando publicó El guardián en el centeno (The Catcher in the Rye), J.D. fue muchas cosas: pésimo alumno, escritor de cuentos que eran rechazados sin excepción por las mejores revistas de la época (hasta que por fin The New Yorker publicó uno de sus relatos en 1946), espía en Londres, soldado en Normandía y perseguidor de agentes de la Gestapo y colaboracionistas en Francia.

“Un día perfecto para el pez plátano” (1948) fue el cuento perfecto que convirtió a Salinger en alguien imprescindible en cualquier antología de relatos. Pero él, en lugar de regodearse en la fama, prefirió parecerse a su gran héroe, Seymour Glass, un veterano de guerra con vocación suicida, y renunció a la vida pública de una manera tajante.

Lo compararon con Twain, Hawthorne, Melville o Scott Fitzgerald, pero él en verdad fue nada más y nada menos que él mismo. Nunca la tragedia fue tan cómica como en sus historias, donde la gente se ríe cuando llora y llora cuando no le queda más remedio que reír. Siempre tuvimos la esperanza de que escribiera algo más. Ojalá que aparezca algún manuscrito en uno de sus escondites. Pero por ahora lo único cierto es que Salinger no pudo seguir siendo el guardián de Salinger.

3 comentarios:

Juan C Recio dijo...

Excelente, muy bello post, gracias compadre.

Juan Carlos Recio dijo...

Por culpa de su post me puse de papagayo y "poeta" a bajar las musas, se lo dejo, para que lo haga "centeno", ok.
Un abrazo,
JC Recio.

DE VUELTA AL GUARDIAN DEL CENTENO.
¿Acáso no matan a los caballos? H.Mc
(Inspirado por el post: Salinger no pudo seguir siendo
el guardián de Salinger) de Camilo Venegas

Si un cuerpo atrapa a otro cuerpo al ir por un trigal…
de saber si asomaste contra la espiga
escondido en esos laberintos
improvisados, de bruces al cielo
con la espalda en la humedad del abandono
de guardián que cayó tras sus orejas
y lejos, muy lejos padecía;
de saber que eras mi guardián en el centeno
que aún era un adolescente y me babeaba
sin que me entendieran
cuando me iba alejando de los próceres de la familia
y cuando anidaba como un pájaro
y la paja seca me encendía los ojos
y miraba por ello cuan dulce era mi abismo.
Era entonces mitad Seymour Glass
antes del regreso
y Tom Sawyer con Becky en la cueva:
pez, plátano, humo, temblor,
ante sus muslos colgados
en el andén del pueblo;
al menos un sueño que tenía
por muchos años mientras patinaba sobre el hielo
el imposible hielo de mis días
pudriendo.

Ahora río ante un negro taxista
en el amarillo desde donde refleja
esa pregunta absurda
¿adónde se van los pasos de un muerto
con los pies de bañista
a punta de un revolver en la cabeza?
¿Dónde van las flores marchitas
después que en los funerales las mostraron
como putas ardientes de cualquier ceremonia?
y los patos, que no cisnes, los patos…
¿adónde van los patos
que pasaron en vuelos razantes por mi ombligo?;
el patio del colegio la nariz que sangra
y el absurdo de masturbarse de la fiebre
como si no fuera justo salvarnos antes del alba.

De saber que es cierto si también matan a los caballos
nunca me hubiese detenido
ante la ruleta rusa
esa historia tan honda de llorar cuando me río
fuera de alguna de las tuyas desde donde espías
largas noches en vela
uno a uno en la grieta de los labios
parados con estirpe, como boca de cazador
y la ceniza contra el piso
las manos en la pared
mientras escucho sobre el techo de la casa
a los hijos de mis vecinos
dibujados tal vez en los caminos ocultos
como guardianes del sereno
usados en contra de su soledad
sin dejarme dormir
como si un látigo marcara mis fatigas.

Juan Carlos Recio
NY/ Viernes 29 de Enero del 2010.

Jesús Ernesto Aneiros Sosa dijo...

Gracias Camilo por el post. Ya tengo reservado el libro para leerlo este fin de semana. Aún así prefiero creer que más que cuidarse a si mismo, Caulfield-Salinger ansiaba cuidar a otros, en un sueño loco porque no podemos vivir la vida por los demás.

"Anyway, I keep picturing all these little kids playing some game in this big field of rye and all. Thousands of little kids, and nobody's around — nobody big, I mean — except me. And I'm standing on the edge of some crazy cliff. What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff — I mean if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them. That's all I'd do all day. I'd just be the catcher in the rye and all. I know it's crazy, but that's the only thing I'd really like to be. I know it's crazy."