7 ene. 2010

ORWO

Esa palabra de cuatro letras, partidas en dos, contiene toda la música que oímos los que crecimos en la Cuba de finales de los setenta y principios de los ochenta. Aunque los cassettes ORWO eran fabricados dentro de un muro, al menos a nosotros nos permitieron derribar otro, aquel que nos impedía oír la música que más nos gustaba.

Tuve un amigo del que sólo recuerdo su nombrete, Pepillo, que tenía cientos de ORWO. El padre trabaja en el DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria) y los sustraía para que su hijo pudiera grabar el hit parede semana tras semana. Pepillo jamás escribió nada sobre las etiquetas, pero mantenía oculto un libraco enorme donde asentaba con esmero todos los créditos de sus grabaciones.

Con mucha paciencia, dividiéndolos en sílabas si era preciso, Pepillo nos enseñaba a pronunciar los nombres de los artistas y las canciones. Sin quererlo, nos evangelizó en una música que hacía época en las cuatro esquinas del mundo y que en Cuba sólo entraba por FM, una frecuencia de banda desconocida para los radios VEF 206.

Sé que es una aberración de mi parte, pero muchas veces, cuando vuelvo a escuchar aquellas cosas, me veo claramente rebobinando un ORWO a punta de lápiz, para que en la grabadora pudiera seguir sonando eso que, aún prohibido, nos colocaba en tiempo y espacio, conectándonos con el mundo ancho y ajeno.

2 comentarios:

otro pepillo dijo...

coñoooooooooooooooooo asere la partiste. eso esta bestial. un abrazo grande.

Zhema dijo...

Me recuerdas cuando en los años 60 fuimos "enjuiciaados" en un Pleno Estudiantil, en Tarará, por escuchar a los Beatles (clandestinamente por supuesto) en lugar de escuchar a Pello el Afrokán. Lo musical lo defendió Silvia Lora, la sobrina de Luis Carbonell. Nos quitarón tres "pases" de fines de semana.