8 dic. 2009

El hijo de Guillermo Tell prefirió poner la manzana en la cabeza de su amiguita

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, el pequeño apartamento de Puchi Fajardo (hija de Piti, el comandante) se convirtió en un inmenso refugio para un montón de jóvenes creadores cubanos. Músicos, poetas, pintores, filósofos y algún que otro nuevo loco, nos reuníamos allí semana tras semana a compartir nuestras cosas y, sobre todo, a imaginarnos el futuro de Cuba.

Algunos parroquianos eran más constantes que otros, pero a la hora que fuera y el día menos pensado, uno siempre se encontraba allí con Kiki Álvarez, Omar Mederos, Bladimir Zamora y Carlos Varela. Con la ayuda del peor de los rones y la abulia de una Habana que empezaba a hundirse en el Periodo Especial, aquellas jornadas se extendían más de la cuenta.

Cuando leí las declaraciones más recientes de Carlos Varela sobre nuestro país, sobre Estados Unidos y sobre Yoani Sánchez, recordé muchas historias de aquella época en que ninguno de nosotros, en ninguno de aquellos ejercicios de adivinación, ni siquiera llegó a sospechar lo que en realidad acabó ocurriendo.

Respeto mucho lo que piensa Carlos, por el cariño con el que recuerdo los años duros y por la compañía que me han dado sus canciones durante todo este tiempo en que no he podido volver a La Habana. Sé que Carlos no sería capaz de decir nada que en verdad no piense. Quizás es por eso que lamento tanto que el hijo de Guillermo Tell prefiriera poner la manzana en la cabeza de su amiguita.

5 comentarios:

Odette Casamayor dijo...

¿dónde leer las declaraciones de varela, camilo? gracias.

Niurkita Palomino dijo...

quien lo diria. que personaje.

Evidencias dijo...

A mi me dio bastante rabia y eso que no muerdo ni nada.

Anónimo dijo...

tu primer post lleno de decepción ... recupérate pronto ...

Dagmar Muñiz dijo...

Estas cosas me entristecen profundamente.