1 sept. 2009

Ese espacio angosto donde se acaba la infancia

En las primeras páginas de Pelando la cebolla, Günter Gras describe con precisión el momento exacto en que dejó de ser un niño: “Mi infancia terminó en un espacio angosto, cuando, donde me criaba, la guerra estalló simultáneamente en varios sitios. Comenzó, inconfundible, con las andanadas de un navío de línea y los vuelos de aproximación de bombarderos en picado sobre el suburbio portuario de Neufahrwasser”, recuerda Grass.

La infancia de los que nacimos en Cuba en los años sesenta del siglo pasado también se acabó en una guerra, pero el campo de batalla estaba a miles de kilómetros de nosotros, en África. En el verano de 1975, tres viejos barcos y tres aviones descontinuados transportaron a un contingente de más de 10,000 soldados cubanos a luchar en las selvas de Angola.

“Por los tragaluces del edificio se veía ascender un humo negruzco sobre el puerto franco, un humo que se renovaba con los continuos ataques y el suave viento del noroeste”, recuerda Günter de aquellos días en que todo a su alrededor comenzó a desmoronarse. Aunque todas las bombas de la guerra de Angola cayeron en su territorio, la honda expansiva le causó graves daños a mi país.

Esa es la razón por la que el lugar donde se acabó nuestra infancia luce ahora irreconocible. Todo lo que nos rodeaba parece ahora un campo de batalla, algo mucho más devastador que una conflagración acabó por reducir a ruinas.

2 comentarios:

Cero Circunloquios dijo...

Lo recuerdo perfectamente. Mi primo también fue a esa guerra. Recuerdo el día que fue al Pre y me espero hasta que yo saliera. Cuando lo vi allí, recostado al muro empecé a llorar. Como recuerdo el día en que trajeron los cadáveres de una guerra que no era nuestra.

Niurki

Hilario González dijo...

Tantos recuerdos me vienen a la mente, yo naci 30 años antes que tú. ¡Imagínate! ¡Excelente, texto, muchacho!