26 ago. 2009

¿Para dónde doblamos ahora, Bob?

No todas las voces son buenas compañeras de viaje. Yo por ejemplo, tengo una reducida lista para ese momento en que Perla Negra sale a las aguas abiertas de una autopista y pone proa a un largo destino. Para llegar a esa conclusión, me he basado en la lista de reproducciones de mi iPod.

En los últimos meses Andrés Calamaro, Bob Dylan, Jorge Drexler, Lucinda Williams y Paquito D’Rivera (su saxo es también una voz) tienen una gran ventaja sobre sus más cercanos seguidores, un grupo de diez o veinte apellidos muy sonoros de los que no puedo prescindir al menos una vez por semana.

Hoy El País publica una singular noticia. Para los que suelen viajar con la música de Bob Dylan de compañía, dos empresas británicas utilizarán su voz en un nuevo servicio de navegación por satélite (GPS). Aunque él mismo se ocupó de anunciarlo, advirtió a los futuros clientes de la singular “brújula” de los riesgos que corren.

“No creo que sea la persona indicada para orientar a nadie, yo siempre acabo en un lugar, la avenida Soledad. Por suerte no estoy completamente solo: Ray Charles me lleva hasta allí”. Mientras Ray lleva a Bob, Bob lleva a otros y así sucesivamente. Ese es el laberinto de la modernidad en la que nos hemos metido.

Ya no basta con oírle decir las cosas más increíbles y hermosas desde una mínima caja de metal y plasma. Ahora, además de impulsarnos con sus metáforas, a Bob le podremos preguntar hacia dónde doblar en la próxima esquina.

“Creo que sería interesante que puedan escuchar mi voz cuando busquen direcciones. Diría algo así como: A la izquierda en la próxima esquina… No, mejor a la derecha… ¿Sabes qué? Sigue recto”, sentencia Bob. Envidiable lucidez, ¿no? Sobre todo cuando uno sufre tanto con la depauperada imaginación de otros a los que alguna vez llegamos a comparar con él.

1 comentario:

Palomino dijo...

Si la comparación es con quien me imagino, a ti nada más se te ocurre. Silvio Rodríguez nunca le llegó ni a los tobillos a Bob. Demasiado guajirito soy, yo te quiero libre y revolucionario quiero ser. Silvio es el más fiel retrato de la doble moral cubana añejada en 50 años de catastrofe nacional.