7 jun. 2009

Mirtha y Titón

Corrían los primeros años de la década del ochenta. Yo estudiaba en la ENA (Escuela Nacional de Arte) y, aunque nunca había tenido un tocadiscos, me encantaba ir a la tienda de La Copa a ver las carátulas de long plays. Un día, mientras manoseaba los volúmenes de Tríptico y trataba de imaginarme lo que Silvio cantaba ahí adentro, llegaron Mirtha Ibarra y Tomás Gutiérrez Alea. Ella vestía una saya cortísima y él sólo revisó los discos de música clásica. Ahora, mientras leo Titón, volver sobre mis pasos (Ediciones Unión, 2008), recuerdo aquella escena una y otra vez. El libro de cartas y escritos de Tomás Gutiérrez Alea me ha forzado a volver sobre aquellos tiempos en que la palabra utopía estaba en la punta de la lengua de todos nosotros. Gracias al volumen (cuya pobre edición nos impide hacer todas las lecturas que merece) he podido reconstruir una época de la que sólo fui un espectador. Es una verdadera pena, una vergüenza, que Cuba desperdiciara a un cineasta como Tomás Gutiérrez Alea. Esa es la lección que deja el volumen compilado por Mirtha Ibarra. Con Titón, no sólo se perdió a un cubano pensante, sino a un revolucionario (y pido, por favor, que se le de a esa palabra aquí su justa medida) que pudo haber construido una obra mucho más grande de la que hizo. He dedicado todo el fin de semana a volver a ver sus películas, viéndolas, me imaginé las que nunca se hicieron, las que la mediocridad y la miseria acabaron impidiendo. Releyendo Titón, volver sobre mis pasos, regreso a La Habana de principio de los ochenta, me voy a La Copa y veo que Mirtha y Titón acaban de llegar. Soy feliz, soy un adolescente feliz y quiero que me perdonen por este recuerdo los muertos de mi felicidad.

4 comentarios:

Laberintos dijo...

Muy bonito, realmente has logrado trasmitir el estado de gracia que existió en tu momento.

Hilda H. Vives dijo...

Comienzo mi escrito diciéndote que soy de Cumanayagua, y mi casa está casi frente a la Terminal, antigua estación del tren, pero desde hace nueve años vivo en Las Palmas de G.C. Soy seguidora de tu Blog, y me gusta mucho como escribes, por lo que te he recomendado a muchos amigos; y uno que me ha dicho que te pregunte si estudiaste en El Nicho, porque a él le parece que tu cara le es familiar y que te dio clases por estos años (1978-82), su nombre es Luis Diez, también por esa época trabajaban allí__ El Chije, Baute, y Acosta. Esperando tu respuesta,

Napo dijo...

Hola Hilda, de verdad que este mundo cada día se hace mas pequeño. Vengo a leer a Camilo casi todos los días (o cada vez que postea). También soy de Cumanayagua y conozco a toda esa tropa que mencionas ¿es cierto que el Chije y Baute están Miami? Inicialmente estaban en Canada, pero creo que terminaron en USA.
Saludos

Ana Zilma Miranda dijo...

Diablos, esto es muy simpático...La esquina del villaclareño ausente. Jijijijiji