24 mar. 2009

La estatua de Casandra Damirón

Las estatuas son lo que menos me gusta de los parques. Prefiero la sombra de los árboles, ese silencio que suele circular a favor del viento. En el parque Villuenda, en Cienfuegos, está emplazada la mejor burla que se le pueda hacer a esa manía de eternizar a los próceres en una pose de bronce.
A un escultor europeo, si mal no recuerdo italiano, le encargaron dos estatuas. Una era del independentista cubano Enrique Villuenda, que sería colocada en el parque cienfueguero. La otra, de un poeta menor, iría a parar a un olvidado pueblo de Suramérica. Por error, dejaron en Cienfuegos al poeta y se llevaron al patricio.
 Esa es la razón por la que Enrique Villuenda está despeinado y rodeado de libros por todos lados; mientras el poeta, esté donde esté, carga al machete contra el enemigo, mientras su caballo permanece parado en dos patas.
Cuando llegué a Santo Domingo me perturbó un poco la idea de vivir en una ciudad que apenas tiene parques (sobre todo para alguien que venía de El Vedado, donde están los más espléndidos de La Habana), pero de inmediato advertí que había una recompensa: a menos parques, menos estatuas.
Ese equilibrio se desquebrajó ayer, cuando emplazaron en la Winston Churchill una de las estatuas más horrendas que he visto en mi vida. Por Cuquito Moré aprendí a valorar ese eje que baja desde Arroyo Hondo hasta el mar. Es cierto que no tiene la suntuosidad de la Avenida de los Presidentes o de Paseo, pero cuando Cuquito la explica, uno se enamora de la que, probablemente, sea la única avenida de Santo Domingo que invita a que la caminen, a que la miren con descaro.
Desde anoche ese paseo tiene un obstáculo insuperable. La estatua de Casandra Damirón es insalvable desde todo punto de vista y destroza su entorno. Con una base que parece un urinario y una escultura de un mal gusto exagerado, la mole se nos atraviesa delante, impidiéndonos disfrutar de la belleza de los árboles y la modestia del parque.
Al síndico Roberto Salcedo hay que aplaudirle su vocación por construir espacios públicos en una ciudad que los necesita con urgencia, pero hay que prohibirle terminantemente que emplace una estatua más, porque en eso tiene un peor gusto que su hijo para hacer cine.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegra que reconozcas a los parques de El Vedado. Sin embargo se te olvida algo. Santo Domingo tiene pocas estatuas pero creo que tiene las tres más feas del UNIVERSO...La del inmigrante que está emplazada en la Ortega y Gasset con 27 de Feb. El Martì de la Avenida de los Próceres con Rep. de Colombia y ahora Doña Casandra. Si no puedes ya pasar por la Churchill, creo que se te van cerrando las vìas cada vez màs.

IPC dijo...

Camilo,
Por suerte para mí por lo que dices, no la he visto. Cuánto quiisiera mantener mis pupilas vírgenes, al menos de este horror. Aunque he visto otros, que no son estatuas, sino parques llenos de lozas de baño multicoloes, " a lo Salcedo" (padre o hijo), como el que está donde empieza la Leopoldo Navarro y termina la Kennedy,
Porque no tengo dudas, por lo que deja entrever la foto y lo que dices, que no se puede eeperar otra cosa.
¡Apretate, vate!
Un abrazo,

Anónimo dijo...

Mucho que disfrutamos los parques de El Vedado y los de Miramar. Muchìsisimos recuerdos preciosos, desde una pelota que ingenuamente le iba a pegar a una panza embarazada, las fotografìas familiares al mes de llegada de una princesa, los espejuelos robados de Lennon, las travesìas para llegar a casa de los parientes las noches despuès de cenar...en fin los parques forman parte de la vida de cualquier Habanero o emigrado a la Habana

Anónimo dijo...

y quien es la casandra esa?

CM dijo...

Compadre, coincidimos plenamente! Hasta llevé a mi esposa para mostrarle el esperpento!

Anónimo dijo...

Camilo... no la he visto...pero ya se han adelantado los comentarios al respecto.. ahora bien debes sentarte a esperar que la municipalidad te nombre persona non grata...y quien sabe si te incluyan indirectamente en una ¨pelicula¨ (le llaman asi) como un personaje monstruoso...