3 ene. 2009

Los seis lados del paquete

Todos los días mi Inbox se llena de emails que polemizan, de una manera o de otra, sobre la realidad cubana. Mabel Caballero, una periodista española que quiero muchísimo, se burlaba de mí, y de todos los que nos reunimos en casa de Pedro Ramón López el 24 de diciembre, porque no pudimos deshacernos del tema de Cuba mientras cenábamos. “Yo le hubiera trinchado la garganta al que me preguntara por Franco a esa hora”, me escribió en el muro del Facebook.
De cierta manera Mabel tiene razón. Por más lejos que estemos y por más distanciados que parezcamos, los cubanos no dejamos de hablar de Cuba y de la “situación” (esa palabrita que, entre nosotros, ha adquirido infinidad de significados). Pero hay un detalle, Franco está muerto y la sociedad española ha superado casi todos los males de su dictadura. En Cuba, en cambio, el dictador aún respira y, por lo que se ve, la nación puede morir antes que él.
Muchas de las polémicas que han abarrotado mi email son inútiles, no por el tema que tratan sino por la manera en que se desatan. Otras son hipócritas, como aquella sobre la aparición en la televisión cubana de Papito Serguera. No pocos de los que gritaron entonces, alarmados por lo que significaba la resurrección de semejante personaje, han hecho un silencio que roza en la ignominia frente a otros sucesos mucho más graves.
Hoy he amanecido con otra polémica en el Gmail. Hay un grupo que dice que las duras declaraciones de Pablo Milanés en España llegaron demasiado tarde y que les parecen, en el fondo, hipócritas. Otros, en cambio, creen que nunca es tarde si las intenciones son buenas y se alegran de que el trovador por fin diga lo que realmente piensa, que es una de las tantas costumbres que se han perdido en Cuba al cabo de 50 años de represión.
 Una inmensa mayoría de los cubanos ya están convencidos de que la revolución les estafó la conciencia y le robó todas las esperanzan que tenían. Muchos de los intelectuales que ahora hacen silencio para preservar su permiso de salida, su residencia en La Habana o quién sabe que prebenda, también lo saben. Pero una cosa es arremeterla contra Papito Serguera y otra decir lo que dijo Pablo.
Yo, que alguna vez le hice el coro en “Yo me quedo” y que grité convencido “Creo en ti”, sé que el paquete tiene seis lados y todo depende del sitio donde uno esté parado y del lugar desde donde se mira. Lo importante es que gente como Pablo denuncie esa atrocidad en la que se ha convertido el fidelismo (deberíamos empezar a preservar la palabra revolución para otras cosas que de verdad revolucionen), lo importante es que cada vez sean menos los que hacen silencio.
Eso ayudará a que se caigan las envolturas y a que quede al descubierto lo que de verdad pasa allá adentro.

5 comentarios:

Blanca Acosta dijo...

te faltaron los colabracionistas. nunca escuchas sus nombres porque no quieren perder los vinculos y el dinero que ellos generan con el regimen. yo conozco 3 con nombres y apellidos y expresamenete les he manifestado mi deseo de no tener comunicaciones con ellos, una verdarera 5ta columna.

Connie dijo...

Muy bien dicho. Gracias Camilo.
Abrazos,
Connie

Una habanaera dijo...

Camilo, por un omento creí que tú eras pafrte de aquella gente de la uneac oficialista. siempre fuiste nobre y carismatico pero ahora se que eras honesto también. Te admiro.

Anónimo dijo...

Bien!!! asere, bien!!!!!

Mabel dijo...

Pero qué es esto, Venegas? Nadie te escribe para insultarte? Qué decepción! ¿Puedo hacerlo yo?