17 dic. 2008

El árbol oscuro

No me gusta la Navidad. No sé disfrutarla. Me aturde esa felicidad artificial que lo invade todo. Cuando vivíamos en La Habana y la Navidad era un antiguo cuento de familia, uno de los tantos recuerdos del “tiempo de antes”, tenía otro encanto. Pero ahora que le conozco en persona, me es antipática, me molesta.
Debajo del andén de Camarones, mi abuela guardaba los restos de un nacimiento y las bolas sin luz de un arbolito que nunca más se volvió a encenderse después de 1970. Ese año, con el pretexto de la Zafra de los Diez Millones, Fidel desterró a los Reyes Magos (como antes lo había hecho con los curas) y prohibió todo festejo entre la Nochebuena y el Día de Reyes.
Aunque después de la visita de Juan Pablo II a la Isla se despenalizaron esos días y se decretaron feriados otra vez, los cubanos de hoy no saben cuándo celebrarlos ni tienen como. Cinco libras de arroz al mes, algunas onzas de frijoles y un pedazo de carne de contrabando son lo justo para sobrevivir, no alcanzan para una fiesta.
El viernes llega a Santo Domingo el tío Aramís. Vive en Miami desde los años sesenta y no ha vuelto a Cuba nunca más. Mi madre lo espera ansiosa. Una a una, volveré a oír las mismas historias de siempre, como si sucedieran otra vez, fuera ya del espacio y el tiempo. Esos recuerdos serán mi arbolito de Navidad y mi única fiesta, sólo en ellos permanecerá encendido aquel árbol oscuro que mi abuela Atlántida tuvo que esconder debajo del andén.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Camilo,

Disfrute mucho tu escrito. Gracias.

Eugenio.

Anónimo dijo...

Tu hija también puede ser tu fiesta, aunque no tenga que llegar de Miami...Tu eres su fiesta también. A ninguno nos gusta la falsa alegría, nos va mejor la familia y la mesura.

Odette Alonso dijo...

Esa es nuestra historia de la Navidad: los árboles adornados en la memoria de la infancia y luego escondidos en la caja más oculta del armario, los juguetes que nunca más se pusieron a su sombra. A mí tampoco me gusta la época ni los villancicos... hablan de cosas que no conocimos, que ni siquiera llegaron a ser nuestras en aquellos pocos años que todavía pudimos verlas. A más de que cómo va a nacer Jesús el 25 si la santísima concepción fue el 8 de diciembre... ¡ni que fuera mosquito!
Un abrazo Camilo, con el tono de la temporada y con el cariño probado de siempre.

Anónimo dijo...

Camilo, soy cubano como tú y guajiro como tú. Tengo que decirte que tu blog es una de las cosas que más disfruto. Siempre entro para ver si hay algo nuevo. Eres un gran escritor y lo que más me gusta de tus escritos es que son muy sencillos pero cubanísimos. Gracias por lograr que me sienta más cerca de mi tierra desde Montevideo, donde vivo y soporto a todos los me hablan de Cuba como si fuera un paraíso. Yo les he dicho que le cedo mi libreta de abastecimiento al que quiera irse para allá.
un abrazo. Carlos, placeteño

Anónimo dijo...

Tenemos algo en común. A mi nunca me ha gustado este tiempo de navidad. Todo el mundo con sus falsas sonrisas y el desespero de no encontrarse solo- de tener alguien que le regale algo, de regalar a los demas... la presión de tener alguien y estar con alguien en "new Year". Hoy tenemos nieve y mucho frio me siento que estoy atrapada en un abolita de esas que unos mueve y parace never dentro de la bolita de cristal..
La verdad es que esta época me deprime mucho y me choca tener que fingir alegría para los demás.
Angela

alejandro dijo...

Camilon; lindo texto. Me parece que estamos descargando en el malecón botella por medio, que es algo así como nuestro equivalente simple y cotidiano al lado pagano de la Navidad. Esos breves y escenográficos días que vive una buena parte del mundo (al que por mucho tiempo nos hicieron creer no pertenecíamos); no tienen para mi mucho sentido, ni me obligan a nada. Apenas otro pretexto para la fiesta y el encuentro con la gente cercana física y emocionalmente. Vacaciones con pretexto. Demasiados rituales absurdos tuvimos y otros de los que carecimos. Ahora solo nos queda la bendita irreverencia y un sentido mas humano y personal de la vida. Un abrazo para ti y los tuyos, y ojala nos bebamos pronto esa botella antes mencionada. Ah! y gracias por los recuerdos del ferrocarril, por tu viejo y por el mio!!!

Cristina Maria dijo...

Que porqueria (si, claro). Me encanto, Cami. Lo disfrute desde la foto de Camarones hasta el punto final...
Te quiero mucho,
Cristina

Anónimo dijo...

Camilo:
Alguna vez te invitaré al convite que hace mi familia cada año para elaborar conjuntamente un dulce de navidad, cuya fórmula es mutante, pero que arranca de una herencia familiar de mi esposa, que es apellido Camilo por demás. Esta vez lo haremos fuera de la ciudad, pero te prometo robarme una pieza para ustedes que tienen el alma rota, y para tu tío y tu madre que al menos tienen el recuerdo de esas cosas tan simples como son las de la fraternidad.
José Israel Cuello

Anónimo dijo...

Eres un barbaro.
Un abrazo y pasala bien.
FELICIDADES, ESPERO LA PASEN BIEN, SALUDAME A LA FAMILIA Y BESOS A TU HIJA.
Orlando

Anónimo dijo...

porque la de verdad no la conociste de ninno. que tus padres te llevaban a ver las vidrieras llenas de juguetes, que las tiendas cubanas estaban adornadas como saks, lord and taylor, las mejores tiendas de 5ta avenida.
que si eras de modestos recursos te llevaban alos reyes magos a ver los juguetes, si tenias un poco mas a fao & schawrz y te quedabas boquiabierta.
que el espritu navidenno estaba en las calles alegres, y la familia, larga o corta se reunia, y no para hablar de castro.
que te llevaban al coniailand a comer castannas asadas.
yo tampoco disfruto l as de ahora. me son como impuestas y es el comercialismo de navidad.san valentina.easter.jalohuin, sangin.navidad.
BLANCA

Anónimo dijo...

Me robaste la idea y no me diste ni chin de credito, decarao, el arbolito oscuro era el de nosotras....lograr que una niña no sufriese porque no tiene navidad, es algo muy bien manejado, no crees? claro que esto no es para publicar

Cuando de ellas se trata... dijo...

Sin duda alguna has tenido un arbolito de Navidad con luces brillantes, cargado de risas, alegría y buenos momentos.