1 dic. 2008

Carteles son carteles

Cada vez que iba con mis padres a La Habana, llevaba en mi cabeza una lista de cosas que quería volver a ver: los elevados de la Estación Central, los barcos amontonados en el puerto, el muro del Malecón, los túneles, el Zoológico y todas las cosas de aquella gran ciudad que deslumbraban a cualquier guajirito.
Pero además de esas obras grandilocuentes y obvias, había pequeños detalles que también me fascinaban: el taller donde mi tío Cirpiano, el marinero, atesoraba las más inconcebibles herramientas; una ventana de mi tía Nellina que daba a un aserradero, la acera de mi abuela Eloisa, en la calle 50, y los carteles de los alrededores de la Universidad.
Cada vez que la guagua se precipitaba por esa especie de montaña rusa que es la calle San Lázaro, yo le pedía a mi padre que me cargara para ver aquellos letreros escritos a toda prisa y que por aquella época acababan de restaurar. Cada vez que eso sucedía, mi padre me tenía que repetir la historia de los jóvenes que pintaron aquellas palabras contra la dictadura de Fulgencio Batista.
En la madrugada del 27 de noviembre, en San Germán, Holguín, nueve jóvenes fueron arrestados en un operativo realizado por la Seguridad del Estado. Aún hoy continúan incomunicados y sin que sus familiares tengan noticia alguna de ellos. Según los esbirros que los retienen en la Unidad de Operaciones de Pedernales, en las afueras de de Holguín, se les acusa de “propaganda enemiga”. Una pequeña nota publicada en Encuentro en la Red, asegura que “durante más de un mes, el municipio de San Germán, en la provincia Holguín, fue testigo de una inusual ola de carteles antigubernamentales, sin que se hallara a los autores”.
Entre los apresados hay estudiantes universitarios, jóvenes con la misma edad de aquellos que pintaron sus gritos de protesta en las paredes de la calle San Lázaro. En San Germán ya deben haber borrado, palabra por palabra, todos los grafittis. Como ni siquiera para la Batalla de Ideas hay suficiente pintura, una de las salidas que se le suele dar a este tipo de situaciones es poner “viva” donde dice “abajo”.
Pero esa argucia se revierte. Es muy probable que cuando los guajiritos que ahora vuelven a La Habana se asombren con los carteles de la Universidad, también pongan otro nombre donde dice “Batista”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, entre a tu blog por un link del de Zoe Valdez y me gusto mucho, sobre todo la historia de las estaciones. Nací en Sagua la Grande y apenas viví allí. Me gradué de Ingeniería en trenes(un invento del comunismo)pero casi no la ejercí. Trabaje en el “petróleo” de Varadero así que Matanzas me es muy cercana y creo que lo relaciono con los mejores momentos que recuerdo de Cuba, aunque no me mezcle con la intelectualidad.
Dices que resides en Santo Domingo. Te refieres al municipio de Villa Clara o a la “república”. Los nombres tienden a confundir, no e velda?
Carlos
Lancaster, Pennsylvania(un estado de la unión, y no donde nació Dracula como me pregunto un Intelectual nuestro)