22 sept. 2008

Idiotas e imperfectos

Aborrezco la utilización de la “e” entre dos “i” o de la “u” entre dos “o”. Pero en este título me es incontrolable. Hace una semana escribí un elogioso post sobre El regreso del idiota, la saga de aquel manual que Plinio Apuleyo, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa publicaron hace diez años.
Recibí al menos dos emails muy agresivos, uno de ellos de un “perfecto idiota”, el otro, de un imperfecto indefinible (y digo imperfecto según la acepción que esa palabra tiene entre cubanos). Uno de los grandes aciertos de Fidel Castro como estratega comunicacional es haber logrado la descalificación de sus adversarios.
Históricamente los ha hecho desmerecedores de todo, incluso del rol de enemigos. Uno de los que ataca mi post, admite que nunca leería a ninguno de los tres autores de El regreso del idiota. ¿Cómo puede entonces tener una opinión sobre sus obras?, le pregunto. Yo, que sí los he leído, podría decir, por ejemplo, que Plinio y Álvaro son excelentes periodistas.
Actualmente me gusta más García Márquez en El olor de la guayaba que en muchas de sus obras, las cuales para mí ya no soportan una relectura. El libro de las entrevistas radiales de Álvaro es joyita, una lección sobre cómo se puede ser entretenido y lúcido hasta en las más altas horas de la madrugada. Admito que hasta hace no tanto, nunca había leído ni me había tomado en serio a Carlos Alberto Montaner.
Él más que nadie ha sido víctima de las burlas y las descalificaciones que han recibido los adversarios de Fidel y la revolución. Cuando empecé a leerlo entendí por qué. Es uno de los enemigos más coherentes y lúcidos. Es difícil debatir con él a través de las ideas, por eso hay que llevarlo al campo de la chusmería y de los actos de repudio.
Para los perfectos e imperfectos (me prometo a mí mismo que es la última vez que uso una “e” en esas circunstancias) uno deja de ser inteligente y pierde lucidez cuando ataca a la revolución cubana y reconoce alguna virtud en sus adversarios. Cuando se cruza esa raya roja, se empieza a desmerecer. Corro el riesgo. Creo que es más llevadero cargar con su desprecio que con el de mi hija, cuando llegue el momento en que me pregunte qué hice o qué dije durante la dictadura que corroyó mi país, el suyo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Camilo:
Primera vez que comento algo en tu magnífico blog pero quiero que sepas que desde hace meses ocupas el quinto lugar en la carpeta Cuba de Mis favoritos. Yo me lei estando en Cuba el Manual y luego otro de CAM sobre la historia de Cuba y creemos, yo y todos mis compañeros y amigos que los leímos de un tirón en aquel entonces, que ambos libros deberán ser textos obligados en nuestra futura Cuba.

Ana Tania dijo...

Así es, Camilo. Quien tiene al menos un dedo de dignidad, le importa poco el otro dedo -el acusador- que desde mucho ya nos señaló en la banda de los no confiables. Total, peor para ellos; porque nosotros al menos tuvimos la valentía de optar.

josearias dijo...

Camilo...soy jose arias, me quedé esperando las respuestas a mis preguntas sobre Cuba y la izquierda dominicana.
Espero tu atención en los días por venir...

Abrazos...José Arias
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