17 jul. 2008

¿Por qué tenemos que esperar el Final?

Ayer, de su puño y letra, Fidel le pidió a su “querido Randy” que hiciera pública una declaración suya sobre el equipo olímpico de pelota. “Conocí hoy que están muy disgustados”, le dice a su vocero predilecto y lo reprende, de paso, por haberse sumado a la ola de críticas que ha provocado en la isla la más reciente derrota de su novena ante Estado Unidos.
Casi todos los párrafos de la declaración están dirigidos a los propios peloteros, incluso el último, donde el convaleciente líder se reafirma como un ente plenipotenciario e inapelable. “No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia”, dice refiriéndose a los peloteros que han desertado y firmado contratos de Grandes Ligas.
Recuerdo el día en que Germán Mesa regresó al campo corto de Latinoamericano. Yo estaba allí, junto a Luis Lorente y 50,000 aficionados más. Lo primero que hizo Germán fue besar un puñado de tierra púrpura y llevársela al pecho, para restregarla sobre la palabra Industriales. Luego me contaron que incluso en la transmisión televisiva, la ovación ahogó la frase mezquina que Héctor Rodríguez tenía preparada para la ocasión.
Me gustaría estar el día en que el Duque Hernández, José Ariel Contreras y Liván Hernández, entre muchos otros, reciban todas las ovaciones que los cubanos les deben. Nadie ni nada va a impedir eso. No hay edicto, ni ley, ni declaración ni mordaza que lo pueda impedir para siempre.
“¿Por qué no esperamos el final de las Olimpiadas para discutir a fondo y de forma verdaderamente democrática la responsabilidad de todos los que tienen que ver con el deporte cubano?”, se pregunta Fidel en su breve texto. ¿Por qué tenemos que esperar el Final para discutir a fondo y de forma verdaderamente democrática la responsabilidad de todos los que tienen que ver con el destino de Cuba?, pregunto yo, en el mío.

4 comentarios:

Blanca Acosta dijo...

No he visto, ni en los caprichos de Goya cuadro más lamentable.
Yo tuve la suerte de poder aplaudir al Duque (que no quiero que le pase lo que a la vieja bruja, debe retirarse ya) en el Yankee Stadium.
al Latino sólo fui con mi padre y hermano o con mi esposo (que murió hace poco en Cuba) e hijo.
Pero en el caso de aquí queria sentirme orgullosa...y como me habían regalado una entrada...hombre, para los bleachers, pero da igua. ¡Qué cubana me sentí!
Y, aunque por el momento, no puedan regresar (recuerda que eso mismo dijo en el 59 y cuando el Mariel, pero la dura realidad económica hizo que se le quitara la perreta, y ahora los gusanos nos convertimos en mariposas) son glorias de nuestra patria.
Vas bien Camilo. insisto en hacer una antología y escribir yo el prólogo, compartimos una infancia villareña, aunque yo soy de La Habana y parece que tenemos más o menos la misma provecta edad. ...Y no estamos ni con los tirios ni con los troyanos, sino con la democracia y la libertad,
Blanca
ps. voy a empezar a creer que tu eres como Falcon, un ente imaginario. aquel en la mente solo de mis tios y padre.

Pedro Ramón López dijo...

MUY BUENO!!!!

Antonio Gómez Sotolongo dijo...

Así que eres amigo de Luisto Lorente, ¿sabes algo de su vida? Fuimos muy buenos amigos durante mi estadía en Matanzas, allá por los finales del 70 y principios de los 80's. Fanático de los versos, la pelota y claro, los tragos.

Carlos Acosta dijo...

Desde Estocolmo celebro los textos encendidos de este Fogonero. Gracias, hermano, por decir las cosas como son o como fueron, que no es lo mismo, pero es igual, como diría Carlos Varela. Yo saoy de Nuevitas y mi infancia también está marcada por los trenes. pero ya aquello, como casi todo en nuestra patria está en ruinas. Me gustó mucho lo de Isabela de Sagua, un lugar que conocí y era bellísimo. Qué pena que el castrismo hundió nuestra isla.