3 jun. 2008

Los espirales del regreso

Mi hija Ana Rosario salió de La Habana hace siete años, el nombre de su email dice la fecha exacta: "adioscuba2001". Hace una semana cumplió 15 y sus padres le quisimos regalar un viaje. Le dimos varias opciones, pero en primer lugar le ofrecimos la posibilidad de que volviera a El Vedado y se reencontrara con los lugares de su infancia.
En dos semanas se irá para el destino que finalmente eligió. Las ruinas de Pompeya la sedujeron más que las ruinas de su patria. El Mediterráneo le pareció más provechoso que el Golfo de México. La ida la sedujo más que el retorno, el porvenir le atrajo más que el pasado.
En una entrevista que Jorge Luis Arcos le hizo recientemente a Lorenzo García Vega para Cubaencuentro, el anciano escritor del Grupo Orígenes también se resiste a la idea de volver a su país. “Exilio, insilio, el carajo bendito. Ya, pasado el tiempo, no sé ni lo que quiere decir eso”, dice el autor de Los espirales del cuje.
Puesto a escoger, García Vega preferiría tener la oportunidad de terminar sus días en Buenos Aires antes que volver a La Habana o a su natal Jagüey Grande. “No sé, creo que me he acostumbrado a ser un apátrida”, concluye tajante. Ana Rosario y Lorenzo pertenecen a generaciones muy diferentes y abandonaron países muy distintos, pero en el fondo tienen el mismo miedo, nada de lo que hay allá tiene que ver con lo que ellos dejaron.

5 comentarios:

Odette Alonso dijo...

Así es, Camilo. Nada tiene que ver allí con lo que dejamos ni con lo que alguna vez quisimos. Como dijera nuestro Delfín Prat:

No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz
Ese mar de las arenas negras
Donde sus ojos se abrieron al asombro
Fue sólo una invención de tu nostalgia

chema dijo...

Creo que tu hija ha elegido bien. De todas formas esos lugares de su infancia estarán siempre ahí, en su memoria, a su antojo. Y no todos los días se tiene la oportunidad de visitar las ruinas de Pompeya y toda esa zona de la bahía de Nápoles, tan hermosa.
Yo hace más o menos la misma edad de tu hija que no pongo un pie en Cuba, y tampoco tengo intención de hacerlo, hasta que no quede ni un sólo vestigio de los Castro. Me temo que terminaré mis días en el exilio.
En el Golfo de México sólo hay tiburones y corrientes que han devorado a muchos compatriotas.
Que haga su viaje a Italia.
Que disfrute su juventud en libertad.
Saludos.

Anónimo dijo...

Bueno, sin dudas cada hombre se parece a su dolor.
A mi, me tranquiliza saber que nada esté como lo dejé, porque me confirma que alejarme fue una buena decisión.
Pero mi hijo (14 años)por ejemplo, regresó, y es vergonzosamente feliz en Cuba.
Claro, el ya vio la Capilla Sixtina,El Alambra, El Louvre,los Alpes, La Sagrada Familia,Zurich, Paris,Holanda,Túnez,Miami,La Gran Via, Marsella,Teotihuacan,La Mona Lisa...
Pero nada lo ha satisfecho mas, como volver al Vedado.
Debe ser que allá esta todo lo que somos:mi numerosa, recompuesta y poderosamente feliz familia.Yo no se si el sabe que eso queda en Cuba.
Y les juro que esto no es una invención.

Dolan Mor dijo...

Estimado Camilo Venegas:
No sabía que estabas en el exilio, en Santo Domingo. Me he enterado porque, por casualidad, he pasado por tu blog. Es curioso, de los poetas nacidos en los 60 (más o menos) casi todos estamos fuera de Cuba. A cada rato hablo con Damaris Claderón (que está en Chile), con Sánchez Mejías (un poco anterior) quien reside en Barcelona, o con Odette Alonso (quien vive en México), etc. Nada, que la diáspora crece para bien de la literatura cubana...
Un largo abrazo

chema dijo...

Para el anónimo: tengo también un sobrino de 15 años, habanero,pero que vive-como un rico- en Barcelona desde los 12.
Quiere volver a Cuba, pese a que su madre no quiere regresar, y su padre vive en el Cono Sur. Yo creo que son rebeldías propias de la edad más que un acto de patriotismo. Tu hijo, de todas formas, todavía tiene mucho tiempo para arrepentirse...o no.
Saludos.