10 abr. 2008

VEF 206

Mi padre me lo compró en la tienda del pueblo de Mataguá. Luego, en Santa Clara, hizo que le grabaran mi nombre con letra Palmer. En él oí por primera vez “Hotel California”, “Please Don’t Go”, “Honesty” y las voces al unísono de los Bonnie M. Mi VEF 206 no era un artefacto, sino una puerta por la que uno podía escaparse si cerraba los ojos.
A la izquierda tenía un pequeño botoncito que, si se oprimía, llenaba de luz a la pizarra. Radio Ciudad del Mar y CMHW se oían en el mismo punto del dial, sólo había que girar la antena en dirección a Cienfuegos o Santa Clara para sintonizarlas. Si los días estaban despejados, se oían emisoras de Moscú, de Praga, de Londres y de las dos mitades de Berlín.
A primera hora de la mañana, después de ordeñar y antes de que estuviera el café, mi abuelo oía la Voz de los Estados Unidos de América. Con el volumen en el mínimo y con el oído pegado a la bocina, Aurelio se ponía al día mientras Atlántida vigilaba a la leche que estaba a punto de hervir.
Una tarde, en medio de una tempestad, mi radio dejó de oírse. Allá adentro se quedaron mis mejores recuerdos de una época en cuya banda sonora no pueden faltar The Eagles, KC & The Sunshine Band y Billy Joel. Entonces ya Cuba era un país encerrado en sí mismo, pero si uno cerraba los ojos y encendía un VEF 206, se abría una puerta por la que se podía huir por un rato.

2 comentarios:

Odette Alonso dijo...

Y hasta "we are the world, we are the children..."

chema dijo...

Madre mía, cuántos recuerdos me traen esta radio VEF, gracias a la cual escuchaba incluso emisoras de la Yuma.
¿Qué habrá sido de mi VEF?
Igual la habré cambiado por un bisté. Ni me acuerdo.