31 dic. 2008

REVOLUCIÓN CUBANA. 50 años en 50 palabras

Primero de enero, 1959, 6:00 a.m. Me despierta mi hermano, 4 añitos. “¡Blanqui, levántate que se cayó Batista!” Aún medio dormida, “¡Muchacho, cállate, que te van a oír!” Se fue la vida, se fue la quimérica nación que apenas recuerdo. Medio siglo después, aún los cubanos soñamos con la vida.
Blanca Acosta (La Habana, 1950)

Al tratar de poner en cincuenta palabras todo este tiempo a caballo entre política burda y política cultural, viene a la mente el título de aquella rara película de Soderbergh que vimos en uno de los ciclos de cine alternativo de la Casa del Joven Creador: Sexo, mentiras y videos.
Odette Alonso (Santiago de Cuba, 1964)

Un despelote iniciado con la revuelta de 1933 y llegado al clímax, climaterio, en enero de 1959 con su cohorte de delincuentes barbados. Una vuelta en el tiempo en que el hombre nuevo castrista entronca, de ahí su aceptación internacional, con el hombre sin atributos que prevalece hoy en Occidente.
Armando de Armas (Cienfuegos, 1958)

Un proverbio islámico, atribuido a Alí el León, yerno de Mahoma, refiere una tríada irreversible: la flecha disparada por el arco, la palabra pronunciada con precipitación, y la oportunidad perdida. La tríada resume el arraigo místico de un Dios cincuentenario, hecho “con esa sustancia con la que amasamos una estrella”.
Luis Beiro Álvarez (Santiago de las Vegas, 1950)

A muchos nos han hecho creer que existe una Revolución Cubana, próxima a cumplir 50 años de edad, cuando el proceso de 1959 fue sustituido hace décadas por una sociedad posrevolucionaria y totalitaria. Lo que conmemoran es el cincuenta aniversario del ascenso de Fidel Castro al poder absoluto y permanente.
Juan Antonio Blanco (La Habana, 1947)

No juzguemos lo que fue y ya no es ni será. Cuestionar es fácil. Equilibrio. No nos quedemos en lo contemplativo. ¿Qué hicimos? ¿Qué estamos haciendo? Sobran las palabras. Faltan los hechos. Obremos. El tiempo nos comerá 50 años más escribiendo lo mismo. Démosle a nuestros hijos la otra Revolución.
Roberto Cavada (Ciego de Ávila, 1971)

Las pesadillas no llegan nunca de un mundo ajeno, sino de nuestro mundo interior. El arco que disparó la flecha que nos hirió fue tensado en nuestra propia conciencia. Idolatría y odio fueron materiales con los que construimos el altar y el trono donde elevamos al hacedor de nuestras miserias.
Ariel Hidalgo (Antilla, 1945)

Ha sido como un sueño. El sueño de esperar lo que ya nunca volvería a ser. La familia no volvió a ser la misma, las conversaciones mudaron de temas y los hijos se fueron, o se fueron los padres, los tíos, los abuelos. La niñez quedó abruptamente interrumpida por decreto.
Juana de los Milagros Díaz (La Habana, 1951)

Las palabras no son años. En cincuenta años caben la ilusión y el desengaño, la renovación y el estancamiento, la solidaridad y la traición. En cincuenta palabras sólo la voluntad de no renunciar al pedazo de sueño que cada uno pudo construir. ¿La patria? La patria está donde yo esté.
José M. Fernández Pequeño (Bayamo, 1953)

Durante medio siglo creí, milité, dudé, disentí, disidí y me convertí en extranjero. En consecuencia, pienso que habrá que componer nuestro país roto, reunir en paz sus retazos dispersos y comenzar a militar, dudar, disentir, disidir y ser extranjero, pero esta vez con libre albedrío, propiedad privada y tolerancia infinita.
Antonio Gómez Sotolongo (Aguada de Pasajeros, 1954)

Parecen siglos metidos en un paréntesis entre la esperanza y la nada. ¿Cuánto más tendremos que esperar? Lo que realmente nos sobrevivirá será un pasaje histórico contado en dos párrafos. La ironía estará en la necesidad de explicarles a nuestros nietos el dolor del desarraigo, las miserias y los muertos.
Luis G. Ruisánchez (Pinar del Río, 1952)

Si tuviera que definir la dictadura de los Castro, y se me permitiera usar sólo una palabra por cada año de sufrimiento, como se exige en este ejercicio de autoconmiseración, siempre tendría el temor de haber olvidado la palabra que pudo definir la desgracia de alguien. MUERTE sirve a todos.
Heriberto Hernández (Camajuaní, 1964)

Desde el narcisismo, la crueldad y la ausencia de grandeza, nos dividió entre buenos y malos cubanos. Fomentó, en orillas enfrentadas, odios, rencores y confrontaciones. Cuando nos despertemos y él dinosaurio por fin no esté allí, habrá reencuentro, reconciliación y un país con todos y para el bien de todos.
Pedro Ramón López (Santa Clara, 1945)

Es cierto, ya son cincuenta años de historia, no inventada por los que como yo tenemos, o rondamos, los sesenta y tantos, pero vividos y sufridos. Y mucho. Ojala que el futuro sea de regreso a la democracia y que nuestros nietos no tengan que denostar de su pasado. ¿Cuál?
Rubén Martí (La Habana, 1946)

Desubicados en el tiempo, en el espacio y en el yo. Síntomas típicos de una conmoción cerebral. Crecimos atados los unos con los otros y nos vimos los unos contra los otros. Identificados como los hijos de una madre enferma que nos dejó nacer y luego no supo como alimentarnos.
Ana Zilma Miranda (La Habana, 1964)

La revolución cubana pone fin a una vieja superstición muy arraigada desde el inicio de la república: la perniciosa creencia en que un día vendría un mesías rodeado de arcángeles a salvarnos de todos los males. Sobrevino la catástrofe, y con ella, y con la experiencia terrible, la dolorosa madurez.
Carlos Alberto Montaner (La Habana, 1943)

Enero de 1959 marcó el fin real de mi infancia. No sólo se vino abajo la esencia vital del mundo en que vivía −en absoluto hijo de una familia acaudalada−, sino por vivir en Camagüey, la provincia cubana más temida y odiada del nuevo déspota, todavía velado en esos días.
Iván Pérez Carrión (Camagüey, 1948)

Cuando nací la mayoría estaba en el andén esperando el tren de los sueños. La interminable angustia les enseñó que jamás verían llegar el humo de la locomotora. Ahora la estación es una casa vacía donde habitan algunos locos que gritan al mundo ser perfectos. Sólo son fantasmas que espantan.
Ángel Santiesteban-Prats (La Habana, 1966)

La Revolución Cubana encarnaba en 1959 el sentimiento de justicia social anhelado por el pueblo, lo que haría posible que todos los caminos se abrieran para el bienestar y felicidad de los cubanos. Pero sin embargo, en estos cincuenta años ha cerrado todas las puertas... hasta la de la esperanza.
Raúl Varela (La Habana, 1945)

El problema de los sueños es que suceden cuando uno está dormido. El problema de la revolución cubana es que continuó cuando nos despertamos. Algún día habrá que buscarle otro nombre al período de tiempo que sobrevino a la gesta, ese donde la gente perdió hasta la más mínima esperanza.
Camilo Venegas (Paradero de Camarones, 1967)

30 dic. 2008

Dos caras de una misma moneda

Silvio Rodríguez y Pablo Milanés son, desde hace casi medio siglo, dos caras de una misma moneda. Por obra y gracia de su talento y de la circunstancia que les tocó vivir, se convirtieron en las expresiones más universales de la cultura revolucionaria en Cuba. Pero el tiempo, el implacable, el que pasó, los fue distanciando y hoy, aunque siguen siendo parte de la misma divisa, uno es la cara y el otro la cruz.
En los años sesenta, cuando se convirtieron en las voces que más alto se oían y que mejor representaban a una generación, Silvio Rodríguez compuso decenas de canciones que denunciaban, a veces con rabia y a veces con urgencia, a los “delimitadores de las primaveras”. Entonces el trovador procuraba ser, según sus propias palabras, “un gran mortificado”, para que no lo acusaran cuando él mortificaba.
Pero con los años la casa de Silvio fue invadida por las flores y al parecer eso lo tornó más dócil. De un tiempo a esta parte al trovador sólo le preocupan los atropellos y desmanes que suceden a mil kilómetros de su ropero y de su refrigerador. Según sus canciones más recientes, ahora le perturba más lo que pasa en la patria de Simbad el Marino que en la suya. Ayer, tanto Silvio Rodríguez como Pablo Milanés fueron noticia.
De Silvio se dijo que estaba descansando en Punta Cana (al final del viaje terminó carenando en la misma playa que Julio Iglesias) y que acababa de hacerse residente en República Dominicana (Julio ya es ciudadano). De Pablo se difundieron unas declaraciones hechas en Madrid, antes de iniciar una gira. Según los cables, Pablo dijo que no confía ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años, porque ninguno de ellos hace “nada para sacar adelante el país”.
“Sus ideas revolucionarias de antaño se han vuelto reaccionarias y esa reacción no deja continuar, no deja avanzar a la nueva generación”, aseguró el trovador, quien también reconoció que el país está paralizado y que los cubanos ya no pueden vivir de promesas, haciendo planes para un futuro que no acaba de llegar.
La última vez que Pablo criticó abiertamente al régimen, Silvio reaccionó con disgusto. No lo llamó por su nombre, pero estuvo claro que cuando Rodríguez criticó a los que hablan de los problemas de la revolución delante del “enemigo”, se refería a Milanés. A propósito del enemigo, Pablo admitió que el hecho de que “Estados Unidos haya tenido una ley de derechos civiles conquistada en los años sesenta y que, menos de 40 años después, ya tenga un negro presidente es tanto o más que lo que hemos logrado nosotros en Cuba, donde los negros aún no tienen ni poder real ni verdaderas oportunidades”, dijo.
Por último, al ser cuestionado sobre el bloqueo, Pablo aseguró que el mismo “tiene dos caras”, porque “está la otra cara, el autobloqueo”, utilizado por el régimen “como una emergencia para defenderse” de los “errores en determinados momentos”. Ahora Milanés llegó más lejos y fue mucho más contundente, por eso no dudo que Rodríguez le salga al paso otra vez. Hace cuarenta y tantos años cantaban a dos voces las ideas y las convicciones que una generación entera repetía a coro.
Hoy, en cambio, tomaron caminos muy diferentes. Uno abrió su voz al mundo para que “llegue al último confín de norte a sur y de este a oeste”. Al otro el machete se le enredó en la maleza de comodidades, en una playa donde las estrellas no tienen que salir, porque se simulan con luces de artificio. Mientras tanto, Cuba ya no va a ningún lado.

24 dic. 2008

Alegrías de sobremesa

El 24 de diciembre un grupo muy diverso de cubanos (tanto por las profesiones como por las ideas) cenamos en casa de Pedro Ramón López. Había sociólogos, comerciantes, periodistas, pedagogos, médicos, abogados y artistas, entre otros. Salvo el escritor Pablo Armando Fernández, todos estamos afuera desde hace varios años. Pero esa lejanía de al menos un lustro (en el mejor de los casos) no impidió que nos pasáramos la noche entera hablando de Cuba.
Ya en la sobremesa, cuando parecíamos alegres de verdad (siempre he desconfiado del júbilo que presume la gente por estas fechas), alguien hizo una pregunta: ­−¿Valió la pena la Revolución? Casi nadie pensó su respuesta y tres o cuatro hablamos a la misma vez. Muchos dijimos que no, otros dijeron que sí y sólo algunos reunieron el pudor o la prudencia suficiente como para no opinar.
Cuando ya cada quien había dicho lo que pensaba, Iván Pérez Carrión se acicaló la barba y levantó su dedo índice: −Cuba sólo necesitaba un gobierno decente −dijo y terminó un largo trago de añejo. Después de esa frase cambiamos de conversación. Alguien elogió el congrí, otros alabaron el cerdo, el pavo o el ceviche y casi todos nos abalanzamos sobre los flanes y las torrejas.

22 dic. 2008

Jugada de sacrificio

Hace apenas tres años Dayán Viciedo era el niño prodigio del béisbol cubano. Aunque era demasiado joven, sus extraordinarias cualidades como jugador lo mantuvieron en la preselección del equipo Cuba que asistió al Clásico Mundial hasta el corte final. Después de firmar un contrato por 10 millones de dólares con los White Sox de Chicago, incluyendo un bono por 4 millones, Viciedo se ha convertido en el arma secreta del equipo de la ciudad de los vientos.
Dayán tiene grandes posibilidades de convertirse en el primera base regular de los White Sox. Al menos esas son las expectativas que tiene su mánager, el venezolano Ozzie Guillén. Pero a pesar de que el Viciedo tiene razones de sobra para sentirse feliz, hay algo que lo entristece. “Me habría gustado jugar con Cuba en el Clásico Mundial. Es un tremendo orgullo poder jugar con tu país”, le dijo Viciedo a un reportero de ESPN. La semana pasada Carlos Lage, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, aseguró que “es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia”.
Con esas palabras, el miembro del Consejo de Estado anunciaba que las puertas de la isla estaban abiertas para una buena parte de los cubanos que residen en Estados Unidos (ya sabemos que ciertas restricciones aplican). Más allá de lo hipócrita que puedan resultar las declaraciones de Lage. Más allá de lo irracional y discriminatorias que resultan las políticas migratorias del gobierno cubano, permitir que los peloteros cubanos que juegan actualmente en los equipos de Grandes Ligas se integren a la selección nacional, enviaría una clara señal de que, efectivamente, las cosas pueden ser distintas durante el gobierno de Barack Obama.
Con la inclusión de Alexei Ramírez, Yuniesky (Riquimbili) Betancourt, José Ariel Contreras, Yunel Escobar, Liván Hernández, Brayan Peña, Yunel Escobar, Kendry Morales y el Duque Hernández (quien, a pesar de su veteranía, podría hacer un gran aporte con su enorme experiencia), la escuadra cubana luciría mucho más sólida frente a otras que tendrán en sus filas a grandes estrellas de la Gran Carpa.
Estoy de acuerdo con Lage en que las restricciones que los Estados Unidos mantiene sobre los viajes de sus ciudadanos a Cuba son absurdas y no tienen justificación alguna. Pero si eso para él eso es una “barbarie”, me gustaría saber cómo califica el Permiso de Salida que su gobierno le reclama a todos los cubanos que desean viajar y las prohibiciones a muchos de los que ya lo han hecho para que vuelvan a pisar su tierra natal. Empezar por los peloteros sería hasta simbólico. Al fin y al cabo el béisbol es uno de los más sólido signos de identidad de los cubanos y uno de los vínculos más importante que ha mantenido la isla, por más de un siglo, con Estados Unidos.
De seguro que a Obama, que es fanático de los White Sox, le gustaría ver a dos jugadores de su equipo participando en el Clásico con el uniforme de Cuba. Aunque para muchos eso sería un jonrón y para otros un doble play, la jugada podría interpretarse como un sacrificio para poner a los corredores en posición anotadora. Y eso es lo que al final se necesita, anotar carreras para que el partido no se mantenga detenido y acabemos de llegar, de una vez y por todas, al out 27.

21 dic. 2008

Fifty-fifty

La república duró casi cincuenta años, que es la misma edad que está a punto de cumplir la revolución. Esas son las dos mitades de la nación cubana en los últimos cien años. Supongo que fue el béisbol quien adiestró a los cubanos en las comparaciones estadísticas. Los complejos numeritos de ese deporte le han dado un carácter matemático a nuestra identidad.
Dos mitades exactas son un buen punto de partida para sacar una infinidad de cuentas y responder muchísimas preguntas. Desde que tengo uso de razón, Fidel Castro hace comparaciones. Le gustaba equiparar la cifra de maestros y estudiantes que había en Cuba en 1959 con las del momento del discurso. Los hospitales y los médicos era otra de sus cifras preferidas.
Ahora esas cuentas se pueden extender mucho más y abarcar todas las ramas de la economía y la sociedad. Pongamos una mitad frente a la otra y veamos en cuál de las dos Cuba creció y se desarrolló más. Existen varias metodologías para hacerlo, pero cualquiera de ellas tendrá que dejar en claro cuál de las dos épocas fue mejor para los cubanos y su nación. Los convido a creerme cuando digo pasado.

19 dic. 2008

Héroes por chivatos

Cuando los cinco espías de la dictadura cubana fueron apresados en Estados Unidos, Fidel prometió que volverían a su país más temprano que tarde. Los años han pasado y ningún ardid del Comandante en Jefe ha funcionado. A pesar de la sostenida campaña propagandística del régimen por todo el mundo, los acusados de espionaje continúan cumpliendo su condena. Raúl Castro acaba de proponer un intercambio.
“Vamos a hacer gesto y gesto: esos prisioneros de que tú hablas, si quieren soltarlos, que nos lo digan mañana, se los mandamos para allá con familia y todo”, declaró Raúl a un grupo de reporteros. “Que nos devuelvan a nuestros cinco héroes, es un gesto de ambas partes”, fue la propuesta del mandatario. Gracias a su proverbial manejo de los eufemismos, Fidel bautizó a sus espías como héroes.
En cambio a los disidentes, a ese puñado de individuos que se ha opuesto pacíficamente al totalitarismo y la ignominia, se les llama mercenarios, vendepatrias y un sin número de descalificaciones que el dictador cubano siempre lleva en la punta de la lengua para sus adversarios.
En algún momento esos nombres tendrán que revisarse y redistribuirse. Llegará el día en que las Damas de Blanco y todos esos hombres sencillos que se han enfrentado a la dictadura, sin otra arma que no sea los cojones que hay que tener para hacerlo allá dentro, merezcan la gratitud de todos los cubanos. Cuando eso suceda, estaríamos hablando de un canje de héroes por chivatos.

17 dic. 2008

El árbol oscuro

No me gusta la Navidad. No sé disfrutarla. Me aturde esa felicidad artificial que lo invade todo. Cuando vivíamos en La Habana y la Navidad era un antiguo cuento de familia, uno de los tantos recuerdos del “tiempo de antes”, tenía otro encanto. Pero ahora que le conozco en persona, me es antipática, me molesta.
Debajo del andén de Camarones, mi abuela guardaba los restos de un nacimiento y las bolas sin luz de un arbolito que nunca más se volvió a encenderse después de 1970. Ese año, con el pretexto de la Zafra de los Diez Millones, Fidel desterró a los Reyes Magos (como antes lo había hecho con los curas) y prohibió todo festejo entre la Nochebuena y el Día de Reyes.
Aunque después de la visita de Juan Pablo II a la Isla se despenalizaron esos días y se decretaron feriados otra vez, los cubanos de hoy no saben cuándo celebrarlos ni tienen como. Cinco libras de arroz al mes, algunas onzas de frijoles y un pedazo de carne de contrabando son lo justo para sobrevivir, no alcanzan para una fiesta.
El viernes llega a Santo Domingo el tío Aramís. Vive en Miami desde los años sesenta y no ha vuelto a Cuba nunca más. Mi madre lo espera ansiosa. Una a una, volveré a oír las mismas historias de siempre, como si sucedieran otra vez, fuera ya del espacio y el tiempo. Esos recuerdos serán mi arbolito de Navidad y mi única fiesta, sólo en ellos permanecerá encendido aquel árbol oscuro que mi abuela Atlántida tuvo que esconder debajo del andén.

3 dic. 2008

¡Mes Amis!


 Ignacio Agramonte le hablaba en francés a sus soldados,
una docena de negros desnudos que le seguían machete en mano
mientras cortaban cabezas y se hundían cañaveral adentro.
«¡Mes amis! –Les gritaba– ¡Mes amis... la liberté!»

En mi pueblo no hay posadas ni moteles de paso.
Una barbería, dos tiendas, un bar y una botica.
Es todo.
Nada más hay en la calle que lo divide
como un corte hecho de una sola vez,
pero con una navaja sin amolar.
En la barbería hay un espejo desde donde se ven las dos tiendas.
En las dos tiendas las puertas son amplias y se está al tanto de todo.
El bar queda frente a la botica
y en cualquiera de los dos se puede beber un buen trago de alcohol
(ablandado con hierbabuena y agua).

Durante años, estuvo mal visto que nuestras mujeres
hablaran con hombres de otros pueblos o con recién llegados.
Sabían darse su lugar y jamás tuvimos quejas de ellas.
Pero todo cambió y ahora
cuando las mujeres de mi pueblo se desnudan
hablan en francés.
Lo aprendieron de un que turista
que se llevó a dos en un jeep rojo.
«¡Mes amis! ¡Mes amis la liberté!»
Gritan, mientras mueven las cabezas y se hunden cañaveral adentro.

1 dic. 2008

Carteles son carteles

Cada vez que iba con mis padres a La Habana, llevaba en mi cabeza una lista de cosas que quería volver a ver: los elevados de la Estación Central, los barcos amontonados en el puerto, el muro del Malecón, los túneles, el Zoológico y todas las cosas de aquella gran ciudad que deslumbraban a cualquier guajirito.
Pero además de esas obras grandilocuentes y obvias, había pequeños detalles que también me fascinaban: el taller donde mi tío Cirpiano, el marinero, atesoraba las más inconcebibles herramientas; una ventana de mi tía Nellina que daba a un aserradero, la acera de mi abuela Eloisa, en la calle 50, y los carteles de los alrededores de la Universidad.
Cada vez que la guagua se precipitaba por esa especie de montaña rusa que es la calle San Lázaro, yo le pedía a mi padre que me cargara para ver aquellos letreros escritos a toda prisa y que por aquella época acababan de restaurar. Cada vez que eso sucedía, mi padre me tenía que repetir la historia de los jóvenes que pintaron aquellas palabras contra la dictadura de Fulgencio Batista.
En la madrugada del 27 de noviembre, en San Germán, Holguín, nueve jóvenes fueron arrestados en un operativo realizado por la Seguridad del Estado. Aún hoy continúan incomunicados y sin que sus familiares tengan noticia alguna de ellos. Según los esbirros que los retienen en la Unidad de Operaciones de Pedernales, en las afueras de de Holguín, se les acusa de “propaganda enemiga”. Una pequeña nota publicada en Encuentro en la Red, asegura que “durante más de un mes, el municipio de San Germán, en la provincia Holguín, fue testigo de una inusual ola de carteles antigubernamentales, sin que se hallara a los autores”.
Entre los apresados hay estudiantes universitarios, jóvenes con la misma edad de aquellos que pintaron sus gritos de protesta en las paredes de la calle San Lázaro. En San Germán ya deben haber borrado, palabra por palabra, todos los grafittis. Como ni siquiera para la Batalla de Ideas hay suficiente pintura, una de las salidas que se le suele dar a este tipo de situaciones es poner “viva” donde dice “abajo”.
Pero esa argucia se revierte. Es muy probable que cuando los guajiritos que ahora vuelven a La Habana se asombren con los carteles de la Universidad, también pongan otro nombre donde dice “Batista”.

21 nov. 2008

El dedo más temido

Ese dedo que está a punto de caer inapelable, fue el más temido por los intelectuales cubanos. La foto forma parte de una colección de más dos millones de imágenes que Google acaba de publicar y que pertenecen a los archivos de la célebre revista Life. Según se ha informado, el buscador se propone ampliar la fotogalería hasta lograr que los diez millones de imágenes que almacena Life estén a la disposición de todos los internautas.
Muchas de las fotografías incluidas son verdaderos iconos, imágenes imborrables que resumen los grandes acontecimientos del siglo pasado: el marinero que besa a una enfermera en Times Square, celebrando el fin de la Segunda Guerra Mundial; el primer paso de Neil Armstrong en la Luna y el asesinato de John F. Kennedy en Dallas, entre otros. Cerca del 95% de las instantáneas publicadas son inéditas.
Si uno escribe “Cuba”, aparecen decenas de imágenes del actor Cuba Gooding Jr. De manera que para llegar a las imágenes hechas dentro de la geografía cubana, hay que valerse de otros términos como “Havana” o “cuban”. Por ese camino se llega al dedo más temido, que luego aparece acompañado de un codo y la mitad de una cabeza y, finalmente, de la mitad de un cuerpo, en el centro de un juicio sumario donde los acusados serán pasados por las armas.
Una vez que el dueño del dedo inquisitivo completó la misión de fiscal en los tribunales revolucionarios, le encomendaron la misión de amedrentar a los intelectuales.
Muchos, muchísimos, aún no han superado aquel trauma y reaccionan alarmados con sólo oír su nombre. Hace unos días, Carlos Alberto Montaner le hizo una minuta a Barack Obama sobre la situación en Cuba y no pudo evitar mencionarle. Lo hizo a propósito de la intelectualidad de la isla y sus temores. Papito Serguera en los archivos de Live es primero que nada un dedo. Luego un dedo, un codo y la mitad de una cabeza y al final, de cuerpo entero, manda al paredón a alguien que ya no sabremos quién fue.

Joseph Scherschel es el autor de las fotografías donde Jorge (Papito) Serguera aparece jugando el rol de fiscal en los Tribunales Revolucionarios que se celebraron en La Habana en el mismo 1959. Las imágenes inéditas, pertenecientes a los archivos de la revista Live, acaban de ser publicadas por Google.

14 nov. 2008

El pasado, un día más allá

Conocí a Arístides Vega Chapú a finales de la década de los ochenta. La primera vez que nos abrazamos puso en mis manos un capítulo de una novela que estaba escribiendo (algo insólito para nuestra generación en aquel entonces). Nunca más supe de ella y de él apenas recibí noticias de año en año. Hace unas semanas, reaparecieron los dos.
Entonces yo aún vivía en la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones y recibía constantes visitas de Evelio Luis Capote (un raro y talentosísimo individuo que siempre quiso vivir en el siglo XIX, pero que fue forzado a nacer en la Cuba de la segunda mitad del siglo XX. Luego, también de manera inexplicable, murió en España sin haber podido escribir ninguno de los libros que tenía en la cabeza).
A insistencia de Evelio, hice mis maletas y me fui a Matanzas, una ciudad que, según él, tenía más poetas que casas en ruinas. Viajé en tren lechero desde Cienfuegos hasta Unión de Reyes. Allí una máquina del ANCHAR (aquellas que eran anaranjadas y aún conservaban anuncios de los 50 por dentro) me llevó, por una rara carretera que atravesaba rarísimos pueblos, hasta Matanzas. Alfredo Zaldívar me dio la bienvenida y, sin yo pedirlo, las llaves que abrían las puertas indispensables de la ciudad.
Zaldívar entonces era el director de la Casa del Escritor y de las Ediciones Vigía (aquellos libros hechos a mano que en algún momento el oportunismo le echó mano). Arístides, era el administrador de la librería El Pensamiento, donde se vendían libros de uso y se salvaguardaban autores prohibidos. Entre esas ocho paredes están encerrados todos mis recuerdos de esa ciudad, donde las ruinas que se erigían en ambas orillas del río San Juan se fueron extendiendo como una epidemia.
Todas las tardes, Zaldívar y yo cruzábamos un puente de hierro y bajábamos por la Calzada de Tirry hasta la minúscula casa donde vivían Arístides, la poeta Bertha Caluff y su hija Salma Lucía. Mientras Bertha cocinaba unas berenjenas (nunca supe dónde las conseguía), Arístides nos leía capítulos de una novela en la que Rita Montaner, María Teresa Vera y Bola de Nieve cantaban y vociferaban sobre una isla donde todos los recuerdos se confundían. En la XXV Feria Internacional del Libro de Miami, en ausencia de Arístides, que vive ahora en su Santa Clara natal, se presentó Un día más allá.
La nota del reverso de portada dice que el autor “propone una visión interactiva de la historia de un país, a través de personajes de oficios, credos y edades diferentes, que tienen en común el estar inmersos en la difícil y contradictoria realidad que ellos testifican a través de sus historias personales con impresionante y absoluta honestidad”. Hoy recibí las fotos del lanzamiento.
En lugar de Arístides, aparece en ellas su hermano Heriberto Hernández (otros de los poetas villareños que se habían refugiado en aquella Matanzas que, como casi todos los espacios que vivimos entonces, no existe más). Como en las páginas de su obra, Arístides me cuenta lo que no pudo vivir como si lo hubiera vivido. Ese recurso, propio de la ficción, ha sido uno de los más eficaces que los cubanos han encontrado para enfrentar su realidad.
“Divertidos y desgarradores son los personajes que cobran vida en Un día más allá, empeñados en llegar desde el pasado hasta la actualidad”, es la más importante advertencia que le hace el editor de la novela a sus lectores. Yo les haría otra más, que tengan en cuenta de que entrarán a un lugar que probablemente nunca ha existido y del que nunca podrán salir ni olvidar nada. Esa condena a tener que vivir de la nostalgia y verse obligado a pernoctar en ella aun en las noches de mayor desarraigo, es lo que obliga a Arístides Vega a seguir contando las cosas con las que no puede hacer otra cosa.
El tren lechero en el que llegué a Unión de Reyes ya no circula, los que manejan las máquinas del ANCHAR ahora se llaman boteros (como si la isla fuera de agua y la única posibilidad de moverse por ella es a través de la navegación). No sabría cómo volver a usar las llaves que me regaló Zaldívar. De toda aquella época que conviví con Evelio Luis Capote, Alfredo Zaldívar, Bertha Caluff, Heriberto Hernández, Laura Ruiz, Teresita Burgos y Gisela Baranda, sólo quedan los murmullos que debe seguir dejando el río San Juan al pasar por debajo de todos aquellos puentes.
Eso es lo que vuelvo a escuchar cada vez que Arístides me escribe y me da un abrazo.

12 nov. 2008

Un individuo que haga su trabajo

Barack Obama se definió a sí mismo como un candidato “post racial”. Sus discursos de campaña ni siquiera merodearon el tema del racismo y nunca se dejó encerrar en él. La unidad de la nación, las responsabilidades económicas y la política exterior de Estados Unidos eran, para él, las prioridades. Eso lo convierte en un líder del siglo XXI, donde todas las boberías ideológicas deben ser superadas.
A diferencia de los “revolucionarios” y “progresistas” latinoamericanos, que veían en Obama una reencarnación de Martin Luther King o Malcom X, el próximo presidente de Estados Unidos prefirió representar los intereses y los sueños de todos los ciudadanos, fueran del color que fueran, que querían que el futuro de su país cambiara. John McCain le tiene que pedir a su esposa que le revise el email porque aún no se entiende con el Outlook.
Obama, en cambio, dialogaba con sus votantes a través del Facebook. El candidato republicano, como los que insisten en revivir traumas ya superados, son el pasado. El candidato demócrata, junto a los que quieren reformar al mundo, son el porvenir. Cuando asuma la presidencia, Barack Obama se irá a vivir con su familia a una casa construida por esclavos.
Eso habla de lo que ha sido capaz de avanzar la sociedad norteamericana en los últimos 50 años (el mismo lapsus de tiempo que mi país, por ejemplo, ha tirado por la borda). Pero Obama no puede perder tiempo en idear analogías ni erigir metáforas. Su labor es hacer que la economía se recupere y que el Estado funcione. Eso es lo que querían los que votaron por él. Las mujeres, universitarios, afroamericanos, hispanos, sindicalistas y jóvenes que lo eligieron no buscaban un ícono para venerar sino un individuo que haga su trabajo.

5 nov. 2008

Marquen con una equis

A Angela Garcia, para que vea que hay sueños que se cumplen

En el fondo, Fidel no quería que Obama ganara. Lo dejó claro en su última reflexión, unas horas antes de las elecciones, al insinuar que podía perjudicar al candidato demócrata si lo apoyaba abiertamente. Más allá del rapto egocéntrico (aunque está cama y moribundo, aún se cree en el centro del debate político mundial), lo que el anciano líder perseguía con sus palabras era revolver el avispero recalcitrante de Miami, pretendiendo que se armara una situación parecida a la del 2000.
Pero no fue así. Estados Unidos votó en masa por el cambio y, mucho antes de que nadie lo calculara o siquiera lo imaginara, un negro se irá a vivir a la Casa Blanca (no como sirviente sino como Presidente). Esto podría suponer un cambio sustancial de la política de Estados Unidos hacia Cuba y el fin de las excusas baratas por parte de la dirigencia revolucionaria (me cuesta llamarles así, pero ni modo, es una cuestión de costumbre). Aunque la era Bush parecía no tener fin, todos sabían que su límite era ocho años. Esa es la ventaja de la democracia, una palabra que los cubanos no pueden pronunciar en voz alta desde hace medio siglo.
Está probado que el voto de los jóvenes fue decisivo en estas elecciones. Ninguno de ellos cargaba con el fardo de prejuicios que, según los antiguos analistas, impedirían el acceso de un negro a la Casa Blanca. Cómo los jóvenes en Cuba no tienen derecho a decidir su futuro en una urna, es inútil plantearse qué pasaría si pudieran hacerlo. Por eso propongo un ejercicio menos utópico y más divertido.
Según Fidel, el candidato republicano no podía ser presidente por cinco razones. Marquen con una equis las que también aplican para él: “McCain es viejo, belicoso, inculto, poco inteligente y sin salud”.

31 oct. 2008

El Salmón como remedio

Hoy es un viernes difícil, haré algo en contra de mi voluntad y eso me cuesta mucho trabajo. Aprieta y traga, me decía mi abuela Atlántida cuando me amenazaba con una cucharada de alguna medicina difícil de pasar. Como si tuviera el sabor de aquel aceite de hígado de bacalao con Yodotánico en la garganta, me puse a ver a Calamaro. Es el concierto en Obras, Bs As, 2005.
Lo he dicho más de una vez, cuando las canciones de Silvio empezaron a dejarme solo en este mundo, Andrés se hizo cargo de todo. Fue Martha Sepúlveda quien me lo presentó, también he dicho eso más de una vez. Me puso “Media verónica” y me regañó porque no lo conocía. “No sé cómo Camilo Venegas puede vivir sin oír a Andrés Calamaro”, me dijo y soltó una de sus carcajadas inexplicables, como todas las cosas de Martha. Tenía razón.
Desde entonces, al menos desde entonces, voy con Calamaro a todas partes y, como el Salmón, he aprendido poco a poco a nadar con la dignidad indispensable y en contra de todas las corrientes. Con un vaso atestado de Bacardí y con el Paradero de Camarones de fondo, repito con Andrés: “Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso”. El Salmón como remedio, hoy que es un viernes difícil y haré algo en contra de mi voluntad.

30 oct. 2008

Las culpas de los inocentes

Ya se sabe que es falso, que Milan Kundera no chivateó a nadie. Aunque si lo hubiese hecho, a los veinte años y en la Praga roja, era igual de inocente. Lenin fue el pionero en eso de desacreditar a los enemigos para hacerlos indignos y silentes, pero fue Stalin el que convirtió esa práctica en una macabra herramienta para aplastar a todo aquel que tratara siquiera de contradecirlo.
Cuando den las doce de la noche del próximo 31 de diciembre, la dictadura de Fidel Castro cumplirá 50 años. En todo ese tiempo, según él, todos los cubanos dignos han estado de su lado. Los que se le han enfrentado, de una manera o de otra, han merecido de parte suya un sinnúmero de descalificaciones.
Hoy Cuba es un país en ruinas donde, parafraseando una vieja canción de Silvio Rodríguez, nadie ríe y todos bostezan. Pero si alguien decide denunciar el estado de senilidad y descomposición en que se encuentra la nación cubana, se convierte de inmediato en un gusano o en un vende patria, en una escoria o en un mercenario. “Siempre tuve miedo de verme encerrado en una afirmación dogmática que pudiera impedirme cambiar de opinión”, dice Jean Daniel que dijo Milan Kundera.
Millones de cubanos han cambiado de opinión, muchos de ellos a lo mejor chivatearon a alguien alguna vez. Pero al igual que el joven checo que hizo lo que trataron de endilgarle a Kundera, son inocentes. Esas culpas ya son incobrables, como lo es la deuda que la revolución tiene con todos los que desperdiciaron sus vidas en ella.

21 oct. 2008

Pánico y placer

Hay escritores que releo constantemente. Algunos de ellos no pueden faltar en mi equipaje. Vaya donde vaya, necesito tener al alcance de la mano algún libro de Paul Auster, Antonio Tabucchi, José Emilio Pacheco, Mario Vargas Llosa, William Faulkner, Juan Rulfo o Guillermo Cabrera Infante.
En el caso de los vivos (Auster, Tabucchi, Pacheco y Vargas Llosa), nada me entusiasma más que la noticia de una nueva obra. Durante la espera, leo todo lo que pueda sobre el libro y el tema que aborda. Empiezo a armar el rompecabezas antes de tener las piezas delante.
La publicación de La ninfa inconstante, una novela póstuma de Guillermo Cabrera Infante, me ha devuelto a ese estado de pánico y placer que me produce la cercanía de una novedad. Cuando ya lo creíamos imposible, Cabrera Infante nos ha devuelto a su Habana, la única de todas que con toda certeza será indestructible.

8 oct. 2008

La soledad al cuadrado

Hacía mucho tiempo que una película no me dejaba sembrado en la butaca hasta el final de los créditos. Eso logró La soledad (1997) de Jaime Rosales, un joven realizador catalán que se licenció en ciencias empresariales y se pasó tres años de su vida en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.
Él mismo se declara deudor de Robert Bresson, Yasujiro Ozu y Jess Franco, de ahí su obsesión por mostrar pedazos de vidas cotidianas de forma ascética y a través de planos fijos. En La soledad, Rosales nos presenta a dos mujeres normales, casi corrientes, en su afán por sobrellevar sus circunstancias y evitar a toda costa los estragos que produce la soledad.
Cito en extenso unas notas que el propio Jaime Rosales ha escrito sobre su película: “Todo empieza con una emoción. Una emoción difusa sobre la vida, sobre el mundo que nos rodea, sobre cómo nos relacionamos los unos con los otros. (…) Estamos diseñados para sufrir y también para superar el sufrimiento. Somos seres duros y sensibles, pero al final, nuestra dureza supera nuestra sensibilidad”, dice el realizador.
En el mismo párrafo, sin el punto y seguido que yo he puesto, Jaime asegura que le “llama mucho la atención la forma extraña en que tenemos de tratarnos los unos a los otros. Hacemos bromas sobre cosas serias. Escondemos nuestras intenciones para lograr engañar al otro y lo que logramos de esta manera es confundirnos más de lo que lo estábamos. Podemos llegar a odiar a las personas que más nos quieren”, afirma.
Todavía sin respirar, en el mismo bloque de texto asevera que “le damos mucha importancia al dinero. El dinero está presente en casi todas nuestras acciones, en casi todas nuestras conversaciones. En general, creo que tenemos buenas intenciones los unos sobre los otros aunque no siempre somos capaces de mostrar lo que pensamos y sentimos realmente”.
Aunque la película cuenta la historia de Antonia y Adela, el relato avanza permitiendo que los otros personajes también se conviertan en protagonistas, exhibiendo las emociones que producen lo que hacen o lo que dejan de hacer. A veces parece que no estamos viendo una película, sino lo que logró filmar una cámara que alguien dejó encendida en medio de una familia o delante de una mujer sola.
Por La soledad, Jaime Rosales ha merecido varios premios y reconocimientos en los más importantes festivales de Europa. Es probable que dentro de dos o tres películas se convierta en un director de culto, pero por ahora es suficiente con que haya sido capaz de armar una joya a partir de los escasos materiales que ofrece la realidad triste y dolorosa. Sin concesiones ni optimismo, Jaime se limita a ponerlo delante de las verdades que encierra la soledad cuando se eleva al cuadrado.

7 oct. 2008

Los olvidados, los invisibles

Por esta época del año Freddy Ginebra se convierte en un ser inaccesible y eufórico. Cada vez que lo llamo al celular, está en un punto diferente de la geografía nacional. Jamás tiene tiempo para escucharme. A los pocos segundos de conversación me promete que me devolverá la llamada y se despide. En el resto del mundo es otoño, pero para Freddy es la época del Premio Brugal Cree en su Gente.
Según me contó una vez él mismo, el nombre del galardón surgió en una apartada comunidad dominicana, donde muchos se quejaban del olvido en que permanecían y el escaso reconocimiento que tenían las acciones que ellos desarrollaban por el bienestar de todos. “Lo que pasa es que aquí no se cree en la gente que trabaja, no creen. Piensan que cuando piden porque se la pasan fajaos sin ningún apoyo, es para cogerse el dinero. No creen en la gente”, dijo aquel ser anónimo y desmotivado.
Según Freddy, en ese momento él y Franklin Báez Brugal se cruzaron una mirada de complicidad. Habían encontrado el nombre para el Premio de la Fundación Brugal. Desde entonces, el Premio Brugal Cree en su Gente reconoce acciones voluntarias que logran influenciar la vida de muchos. La edición de este año estuvo dedicada al Padre Luis Quinn, un irlandés que en San José de Ocoa compartió su labor pastoral con la promoción del desarrollo social y económico de la comunidad.
“Muchos en muchas partes hacen obras caritativas y extienden una mano. Afortunadamente eso no es nada nuevo. Lo realmente trascendente del Premio Brugal Cree en su Gente es que reconoce a los que se creían olvidados, a los que parecían invisibles. Ahora, cada vez que sé de los resultados que ha tenido un proyecto que premiamos hace años, siento una gran felicidad por dentro y, por qué negarlo, siento mucho orgullo”, me dice Freddy y eso explica por qué en esta época del año se convierte en un ser inaccesible y eufórico.

6 oct. 2008

Lo muestra la muestra

Por su pluralidad y vigencia, la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo se consolida como el festival cinematográfico más importante de la región del Caribe. Pongo esas dos palabras como contrapeso de las cifras de espectadores que puedan reunir otros eventos, con más tradición y arraigo, cuya decadencia se hace ya demasiado evidente.
Del 2 al 11 de octubre los dominicanos tendrán acceso a cinematografías muy diversas y relevantes que no siempre circulan por las salas de cine y las tiendas. Filmes de Alemania (país al que está dedicada la Muestra), España, Francia, Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia, Dinamarca, México, Uruguay, Cuba, Ecuador, Colombia y Suecia invadirán el Bella Vista Mall.
Pero una de las mayores contribuciones que puede hacer el evento, además de actualizarnos a todos con el mejor cine del momento, es aleccionar a los realizadores dominicanos sobre los géneros y los temas que pueden abordar. Ya es hora de que los productores locales se vistan de largo y se dejen de contar historias facilistas y redundantes. Eso también lo muestra la muestra.

2 oct. 2008

El Archivo Connie

Antes mis peores pesadillas siempre acaban en un examen de Matemáticas del que no sabía nada. En realidad entendí muy pocas cosas de esa materia y sólo gracias a mi prima Dalgis sobreviví en el preuniversitario. De ahí que por mucho tiempo saltara de la cama cuando profesores imaginarios llegaban hasta mí y me ponía una hoja mimeografiada con preguntas que jamás, ni en sueños, lograré entender.
Mis pesadillas siguen siendo redundantes, pero ahora han cambiado y todas suceden en la línea roja del aeropuerto José Martí, donde me detienen a la hora de regresar a Santo Domingo. Por fortuna, siempre me despierto cuando entablo la discusión con el agente del Ministerio del Interior que no entiende ninguna de mis razones. Hace unos días, descubrí una manera de entrar y salir de Cuba sin ser visto.
El Archivo Connie (http://www.archivodeconnie.annaillustration.com/) me ha permitió ir a un concierto de la Orquesta Cubana de Música Moderna y oír “Pastilla de menta” en medio de un centenar de pepillas que bailaban eufóricas. Luego, al hacer otro click, entro en un cine (¿La Rampa? ¿El Riviera?) y distingo las oscuridades de P.M., el documental que provocó el cierre de Lunes de Revolución.
Connie es Anna Veltfort, una muchacha que nació en Alemania en 1945 y emigró de niña a los Estados Unidos. Desde febrero de 1962 hasta septiembre de 1972, vivió en La Habana. Según cuenta ella misma, su padrastro, un veterano de la Guerra Civil Española, “vio renacer su ave fénix con el triunfo de la Revolución Cubana y llevó a su familia a vivir y a estudiar en Cuba”.
Connie hizo el bachillerato en el Instituto del Vedado y se licenció en Historia del Arte en la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana. Donde estudió desde el otoño de 1964. Después de graduarse, en la primavera de 1972, regresó a Estados Unidos, donde vive actualmente. El Archivo de Connie es un blog donde ella ha ido salvando todo lo que conserva de sus años en Cuba: publicaciones, música, fotografías, documentos, affiches y curiosidades.
Catalogadas por años y temas, las más increíbles cosas pueden aparecen en esa caja que, una vez que se abre, se parece demasiado a la de Pandora, sólo que todo lo que se desata de ella le hace un bien exagerado a la melancolía. Uno de los documentos llevados a PDF, recoge una visita que Fidel realizó a la Universidad de la Habana en 1967.
En una de las fotos, el Comandante le explica a Connie “un método novedoso para sembrar piñas”. En la imagen Connie da espaldas. Es la única vez que lo hace. En el resto del blog le da el frente a su pasado y lo salva con minuciosa paciencia. Al final de su nota introductoria, Connie invita a los lectores a compartir sus fotos y documentos. Yo también lo hago. Contribuyamos a que ella tenga más memoria y hagamos entre todos que el olvido sea cada vez más llevadero.

Sábado del Libro

El Sábado del Libro, es una actividad que celebra el Instituto Cubano del Libro desde hace décadas. A la sombra de un portal, los escritores dialogan con sus lectores, con los curiosos y hasta con los transeúntes. El sábado pasado el invitado fue Ángel Santiesteban, quien presentó su libro Dichosos los que lloran, Premio Casa de las Américas 2006 de Cuento.
Todas los relatos que Santiesteban reúne en ese volumen, suceden dentro de las cárceles cubanas y todos sus personajes están encerrados entre cuatro paredes que no tienen salida al futuro.
Estas fueron las única palabras que dijo el escritor:
"Buenos días. Agradezco a quienes han acudido a esta presentación. Vale reconocer en especial a mis amigos y hermanos, pues el estar aquí se lo debo a ellos. Preciso es confesar que cuando titubee en venir, insistieron en que no podía abandonar mi libro. Tenía que acompañarlo en este momento y, como siempre he hecho con cada uno de estos hijos en papel, compartir su suerte o su desgracia.
Este libro, al igual que los anteriores, trata temas difíciles. Definitivamente parece que clasifico entre los escritores de temas difíciles. Sí es así, no lo soy por esnobismo, no intento llamar la atención sobre mí. La realidad ofrece, entre su total heterogéneo, una no desdeñable multiplicidad de asuntos muy complejos no tomados en cuenta siempre por los escritores. Junto a estos se hallan otros, tratados en ocasiones sólo desde alguna de sus aristas.
No busco los temas, ellos están ahí, angustiando a alguien, o a muchos, y terminan agobiando al escritor que creo ser. El proceso de escribir comienza con la inquietud ante una circunstancia o una idea que, recurrentes, me emplazan desde su necesidad de ser contadas. Por tanto si al final mis libros resultan amargos obedece a lo plural de la realidad en que vivo.
Seguiré escribiendo sobre los silencios, las miserias y los desamparos; sobre los dilemas de mi tiempo, aunque en oportunidades resulte marginado por ello. No voy a cejar en escribir. Es la manera a mi alcance de ser leal a mi tiempo y a mí mismo. A todos, mis más sinceras gracias".
Ángel Santiesteban

1 oct. 2008

Tarimas vacías

En sus Reflexiones de hoy, Fidel se propuso elogiar la película Kangamba y rememorar el hecho histórico en el que está basada. Pero como ya es habitual en esos textos suyos (¿suyos?), acabó hablando de otra batalla y de otros sucesos. De paso, le ordenó al ICAIC que empezaran a producir la saga del filme que se acaba de estrenar en La Habana.
En el último párrafo, no desperdició la oportunidad para atacar a su archienemigo: “Mientras tanto, el imperio se atasca en una crisis económica que no tiene igual en su decadente historia, y Bush se desgañita pronunciando disparatados discursos. Es de lo que más se habla en estos días”, concluye.
Sí, el comandante tiene razón, de la crisis mundial es de lo que más se habla en el mundo, menos en su país, donde el único tema de conversación es la crisis alimentaria y la desesperanza colectiva que provocaron los ciclones y la incapacidad del gobierno para enfrentarlos.
La única medida que se ha tomado hasta ahora fue adoptada por el diario Granma, quien decretó en un editorial duros castigos para los campesinos que vendan sus cosechas por un precio mayor al que tenían antes del paso de las tormentas. Como consecuencia de ello, todas las tarimas en todo el país están vacías.
Esa era la reacción que todos predijeron. Todos menos Fidel. Al máximo líder sólo le alcanza el tiempo para estar pendiente de la catástrofe ajena.

30 sept. 2008

El álbum de Rojas

En su reciente viaje a La Habana, Pedro Ramón López logró conseguir una edición “pirata” del Álbum de la revolución cubana. 1952-1959. Esa colección de postalitas, que se reunían al comprar caramelos Felices, era hasta ahora la más objetiva y completa historia que se podía tener de esa época.
Hechos y nombres que después han sido tergiversados o borrados por la historia oficial, aún aparecen allí. Los “talibanes” del DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria) han podido lograr casi todo lo que se han propuesto, menos regresar en el tiempo a confiscar la emprendedora idea de la revista Cinegráfico y la Compañía Industrial Empacadora de Dulces, S.A.
Por entregas, como si fueran capítulos de Los tres Villalobos o Tamakún, Rafael Rojas está publicando en El Nuevo Herald una historia que podría ser ilustrada con aquellas postalitas, porque en ella reaparecen otra vez aquellos rostros y aquellos sucesos que medio siglo de censura habían borrado.
El libro donde seguramente se reunirán todos esos textos, será indispensable en el momento de empezar a rearmar el pasado, el presente y el futuro de Cuba. Mientras tanto, hay que ir coleccionándolos y pegándolos sobre todas las hojas que han permanecido en blanco después de cuatro décadas de olvido forzado.

28 sept. 2008

Soldadito marinero

“¿De dónde tú vienes?”, me preguntó al oír mi acento. “Vine de Cuba, pero hace tiempo”, le respondí. “Yo llegué ayer”, me dijo como si nos conociéramos hace mucho. En el dorso de la mano derecha le nacía una serpiente de tinta. Dibujada hasta el más mínimo detalle, la cobra se enroscaba en su brazo y se perdía dentro de su t-shirt. En la mano izquierda tiene el nombre de una mujer y un corazón que sangra sobre otra serpiente que permanece enroscada sobre sí misma. “¿Este whisky es bueno?”, me preguntó mientras levantaba una extraña botella. Aunque lo he bebido y me gusta, no quise correr el riesgo de quedar mal. “Éste es el mío”, dijo poniendo la botella en el carrito. “Un placer, Cuba. Yo soy marinero, vine ayer de Irak y estoy por darme un jumo”, dijo y se alejó por un pasillo, mientras apretaba la cabeza de la serpiente contra las nalgas de una morena. Era uno como otro cualquiera. Lo único que lo diferenciaba del resto, era la necesidad de empezar a olvidar que tenía.

26 sept. 2008

Carta abierta a mis amigos dominicanos, con copia a José Antonio Rodríguez

José Antonio Rodríguez sugiere, en una carta enviada al semanario Clave, que se me declare persona non grata en República Dominicana. El motivo de su petición es una columna mía, “Fósiles, nostalgia”, aparecida en ese mismo semanario. Muchísimos amigos dominicanos me han llamado. Ninguno estaba sorprendido y, curiosamente, todos reían.
Sí, la carta da risa y no merece respuesta alguna. Pero quisiera corregir dos o tres imprecisiones y más de una manipulación que Rodríguez hace. No soy un hombre valiente. En mi último libro, incluso, hay un texto donde lo dejo por escrito. Aún así, no sé qué constancia tiene José Antonio Rodríguez de mi cobardía.
Me gustaría que ofreciera pruebas un poco más objetivas que su fundamentalismo rabioso y su obcecada pasión por la dictadura de Fidel Castro y el poder que detentan dentro de ella algunos amigos suyos. Nunca he puesto en venta ni mis principios ni mis ideales. Simplemente creo que ser fidelista a estas alturas equivale a haber sido batistiano en La Habana de los años cincuenta o trujillista en el Santo Domingo de los sesenta.
Entre las infinitas carencias que sufren los cubanos que viven dentro de Cuba, hay una que es la más vergonzosa de todas: la falta absoluta de libertad. Nadie me hará callar hasta que eso no cambie. José Antonio Rodríguez no sólo escribe mal, también lee mal. En mi texto en ningún momento llamo fósil a Víctor Víctor, a quien respeto muchísimo como creador y quiero como individuo (no puedo decir lo mismo de Rodríguez, en ninguna de las dos cosas).
Simplemente no comparto con Vitico sus nostalgias por una revolución que hace rato se transfiguró en un penoso estado totalitario. Me alegra parecerle una persona non grata al publicista y empresario, eso eleva mi autoestima, me hace creerme una mejor persona. A mí, en cambio, lo que no me es grato es escuchar las canciones de Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat a través de intermediarios. Conservo todas sus obras y las oigo casi a diario.
Valoro demasiado la originalidad como para perder mi vínculo con ella. De manera muy oportunista, Rodríguez me acusa de atacar a la bachata, lo cual tampoco hago. Por eso le pido que se tome el trabajo de buscar todos los textos que he publicado defendiendo a ese género que, apuesto lo que sea, él no consume (salvo que se trate de un espectáculo que le ofrezca grandes dividendos).
Si no los encuentra, puede pedírselos al propio Vitico, quien colaboró conmigo en todo un dossier que Pasiones le dedicó a esa esencia de la identidad dominicana. No recuerdo deberle ningún favor a Rodríguez. Ni yo, ni mi familia. No sé por qué se incluye en una lista de gente que sí me ayudó muchísimo y de las que sí estaré agradecido por siempre. Hasta donde sé, cada vez que hemos coincidido, él sólo ha sabido ejercer el rol de empresario capitalista con marcados intereses pecuniarios; muy divorciados, por cierto, del revolucionario que preconiza.
Nadie, y muchos menos José Antonio Rodríguez, me puede quitar lo que ya República Dominicana me ha dado. A este país le debo, incluso, mucho más de lo que el mío pudo darme. Todo lo que he logrado aquí ha sido de una manera honesta y trabajando duro. Mi nombre nunca ha estado ligado, por ejemplo, a un desfalco bancario o a una evasión de impuestos.
He cumplido todos mis compromisos como ciudadano y República Dominicana me ha retribuido justo lo que merecía por ello. Participar de una democracia también me ha permitido aprender a decir lo que pienso, a tiempo y sonriente, sin que por ello tenga que ir a la cárcel o huir. Sin embargo, reacciones como la de Rodríguez me recuerden que, aún dentro de un país libre, nunca se está del todo a salvo del totalitarismo y la mezquindad.
La única esperanza que tengo, José Antonio Rodríguez, es que cuando Cuba sea libre y salgan a la luz pública todos los horrores y espantos que viven los cubanos hoy, pidas disculpas por haber apoyado a la dictadura que le infligió tanto dolor y desesperanza. Dejo eso en tu mesita de noche, para ver si al menos en sueños llega a tu conciencia.


A continuación la carta enviada por José Antonio Rodríguez al semanario Clave. Se ha respetado la ortografía y la sintaxis original del documento:
 Respuesta a un artículo de Camilo Venegas
Quiero expresar mi profunda sensación de impotencia al leer el texto Fósiles, nostalgia, de Camilo Venegas, publicado en Clave, el jueves 11 de septiembre. En otras ocasiones he sentido deseos de ponerlo al descubierto y desnudar su cobardía. El “fósil” a quien hace alusión fue y ha sido un artista que dejó sus sueños de fama y fortuna para peinar la geografía nacional en momentos en que un gobierno hacía de las suyas para hacer valer su poderío injusto y despiadado. Ese “fósil” nunca salió de esta tierra tanto no se respetaron en el país las ideas que todavía le sirven de norte y con las que muchos de nosotros coincidimos. El “fósil” tiene uno de los repertorios más auténticos, basado en sus creaciones y apoyado en uno de nuestros ritmos insignia, la bachata, a la que, en cierta forma, denigra como si conociera su procedencia o como si tuviera el permiso de acusarla de avejentada. El “fósil” fue, al igual que yo, Freddy Ginebra y otros muchos, uno de los que le dieron la acogida en esta tierra, aun conociendo la venta que hizo de sus ideales y principios. Por si se siente cómodo, el señor Venegas puede ampliar su lista de “fósiles” con mi nombre, yo por mi parte colocaré su nombre en la lista de dominicanos que, sin esperar una orden gubernamental, le declaramos persona no grata en esta tierra solidaria y abierta. Por otro lado; Danny Rivera ha hecho por esta tierra tantas cosas positivas que lo consideramos uno de los nuestros por lo que, “sus cancioncitas”, como el señor. Venegas, tiene el peso de la voz de un hermano que se ha ganado el corazón de todos también defendiendo principios de justicia e igualdad. ¿Sabrá él de que hablo? Lo dudo. Quería expresar todas estas cosas por encontrar necesario que se lea otra verdad, la que enarbola todo un pueblo. José Antonio Rodríguez

22 sept. 2008

Idiotas e imperfectos

Aborrezco la utilización de la “e” entre dos “i” o de la “u” entre dos “o”. Pero en este título me es incontrolable. Hace una semana escribí un elogioso post sobre El regreso del idiota, la saga de aquel manual que Plinio Apuleyo, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa publicaron hace diez años.
Recibí al menos dos emails muy agresivos, uno de ellos de un “perfecto idiota”, el otro, de un imperfecto indefinible (y digo imperfecto según la acepción que esa palabra tiene entre cubanos). Uno de los grandes aciertos de Fidel Castro como estratega comunicacional es haber logrado la descalificación de sus adversarios.
Históricamente los ha hecho desmerecedores de todo, incluso del rol de enemigos. Uno de los que ataca mi post, admite que nunca leería a ninguno de los tres autores de El regreso del idiota. ¿Cómo puede entonces tener una opinión sobre sus obras?, le pregunto. Yo, que sí los he leído, podría decir, por ejemplo, que Plinio y Álvaro son excelentes periodistas.
Actualmente me gusta más García Márquez en El olor de la guayaba que en muchas de sus obras, las cuales para mí ya no soportan una relectura. El libro de las entrevistas radiales de Álvaro es joyita, una lección sobre cómo se puede ser entretenido y lúcido hasta en las más altas horas de la madrugada. Admito que hasta hace no tanto, nunca había leído ni me había tomado en serio a Carlos Alberto Montaner.
Él más que nadie ha sido víctima de las burlas y las descalificaciones que han recibido los adversarios de Fidel y la revolución. Cuando empecé a leerlo entendí por qué. Es uno de los enemigos más coherentes y lúcidos. Es difícil debatir con él a través de las ideas, por eso hay que llevarlo al campo de la chusmería y de los actos de repudio.
Para los perfectos e imperfectos (me prometo a mí mismo que es la última vez que uso una “e” en esas circunstancias) uno deja de ser inteligente y pierde lucidez cuando ataca a la revolución cubana y reconoce alguna virtud en sus adversarios. Cuando se cruza esa raya roja, se empieza a desmerecer. Corro el riesgo. Creo que es más llevadero cargar con su desprecio que con el de mi hija, cuando llegue el momento en que me pregunte qué hice o qué dije durante la dictadura que corroyó mi país, el suyo.

Wao!, Óscar

Yunot Díaz se quejó en una entrevista de la obsesión que algunos tienen por las precisiones históricas. Lo dijo a propósito de su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao y de las “correcciones” que se le hicieron a la edición que se ha distribuido en República Dominicana. Eso me hizo recordar la algarabía que provocó La fiesta del Chivo.
Muchos no entendían por qué Mario Vargas Llosa había sido impreciso en su reconstrucción de la Era de Trujillo. En realidad los imprecisos eran los que no entendían, al no asimilar la diferencia abismal que hay entre historia y creación literaria. Lo importante en ambas novelas no son los datos que se logren obtener sino las ideas que se pueden sacar.
Busquen en las notas al pie lo que piensa el protagonista de Junot sobre las dictaduras de Trujillo y Balaguer, lean y relean lo qué piensa de esos dos personajes tan funestos. Wao!, Óscar.

19 sept. 2008

Hay algo peor

Un dicho muy popular en Cuba dice que la envidia es peor que la brujería. Hay algo peor que la envidia, la ignorancia. En la prensa dominicana hay tres o cuatro dinosaurios (no más de ahí, afortunadamente se han ido extinguiendo) que hablan de la realidad cubana con un desconocimiento absoluto. Su visión del vecino país se reduce a lo que leen en el Granma y lo que les cuentan en la embajada, cuando los invitan a tamales y Havana Club.
Uno de ellos publicó recientemente un artículo donde celebraba la decisión del pueblo cubano de rechazar la ayuda ofrecida por el gobierno de Estados Unidos. “(Eso es dignidad)”, acabó diciendo en un entre paréntesis tan disparatado como los siete párrafos que componen su columna. Además de ignorante, suena cínico. Porque ni para él debe ser un secreto que esa decisión la tomó un solo cubano.
El cien por ciento de esos dinosaurios son antibalagueristas acérrimos (creo es el único punto en común que tenemos. Ah, no, a uno de ellos le gustan las canciones de José Alfredo Jiménez). Durante sus últimos años, Balaguer siguió decidiendo cosas sin levantarse de la cama. Balaguer era ciego. Actualmente, Fidel tampoco se levanta de la cama y su poder de decisión es absoluto. Encima de eso, es sordo y mudo.
En la única oportunidad que Raúl Castro le ha dado la cara a los cubanos después del paso de Gustav e Ike, hizo una queja. “Hace falta que las personas sientan la necesidad de trabajar, y no la sentimos”, dijo en el municipio de Las Palmas, el sitio exacto por donde salieron al mar los dos huracanes, el 30 de agosto y el 9 de septiembre.
Por lo regular Raúl siempre le habla a los cubanos como si se dirigiera a una tropa. Es comprensible, se ha pasado toda su vida acuartelado. Los tres o cuatro dominicanos que aún hoy le escriben antiguas loas a la revolución, hablan de los cubanos como si fueran la tropa de Fidel y no un pueblo sumergido en una forzosa y humillante pobreza.
Raúl lo hace por instinto de conservación. Los tres o cuatro dominicanos por ignorancia… y por cinismo.

18 sept. 2008

Las postales de Malay

Desde Cumanayagua y a través de Cuty, que nos ha servido de intermediario, Malay me ha enviado tres fotos de su pueblo: la estación de trenes, el Coppelia y el puente del Guajiro. De esos tres lugares tengo montones de recuerdos y ahora todos se rebobinan.
Como no sé si pueda regresar a ellos, me consuela el hecho de que en mí cabeza se conservan mucho mejor que en la realidad. En la estación de Cumanayagua empezaba mi viaje de regreso a Camarones, cuando bajaba de la Escuela Provisional 112, en El Nicho, o cuando venía de casa de mi padre, en Manicaragua.
Un viernes de enero, al volver de la escuela al campo, los varones nos tuvimos que bajar del camión para que pesara menos al deslizarse por una loma empantanada. Cuando llegamos a Cumanayagua todos estábamos llenos de lodo y para poder montarnos en el tren, tuvimos que cruzar la calle y pedirle a un mecánico de la base de taxis que nos lavara con la manguera a presión.
Esa fue la única vez que no me paré en la última puerta del último coche a esperar que pasaran los tres puentes de hierro que en el Guajiro cruzaban sobre el río Arimao. Me pasé todo el viaje doblado sobre el asiento, tiritando.
 

El Coppelia de Cumayagua parece un ESBEC inconcluso, algo que no se llegó a terminar por ninguno de sus extremos. Pero en aquel entonces cuando cualquiera de nosotros se tomaba un helado allí, lo contaba como si hubiera dado un viaje a La Habana. Siempre tuve 10 minutos para tomarme una ensalada sin que se me fuera el tren.
Las punzadas en la frente me duraban hasta Ojo de Agua o San Fernando. La estación ya no tiene línea y una cerca de alambre de púas impide el paso al andén. Pero en los años ochenta del siglo pasado era un lugar concurridísimo donde yo siempre descubría a mi padre, esperándome, antes de que el tren se detuviera en firme.
Cuando la locomotora del mixto daba los dos pitazos de salida y los coches Pionero se estremecían, todo los olores de aquel lugar eran reemplazados por los de Camarones.

La única vez que vi al poeta Luis Gómez le di un pie forzado: “En el puentes del Guajiro”. Esta décima fue su respuesta:
Ya le arrancaron la vía
a nuestro pueblo adorado
que era el transporte atrasado
que en otro tiempo tenía.
Sufre la melancolía
que muchos ojos no ven.
Y mi pueblo en su vaivén
que tanto quiero y admiro:
en el puente del Guajiro,
está esperando el tren.