28 ago. 2007

Pequeña petición diurna

Gracias a las canciones de Silvio Rodríguez me hice pretendiente de la palabra esperanza. “El sueño se hace a mano y sin permiso”, me repetía a mí mismo todos los días, cada vez que tropezaba y caía, tratando de ir por la vida con “ojo en camino y ojo en lo porvenir”.
Digo todo esto, porque hace unos días me alegró que el propio Silvio pudiera alimentar una de sus esperanzas. El autor de “Yo te quiero libre” viajó dos veces a República Dominicana con la única excusa de ver y escuchar en vivo a Sting y a Caetano Veloso.
Como el Silvio trovador convive con el Silvio diputado del parlamento cubano (no sé si con las mismas reglas que mister Hyde comparte el cuerpo del doctor Jekyll), se me ocurre hacerle una pequeña petición.
Me encantaría que él cuente en la Asamblea Nacional la experiencia que tuvo en ambas expediciones. A lo mejor cuando lo oigan de su boca en el “congreso de lo unido”, se conmueven y deciden concederle el mismo derecho al resto de sus compatriotas.
Eso sí sería un importante logro para que todos los que han cantado y se han aprendido de memoria su “Pequeña serenata diurna”, entiendan de verdad lo que significa uno de sus versos más reveladores: “vivo en país libre, cual solamente puede ser libre”.

25 ago. 2007

¿Cuántas vidas tienen?

No recuerdo que un moribundo causara tantas incógnitas ni incertidumbres. Nunca antes la opinión pública estuvo tan pendiente de la respiración de un individuo. Pero más temprano que tarde sólo ocurrirán dos cosas: En Cuba, unos pocos lo lamentarán y la inmensa mayoría tendrá que decir la frase en voz muy baja: “¡Al fin!”. En Miami, donde la vida es un carnaval, lo más seguro es que se desate uno.
Después de presidir la vida cubana por medio siglo, el legado de Fidel Castro está en ruinas. La esperanzadora revolución que inició en 1959, luego de encabezar una rebelión que derrotó al dictador Fulgencio Batista, fue envejeciendo a la par de su líder y ahora es una anciana igual de decrépita.
Las de los gatos son siete, pero Fidel y su Revolución, por más cuentas que saquen, apenas tienen una. Muchos apuestan a que es casi imposible que sobreviva a su creador, otros se reservan su pronóstico y muy pocos vociferan que también es inmortal. Pero el pueblo cubano es quien dirá la última palabra. El día en que por fin pueda abrir la suya, él le tapará la boca a todos los que han estado hablando en su nombre.

21 ago. 2007

Martí el relacionador

Ventana acaba de publicar la reseña que hiciera el Listín Diario de la primera visita de José Martí a Santo Domingo, el 22 de septiembre de 1892. Es curioso, pero ya en esa remota crónica social, acaecida tres años antes de la muerte del poeta cubano, se le trata de apóstol.
Cinco días antes, don Federico Henríquez y Carvajal recibió un telegrama en forma de nota de prensa: “José Martí saludará amigos queridos de un momento a otro, pues, estará en esta capital el notabilísimo orador y distinguido literato y poeta cubano, cuyas producciones son tan celebradas entre nosotros”, decía el aviso.
Es obvio que el estilo de ese comunicado no se corresponde con el del autor de “Versos sencillos”, pero no dudo que lo haya hecho él mismo, desdoblándose por un momento en un narrador omnisciente, en un heterónimo. Él fue un héroe, pero también fue un gran relacionador público y estaba claro que alrededor de la figura de un apóstol nada podía dejarse a la casualidad.

14 ago. 2007

La Chocolatera

Una de las debilidades de Puerto Plata como destino turístico es la casi nula interacción de los visitantes con la comunidad. Para el Caribe, los resort representan en la actualidad lo que los ingenios azucareros fueron en el pasado: un enclave que sólo deja beneficios a unos pocos y que apenas tiene un impacto positivo en su entorno.
La idea de convertir una vieja fábrica de chocolates en un centro cultural entraña una doble ventaja para la Novia del Atlántico. Por una parte se preserva un valioso patrimonio industrial y por la otra, se crea un espacio donde se puedan promover las identidades dominicanas y los encuentros multiculturales.
Si el proyecto de la Chocolatera llegara a consumarse como sus creadores lo idearon, pudiera convertirse en un atractivo turístico mucho más valioso de lo que suponen los que ahora quieren destruirlo. Es cierto que República Dominicana es inagotable, pero la especulación con sus riquezas naturales y culturales debería tener un límite.

10 ago. 2007

“Afuera” es un hijo no esperado

Por Limay González
Camilo Venegas emigró a República Dominicana en los días finales del siglo XX y desde entonces ha escrito tres libros, dos de poemas y uno de cuentos. En 2003 publicó Itinerario, donde reunió versos escritos durante diferentes viajes. Luego, en 2005, obtuvo el Premio Casa de Teatro con el cuento Irlanda está después del puente. Ahora, la editorial española Betania acaba de publicar su libro Afuera, cuyo título es una alusión directa a la manera en que los cubanos se refieren al exilio.


Entonces, ¿Afuera es la catarsis de un exiliado?Nunca me ha gustado decir que soy un exiliado, prefiero usar una palabra mucho más simbólica y honesta: emigrante. Aunque es cierto que no puedo volver a mi país, como miles y miles de cubanos a los que la dictadura se los impide, el libro habla de cosas mucho más simples y de experiencias mucho más individuales. Afuera es sólo un término geográfico, como lo es también “adentro”.


¿Eso quiere decir que no hablas en él de tu país?Más bien diría que hablo de mucho más cosas. Los cubanos nos hemos convertido en unos seres muy ególatras; en parte porque durante 50 años nos han metido en la cabeza que somos “el pueblo más culto”, “el pueblo más digno”, “el pueblo más heroico” y una infinidad de falsedades más. Vivir en República Dominicana me ha servido, entre muchas otras cosas, para entender que sólo somos una pieza en ese gran rompecabezas de la diversidad que es el Caribe.


¿Y el libro habla de eso, de lo que hallaste en República Dominicana?Yo conocí a República Dominicana antes de llegar a ella, por los diarios de José Martí y por los cuentos de Juan Bosch. Pero nunca nada es como te lo cuentan y descubrir este país, reconocerlo, aprendérmelo, ha sido una experiencia determinante en el individuo que soy ahora. Aquí he logrado zafarme de esa carga tan pesada que es la nostalgia y creo que ahí está la clave de Afuera.
Después del Premio de Cuento de Casa de Teatro, lo más lógico era que detrás viniera la publicación de tu primer libro de narrativa…
Entre 2003 y 2007, que son las fechas que delimitan a “Afuera”, escribí un libro de cuentos, “Caña quemada”, y comencé una novela breve, “Mudos de felicidad”. Por mucho tiempo no se me ocurrió ni un verso y siempre que hablaba de poesía lo hacía en pasado. Pero de pronto empecé a escribir poemas de una manera febril y se lo comenté a Felipe Lázaro en un email. Él de inmediato aprovechó la “productiva” coyuntura para invitarme a publicar en la Colección Betania y así nació “Afuera”, que es un hijo no esperado.
Hace poco escribiste que el poema ya no le hacía falta a la poesía y de inmediato publicas un poemario, ¿quién te entiende?Una cosa no tiene que ver con la otra. El poema ya perdió su rol, pero sigue siendo una estructura necesaria para unos cuantos anticuados y entre ellos estoy yo. Soy un individuo del siglo pasado y por más que trate de estar al día tengo mis rezagos, uno de ellos es insistir en escribir poesía.
Aunque aseguras que te has zafado de la nostalgia, sigues volviendo al Paradero de Camarones, tu pueblo, cada vez que puedes.
Un poeta dijo que la infancia es la verdadera patria y esa estación de ferrocarril donde viví junto a mis abuelos es mi lugar en el mundo. Aquel entorno fue determinante en mí y por eso, en lugar de cebarme en una melancolía inútil, trato de escribirlo cada vez que puedo. Como ya aquello es irrecuperable, regreso y lo revivo con palabras.
Después de vivir siete años en República Dominicana, ¿quién es Camilo Venegas?
Soy un individuo mucho más normal del que llegó. Antes compartía mis problemas con apenas once millones, en cambio ahora tengo los mismos que casi el resto de la humanidad. Aunque sigo viviendo en una isla, ya no estoy aislado. República Dominicana me enseñó a ser un hombre libre. Antes veía al Caribe como un muro de agua, ahora lo veo como una identidad de la que me fascina ser parte.
Y culturalmente hablando, ¿qué le debes a República Dominicana?
Demasiado, creo que no me alcanzarían las páginas de este diario para poner al detalle mi deuda con este país. Por eso a veces no me explico la actitud de algunos que denigran, subestiman o menosprecian la riqueza y la diversidad cultural de este pueblo. A los dominicanos lo único que les falta es algo que nos sobra a nosotros los cubanos: ego. Un país como este merece que su gente esté mucho más orgullosa de lo que tiene.
Durante años has ejercido el periodismo. ¿Quién alimenta a quién, el periodista al poeta o el poeta al periodista?
Ambos son omnívoros, comen de todo. Pero si tuviera que escoger a uno, me quedaría con el periodista. Los poetas y la poesía escrita en versos hablan en un idioma que ya la gente no necesita. En cambio el comunicador seguirá siendo imprescindible. Escribir un reportaje que todos lean con el primer café, encontrar una noticia que nadie más tiene, contar lo que los demás quieren saber, no tiene precio. Para todo lo demás, existe la literatura.