31 jul. 2007

El crimen de Jacagua

Ya han pasado casi dos semanas desde que la Sociedad Ecológica del Cibao (SOECI) denunció que se había cometido un crimen en la Cordillera Septentrional. Hasta ahora, nadie ha reaccionado en público ante la evidencia de que cientos de caobas fueron taladas en la comunidad El Buzo, en Jacagua, a la luz del día y delante de las narices de todos.
Nelson Bautista, presidente de SOECI, señaló el punto exacto donde se perpetraron los desmontes y se quejó, en declaraciones a Clave Digital, de que los acusados de cometer la acción fueron linerados de inmediato por la Procuradoría de Medio Ambiente.
Llama poderosamente la atención el silencio entorno a este hecho, sobre todo porque todavía está fresco en la memoria el revuelo que no pocos armaron cuando el Ayuntamiento del Distrito Nacional decidió sustituir el arbolado de algunas avenidas y parques con plantas endémicas o nativas.
¿Qué pasó con el espíritu de lucha de los que se ataron a los árboles de la Zona Colonial durante noches enteras de vigilia? ¿Dónde se metieron los comunicadores que le salieron al paso a los que plantaban palmas en la Linconl (no olvido una patética y ridícula nota luctuosa por Santo Domingo de Guzmán)?
Durante años, SOECI ha velado sin descanso por el patrimonio natural del Cibao y su trabajo constante se ha extendido mucho más allá del entorno de la región. Su lucha no es cosa de un día y está ajena a los intereses políticos o económicos. En esto último puede estar la clave de todo. El compromiso social no es un santo que merezca tantas velas, sobre todo si es a propósito de un crimen que se cometió donde nadie lo ve, allá, lejos de todo lo que merece una primera plana, en Jacagua.

1 comentario:

lagitti dijo...

Yo no creo que quienes protestaron por la tala de árboles en las Lincoln lo hayan hecho movidos por intereses económicos ni políticos. Al emnos no lo creo. Lo que sí creo es que tal vez la razón por la que nadie dijo nada (o muy poca gente al menos) ante la barbarie en Jacagua es la misma por la que quienes se amararron en la Churchillo no han vuelto a abrir la boca: porque nadie hace caso, porque la desidia vuelve y ocupa su lugar una vez que la rabia momentánea se va, porque no vale la pena coger el solazo, protestar, poner cintas verdes, hablar por aquí y por allá. porque no estamos organizados y los gritos se los lleva el viento. creo que es por eso.