26 jun. 2007

La copa rota

No hubo discusión. Todos tenían un mismo punto de vista y lo defendieron con tenacidad, casi a coro. Para ellos (que son enemigos acérrimos de la reelección), está muy bien que gobernantes como Fidel Castro y su pintoresco discípulo, Hugo Chávez, permanezcan indefinidamente en el poder.
Mientras una morena de Monte Plata mantenía sus copas con Protos Reserva, ellos (que abogan por una prensa libre y le salen al paso a todo lo que ponga en peligro ese derecho) justificaron las acciones del Presidente venezolano contra RCTV y recalcaron que estaba en todo su derecho.
Por un descuido de la sirvienta, una copa acabó en el suelo y todos a la vez la regañaron. “Ya no se consiguen empleadas buenas”, dijo una esposa. “Cada vez son peores”, dijo otra. Los choferes tuvieron que quedarse hasta el final, pero no les mandaron nada de comer, ni siquiera cuando se dieron cuenta de que habían sobrado demasiadas cosas.
Todavía dentro de los vehículos, a través de los celulares, aseguraban que la oligarquía venezolana estaba pagando los errores que había cometido. “No repartieron las riquezas y se jodieron”, aseguró el más radical de todos.

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