22 may. 2007

Tía Tata cuenta cuentos

Todos los que fuimos niños en la Cuba de los años setenta conocimos a Tía Tata. Quisqueya Henríquez y Sara Hermann no me dejarán mentir. Ellas deben recordar muy bien aquel personaje que aparecía en la televisión todos los jueves a contarnos cuentos inverosímiles y divertidísimos.
Pensé en Tía Tata cuando leí la última entrega de las Reflexiones del Comandante en Jefe, esos artículos que desde su cama de convaleciente, Fidel Castro le envía al pueblo cubano como una señal inequívoca de que todavía respira.
Resulta que en “El submarino inglés”, el último capítulo hasta ahora de la serie, el Comandante descubrió una amenaza más exterminadora aún que la producción de etanol de los brasileños. Se trata de un artefacto que “produce agua potable y oxígeno propios, por lo que puede circunnavegar el globo sin necesidad de salir a la superficie” y que mataría de la envidia al mismísimo Capitán Nemo.
Recientemente hasta la prensa oficial cubana tuvo que reconocer que la población de ese país decrece a un ritmo acelerado. Cada vez hay menos niños y más ancianos entre los 11 millones de cubanos que habitan la isla. La mayoría de los jóvenes en Cuba que no han podido emigrar, han decidido no tener hijos. Se trata de una generación que creció en medio de la crisis del Periodo Especial y, a diferencia de la nuestra, no se cree ni uno de los cuentos de Tía Tata.

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